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Hay muchas formas de recordar los cien años del natalicio de Fidel Castro, no solo de la persona, sino del personaje que tuvo —y tiene— una fuerte impronta en lo que somos hoy los cubanos.
Ni la algarabía de una tribuna con música y baile mientras el pueblo sufre apagones, hambre e incertidumbre; ni la rabia de quienes claman por una invasión a Cuba desde Estados Unidos para derrocar —ahora sí— al “castrismo”, representan la complejidad y diversidad de comprensiones acerca del significado de Fidel para la nación cubana en el año de su centenario.
Su figura y el contexto en que se desenvolvió no admiten operaciones tan simplistas como la de santificarlo envuelto en “mística revolucionaria” o satanizarlo, condenándolo al repudio o el olvido.
En un país que padece una notable polarización política —quizás la más aguda de su historia contemporánea—, donde cada bando desea el borramiento del otro (aunque se proclame lo contrario detrás de la martiana idea del “con todos”) y reclama la verdad como suya; donde el revisionismo histórico compite con la glorificación; donde se intenta reescribir décadas bajo la presión de intereses contradictorios, resulta pertinente recordar a Fidel Castro desde sí mismo, con la menor cantidad de mediaciones y filtros.
Con esto no se resuelven las contradicciones ni se absuelven los fracasos. Pero en una coyuntura de crisis económica, social y política sin precedentes —donde Cuba enfrenta a su mayor colapso material—, volver directamente sobre lo que dijo, prometió, pensó, resulta una primera evitación, básica, frente a la manipulación, la amnesia o la falsa conciencia.
Fidel por Fidel, para evitar la lente deformante del panegírico o del libelo. Esta es la forma que escogimos en OnCuba, trayendo hasta nuestros lectores fragmentos de algunos de sus discursos más importantes.
1. La historia me absolverá
16 de octubre de 1953 • Alegato de autodefensa, Tribunal de Urgencias, Santiago de Cuba
¿En qué país está viviendo el señor fiscal? ¿Quién le ha dicho que nosotros hemos promovido alzamiento contra los Poderes Constitucionales del Estado? Dos cosas resaltan a la vista. En primer lugar, la dictadura que oprime a la nación no es un poder constitucional, sino inconstitucional; se engendró contra la Constitución, por encima de la Constitución, violando la Constitución legítima de la República. Constitución legítima es aquella que emana directamente del pueblo soberano. Este punto lo demostraré plenamente más adelante, frente a todas las gazmoñerías que han inventado los cobardes y traidores para justificar lo injustificable. En segundo lugar, el artículo habla de Poderes, es decir, plural, no singular, porque está considerado el caso de una república regida por un Poder Legislativo, un Poder Ejecutivo y un Poder Judicial que se equilibran y contrapesan unos a otros. Nosotros hemos promovido rebelión contra un poder único, ilegítimo, que ha usurpado y reunido en uno solo los Poderes Legislativos y Ejecutivo de la nación, destruyendo todo el sistema que precisamente trataba de proteger el artículo del Código que estamos analizando. En cuanto a la independencia del Poder Judicial después del 10 de marzo, ni hablo siquiera, porque no estoy para bromas… Por mucho que se estire, se encoja o se remiende, ni una sola coma del artículo 148 es aplicable a los hechos del 26 de Julio. Dejémoslo tranquilo, esperando la oportunidad en que pueda aplicarse a los que sí promovieron alzamiento contra los Poderes Constitucionales del Estado.
(…) El 10 de marzo tiene lugar en el momento en que había descendido hasta el mínimo el prestigio del gobierno civil, circunstancia que aprovecharon Batista y su camarilla. ¿Por qué no lo hicieron después del 1º de junio? Sencillamente porque si esperan que la mayoría de la nación expresase sus sentimientos en las urnas, ninguna conspiración hubiera encontrado eco en la tropa. Puede hacerse, por tanto, una segunda afirmación: el Ejército jamás se ha sublevado contra un régimen de mayoría popular. Estas verdades son históricas, y si Batista se empeña en permanecer a toda costa en el poder contra la voluntad absolutamente mayoritaria de Cuba, su fin será más trágico que el de Gerardo Machado.
(…) ¿Por qué teníamos la seguridad de contar con el pueblo? Cuando hablamos de pueblo no entendemos por tal a los sectores acomodados y conservadores de la nación, a los que viene bien cualquier régimen de opresión, cualquier dictadura, cualquier despotismo, postrándose ante el amo de turno hasta romperse la frente contra el suelo. Entendemos por pueblo, cuando hablamos de lucha, la gran masa irredenta, a la que todos ofrecen y a la que todos engañan y traicionan, la que anhela una patria mejor y más digna y más justa; la que está movida por ansias ancestrales de justicia por haber padecido la injusticia y la burla generación tras generación, la que ansía grandes y sabias transformaciones en todos los órdenes y está dispuesta a dar para lograrlo, cuando crea en algo o en alguien, sobre todo cuando crea suficientemente en sí misma, hasta la última gota de sangre. La primera condición de la sinceridad y de la buena fe en un propósito es hacer precisamente lo que nadie hace, es decir, hablar con entera claridad y sin miedo. Los demagogos y los políticos de profesión quieren obrar el milagro de estar bien en todo y con todos, engañando necesariamente a todos en todo. Los revolucionarios han de proclamar sus ideas valientemente, definir sus principios y expresar sus intenciones para que nadie se engañe, ni amigos ni enemigos.
(…) El porvenir de la nación y la solución de sus problemas no pueden seguir dependiendo del interés egoísta de una docena de financieros, de los fríos cálculos sobre ganancias que tracen en sus despachos de aire acondicionado diez o doce magnates. El país no puede seguir de rodillas implorando los milagros de unos cuantos becerros de oro que, como aquél del Antiguo Testamento que derribó la ira del profeta, no hacen milagros de ninguna clase. Los problemas de la República sólo tienen solución si nos dedicamos a luchar por ella con la misma energía, honradez y patriotismo que invirtieron nuestros libertadores en crearla. Y no es con estadistas al estilo de Carlos Saladrigas, cuyo estadismo consiste en dejarlo todo tal cual está y pasarse la vida farfullando sandeces sobre la “libertad absoluta de empresa”, “garantías al capital de inversión” y la “ley de la oferta y la demanda”, como habrán de resolverse tales problemas. En un palacete de la Quinta Avenida, estos ministros pueden charlar alegremente hasta que no quede ya ni el polvo de los huesos de los que hoy reclaman soluciones urgentes. Y en el mundo actual ningún problema social se resuelve por generación espontánea.
Un gobierno revolucionario con el respaldo del pueblo y el respeto de la nación, después de limpiar las instituciones de funcionarios venales y corrompidos, procedería inmediatamente a industrializar el país, movilizando todo el capital inactivo que pasa actualmente de mil quinientos millones a través del Banco Nacional y el Banco de Fomento Agrícola e Industrial y sometiendo la magna tarea al estudio, dirección, planificación y realización por técnicos y hombres de absoluta competencia, ajenos por completo a los manejos de la política.
Un gobierno revolucionario, después de asentar sobre sus parcelas con carácter de dueños a los cien mil agricultores pequeños que hoy pagan rentas, procedería a concluir definitivamente el problema de la tierra, primero: estableciendo como ordena la Constitución un máximo de extensión para cada tipo de empresa agrícola y adquiriendo el exceso por vía de expropiación, reivindicando las tierras usurpadas al Estado, desecando marismas y terrenos pantanosos, plantando enormes viveros y reservando zonas para la repoblación forestal; segundo: repartiendo el resto disponible entre familias campesinas con preferencia a las más numerosas, fomentando cooperativas de agricultores para la utilización común de equipos de mucho costo, frigoríficos y una misma dirección profesional técnica en el cultivo y la crianza y facilitando, por último, recursos, equipos, protección y conocimientos útiles al campesinado.
Un gobierno revolucionario resolvería el problema de la vivienda rebajando resueltamente el cincuenta por ciento de los alquileres, eximiendo de toda contribución a las casas habitadas por sus propios dueños, triplicando los impuestos sobre las casas alquiladas, demoliendo las infernales cuarterías para levantar en su lugar edificios modernos de muchas plantas y financiando la construcción de viviendas en toda la Isla en escala nunca vista, bajo el criterio de que si lo ideal en el campo es que cada familia posea su propia parcela, lo ideal en la ciudad es que cada familia viva en su propia casa o apartamento. Hay piedra suficiente y brazos de sobra para hacerle a cada familia cubana una vivienda decorosa. Pero si seguimos esperando por los milagros del becerro de oro, pasarán mil años y el problema estará igual. Por otra parte, las posibilidades de llevar corriente eléctrica hasta el último rincón de la Isla son hoy mayores que nunca, por cuanto es ya una realidad la aplicación de la energía nuclear a esa rama de la industria, lo cual abaratará enormemente su costo de producción.
Con estas tres iniciativas y reformas el problema del desempleo desaparecería automáticamente y la profilaxis y al lucha contra las enfermedades sería tarea mucho más fácil.
Finalmente, un gobierno revolucionario procedería a la reforma integral de nuestra enseñanza, poniéndola a tono con las iniciativas anteriores, para preparar debidamente a las generaciones que están llamadas a vivir en una patria más feliz. No se olviden las palabras del Apóstol: “Se está cometiendo en […] América Latina un error gravísimo: en pueblos que viven casi por completo de los productos del campo, se educa exclusivamente para la vida urbana y no se les prepara para la vida campesina.” “El pueblo más feliz es el que tenga mejor educados a sus hijos, en la instrucción del pensamiento y en la dirección de los sentimientos.” “Un pueblo instruido será siempre fuerte y libre.”
2. La tiranía ha sido derrocada
8 de enero de 1959 • A su llegada a La Habana, Ciudad Libertad
Ahora la República, o la Revolución, entra en una nueva fase. ¿Sería justo que la ambición o los personalismos viniesen aquí a poner en peligro el destino de la Revolución? (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”) ¿Qué es lo que le interesa al pueblo, porque el pueblo es quien tiene que decir aquí la última palabra? (EXCLAMACIONES DE: “¡Libertad!”, “¡Libertad!”) Le interesa, en primer lugar, las libertades, los derechos que le arrebataron, y la paz. Y los tiene, porque en estos instantes tiene todas las libertades, todos los derechos, que le arrebató la tiranía, y tiene la paz (APLAUSOS).
¿Qué le interesa al pueblo? Un gobierno honrado. ¿No es un gobierno honrado lo que le interesa al pueblo? (EXCLAMACIONES DE: “¡Sí!”) Ahí lo tiene: a un magistrado honorable de Presidente de la República (APLAUSOS). ¿Qué le interesa, que hombres jóvenes y limpios sean los ministros del Gobierno Revolucionario? (EXCLAMACIONES DE: “¡Sí!”) Ahí los tienen: analicen uno por uno los ministros del Gobierno Revolucionario, y díganme si hay ahí un ladrón, o un criminal, o un sinvergüenza (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”).
Son muchos los hombres que pueden ser ministros en Cuba por su honradez y su capacidad, pero todos no pueden ser ministros, porque los ministros pueden ser 14, 15 o 16. Y aquí no le importa al pueblo que “Don Fulano” o “Don Mengano” sea, sino que el que sea, sea un hombre joven y un hombre honrado (APLAUSOS). Y aquí lo que importa es que los que han sido designados reúnan esas cualidades, no que no esté Fulano o no esté Mengano, porque los menganos y los fulanos importan un bledo en este momento a la Revolución y a la República (APLAUSOS).
¿Puede alguien, por no ser ministro, intentar ensangrentar este país? (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”) ¿Puede algún grupo, por el hecho de que no le hayan dado tres o cuatro ministerios, ensangrentar este país, y perturbar la paz? (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”) Si el equipo gobernante que en este momento tiene el pueblo de Cuba no sirve, tiempo tendrá el pueblo de botarlo, pero no de votarlo en las urnas, sino de botarlo en unas elecciones (APLAUSOS). Este no es el caso de que si no fuera idóneo el equipo gobernante, fuera nadie aquí a hacer una revolución o un golpe de Estado para quitarlo, cuando todo el mundo sabe que va a haber unas elecciones y si no sirve, el pueblo se encargará de decir la última palabra libremente; no hacer lo que hizo Batista, que a 80 días de unas elecciones, porque decía que estaba combatiendo a tal gobierno, y hacía una serie de imputaciones contra ese gobierno, decir que él lo tenía que quitar y que eso era lo patriota, porque aquí se acabaron para siempre los golpes de Estado y los atentados contra la Constitución y el Derecho (APLAUSOS).
Es necesario hablar así, para que no surja la demagogia y el confusionismo y el divisionismo y que el primero que asome las orejas de la ambición, el pueblo lo conozca (APLAUSOS). Y por mi parte les digo que como al que quiero mandar es al pueblo, porque es la mejor tropa y que prefiero al pueblo que a todas las columnas armadas juntas, les digo que lo primero que haré siempre, cuando vea en peligro la Revolución, es llamar al pueblo (APLAUSOS). Porque hablándole al pueblo nos podemos ahorrar sangre; porque aquí, antes de tirar un tiro, hay que llamar mil veces al pueblo y hablarle al pueblo para que el pueblo, sin tiros, resuelva los problemas. Yo, que tengo fe en el pueblo, y lo he demostrado, y sé lo que puede el pueblo, y creo que lo he demostrado, les digo que si el pueblo quiere aquí no vuelve a sonar nunca más un tiro en este país (APLAUSOS). Porque la opinión pública tiene una fuerza extraordinaria y tiene una influencia extraordinaria, sobre todo cuando no hay dictadura. En la época de dictadura la opinión pública no es nada, pero en la época de la libertad la opinión pública lo es todo, y los fusiles se tienen que doblegar y arrodillar ante la opinión pública (APLAUSOS). ¿Voy bien, Camilo? (EXCLAMACIONES DE: “¡Viva Camilo!”)
Le hablo al pueblo en esta forma porque siempre me ha gustado prever, y creo que hablándole previsoramente al pueblo la Revolución puede evitar los únicos peligros que le quedan por delante; y yo les diré que no son tan grandes, pero sí quisiera que para que la Revolución se consolidara, no hubiera que derramar una sola gota más de sangre cubana (APLAUSOS).
Mi gran preocupación es que en el extranjero, donde esta Revolución es la admiración del mundo entero, no tenga que decirse dentro de tres semanas, o cuatro semanas, o un mes, o una semana, que aquí se volvió a derramar sangre cubana para consolidar esta Revolución, porque entonces no sería ejemplo esta Revolución (APLAUSOS).
(…) Desde ahora, ya se acabaron los agasajos y las ovaciones; desde ahora, para nosotros: a trabajar; mañana será un día igual que otro cualquiera, y todos los demás igual, y nos acostumbraremos a la libertad. Ahora estamos contentos porque hacía mucho tiempo que no éramos libres, pero dentro de una semana nos preocuparán otras cosas: si tenemos dinero para pagar el alquiler, si la luz eléctrica, si la comida, que esos son los problemas que de verdad tiene que resolver el Gobierno Revolucionario, el millón de problemas que tiene el pueblo de Cuba, y que para eso tiene un consejo de ministros de hombres jóvenes que yo sé que están poseídos de un entusiasmo, que tengo la seguridad de que van a cambiar a la República, tengo la seguridad (APLAUSOS PROLONGADOS). Además porque hay un Presidente que está seguro en el poder, que no lo amenaza ningún peligro, porque los peligros de que yo hablaba, no eran los peligros de que el régimen sufriera algún peligro de ser derrocado, son a mil leguas de distancia de eso; yo hablaba del peligro de que se derramara una sola gota de sangre más. Pero el Presidente de la República está consolidado, reconocido ya por todas las naciones —no todas, pero rápidamente lo están reconociendo todas las naciones del mundo—, y cuenta con el respaldo del pueblo y con el respaldo de nosotros, con el respaldo de las fuerzas revolucionarias; y respaldo verdadero, y respaldo sin condiciones, respaldo sin pedir ni reclamar nada, porque aquí hemos luchado por los fueros del poder civil, y lo vamos a demostrar, que para nosotros los principios están por encima de toda otra consideración y que no luchamos por ambiciones.
Creo que hemos demostrado suficientemente haber luchado sin ambiciones. Creo que ningún cubano albergue sobre ello la menor duda.
Así que ahora todos tenemos que trabajar mucho. Yo, por mi parte, estoy dispuesto a hacer todo lo más que se pueda en beneficio del país, como sé que están todos mis compañeros, como sé que está el Presidente de la República y como sé que están todos los ministros, que no van a descansar. Y yo les aseguro que si hoy sale uno de Cuba y regresa dentro de dos años, no va a conocer esta República.
Veo un extraordinario espíritu de colaboración en todo el pueblo, veo a la prensa, a los periodistas, a todos los sectores del país, deseosos de ayudar, y eso es lo que hace falta. Y es que el pueblo de Cuba ha aprendido mucho, y en estos siete años ha aprendido por setenta. Se dijo que el golpe de Estado había sido un retraso de veinticinco años; si fue así —y aquello era de verdad un retraso de veinticinco años—, ahora hemos dado un avance de cincuenta. La República está desconocida: nada de politiquería, nada de vicio, nada de juego, nada de robo. Hemos empezado hace unos días, y ya está casi desconocida la República.
3. Primera intervención ante la Asamblea General de la ONU
26 de septiembre de 1960 • Nueva York, Estados Unidos. Discurso de 4 horas y 29 minutos
El Gobierno Revolucionario, en solo 20 meses, ha creado 10 000 nuevas escuelas, es decir, en tan breve período de tiempo se ha duplicado el número de escuelas rurales que se habían creado en 50 años. Y Cuba es hoy ya el primer país de América que tiene satisfechas todas sus necesidades escolares, que tiene un maestro hasta en el último rincón de las montañas.
El Gobierno Revolucionario ha construido, en ese breve período de tiempo, 25 000 viviendas en las zonas rurales y urbanas; 50 nuevos pueblos están surgiendo en este momento en nuestro país; las fortalezas militares más importantes albergan hoy decenas de miles de estudiantes, y, en el próximo año, nuestro pueblo se propone librar su gran batalla contra el analfabetismo, con la meta ambiciosa de enseñar a leer y escribir hasta el último analfabeto en el próximo año, y, con ese fin, organizaciones de maestros, de estudiantes, de trabajadores, es decir, todo el pueblo, están preparándose para una intensa campaña y Cuba será el primer país de América que a la vuelta de algunos meses pueda decir que no tiene un solo analfabeto.
Nuestro pueblo está recibiendo hoy la asistencia de cientos de médicos, que han sido enviados a los campos para luchar contra las enfermedades, contra el parasitismo, y para mejorar las condiciones higiénicas de la nación.
En otro aspecto, que es en el de la conservación de los recursos naturales, podemos también afirmar aquí que en un solo año, en el más ambicioso plan de preservación de recursos naturales que se esté efectuando en este continente, incluyendo Estados Unidos y Canadá, ha sembrado cerca de 50 millones de árboles maderables.
Los jóvenes que estaban sin trabajo, que estaban sin escuela, organizados por el Gobierno Revolucionario están hoy prestándole trabajos útiles al país, al mismo tiempo que están siendo preparados para el trabajo productivo.
La producción agrícola en nuestro país ha registrado un hecho casi único, que es el aumento de la producción desde el primer instante. Desde el principio se logró un aumento en la producción agrícola. ¿Por qué? Porque el Gobierno Revolucionario, en primer lugar, convirtió en propietarios de sus tierras a más de 100 000 pequeños agricultores, que pagaban rentas, al mismo tiempo, preservó la producción en gran escala, por medio de cooperativas agrícolas de producción, es decir, que la producción de gran empresa se mantuvo a través de cooperativas, gracias a lo cual se han podido aplicar los procedimientos técnicos más modernos a nuestra producción agrícola, y se ha registrado, desde el primer instante, un aumento en la producción.
Y toda esta obra de beneficio social, de maestros, de viviendas y de hospitales, la hemos llevado adelante sin sacrificar los recursos para el desarrollo, ya que el Gobierno Revolucionario, en este momento, está llevando adelante un programa de industrialización del país, cuyas primeras fábricas ya se están montando en Cuba.
Hemos empleado racionalmente los recursos de nuestro país. Antes, por ejemplo, en Cuba se importaban 35 millones de dólares en automóviles, 5 millones de dólares en tractores. Un país eminentemente agrícola, importaba siete veces más automóviles que tractores. Nosotros hemos invertido los términos, y estamos importando siete veces más tractores que automóviles.
Cerca de 500 millones de dólares fueron recuperados a los políticos que se habían enriquecido durante la tiranía. Cerca de 500 millones de dólares, en bienes y en efectivo, es el valor total de lo recuperado a los políticos corrompidos que durante siete años habían estado saqueando nuestro país. La inversión correcta de esos productos, de esas riquezas y de esos recursos, es lo que permite al Gobierno Revolucionario, que al mismo tiempo que desarrolla un plan de industrialización y de incrementación de nuestra agricultura, puede construir viviendas, construir escuelas, llevar los maestros hasta los últimos rincones de nuestro país y brindarles asistencia médica, es decir, llevar adelante un programa de desarrollo social.
Y precisamente ahora, como ustedes saben, en la reunión de Bogotá, nuevamente el gobierno de Estados Unidos propuso un plan. ¿Pero un plan para desarrollo económico? No. Propuso un plan de desarrollo social. ¿Qué se entiende por eso? Pues también un plan de hacer casas, un plan de hacer escuelas, un plan de hacer caminos. ¿Pero es que eso, acaso, resuelve el problema? ¿Cómo puede haber solución a los problemas sociales sin un plan de desarrollo económico? ¿Es que se les quiere tomar el pelo a los pueblos de América Latina? ¿De qué van a vivir las familias que van a habitar esas casas, si es que las casas se hacen? ¿Con qué zapatos, con qué ropa y con qué alimentos van a subsistir los niños que van a ir a esas escuelas? ¿Es que acaso no se sabe que cuando las familias no tienen ni ropas, ni zapatos para los niños, no los mandan a la escuela? ¿Con qué recursos se van a pagar los maestros? ¿Con qué recursos se van a pagar los médicos? ¿Con qué recursos se van a pagar las medicinas? ¿Quieren un buen remedio para ahorrar medicinas? Auméntese la nutrición del pueblo, que lo que mejora el pueblo en nutrición, se lo ahorrará en hospitales.
Luego, frente a la tremenda realidad del subdesarrollo, el gobierno de Estados Unidos se sale ahora con un plan de desarrollo social. Desde luego, ya es algo que se preocupe por los problemas de América Latina. Hasta ahora no se había preocupado nada. ¡Qué casualidad que ahora le estén preocupando esos problemas! Y cualquier parecido con el hecho de que esa preocupación haya surgido después de la Revolución Cubana, pues posiblemente dirán que sea pura coincidencia.
Hasta ahora, los monopolios no se habían preocupado de otra cosa que de explotar a los países subdesarrollados. Pero surge la Revolución Cubana, y surgen las preocupaciones de los monopolios, y mientras a nosotros se nos agrede económicamente, y se nos trata de aplastar, pues con la otra mano ofrecen la limosna a los pueblos de América Latina. No los recursos para el desarrollo económico, que es lo que quiere la América Latina, sino que le ofrecen recursos para el desarrollo social; para casas donde van a vivir hombres que no tienen trabajo, para escuelas donde no van a ir niños y para hospitales que no harían tanta falta si hubiera un poco más de nutrición en la América Latina.
4. Palabras a los intelectuales
30 de junio de 1961 • Biblioteca Nacional de Cuba. Conclusión de las reuniones con intelectuales cubanos
El pueblo es la meta principal. En el pueblo hay que pensar primero que en nosotros mismos. Y esa es la única actitud que puede definirse como una actitud verdaderamente revolucionaria.
Y para aquellos que no puedan tener o no tengan esa actitud, pero que son personas honradas, es para quienes constituye el problema al que hacíamos referencia. Y de la misma manera que para ellos la Revolución constituye un problema, ellos constituyen también para la Revolución un problema del cual la Revolución debe preocuparse.
Aquí se señaló con acierto el caso de muchos escritores y artistas que no eran revolucionarios, pero que sin embargo eran escritores y artistas honestos; que además querían ayudar a la Revolución; que además a la Revolución le interesaba su ayuda; que querían trabajar para la Revolución y que a su vez a la Revolución le interesaba que ellos aportaran sus conocimientos y su esfuerzo en beneficio de la misma. Es más fácil apreciar esto cuando se analizan los casos peculiares. Y entre esos casos peculiares hay un sinnúmero de casos que no son tan fáciles de analizar.
Pero aquí habló un escritor católico, planteó lo que a él le preocupaba y lo dijo con toda claridad. Él preguntó si él podía hacer una interpretación desde su punto de vista idealista de un problema determinado, o si él podía escribir una obra defendiendo esos puntos de vista suyos; él con toda franqueza señaló si dentro de un régimen revolucionario él podía expresarse dentro de esos sentimientos, de acuerdo con esos sentimientos. Planteó el problema de una forma que puede considerarse simbólica; a él lo que le preocupaba era saber si él podía escribir de acuerdo con esos sentimientos o de acuerdo con esa ideología, que no era precisamente la ideología de la Revolución; que él estaba de acuerdo con la Revolución en las cuestiones económicas o sociales, pero que tenía una posición filosófica distinta a la filosofía de la Revolución.
Y ese es un caso digno de tenerse muy en cuenta, porque es precisamente un caso representativo de esa zona de escritores y de artistas que tenían una disposición favorable con respecto a la Revolución y que deseaban saber qué grado de libertad tenían, dentro de las condiciones revolucionarias, para expresarse de acuerdo con esos sentimientos.
Ese es el sector que constituye para la Revolución el problema, de la misma manera que la Revolución constituye para ellos un problema. Y es deber de la Revolución preocuparse por esos casos, es deber de la Revolución preocuparse por la situación de esos artistas y de esos escritores. Porque la Revolución debe tener la aspiración de que marchen junto a ella no solo todos los revolucionarios, no solo todos los artistas e intelectuales revolucionarios. Es posible que los hombres y las mujeres que tengan una actitud realmente revolucionaria ante la realidad, no constituyan el sector mayoritario de la población: los revolucionarios son la vanguardia del pueblo. Pero los revolucionarios deben aspirar a que marche junto a ellos todo el pueblo. La Revolución no puede renunciar a que todos los hombres y mujeres honestos, sean o no escritores o artistas, marchen junto a ella; la Revolución debe aspirar a que todo el que tenga dudas se convierta en revolucionario; la Revolución debe tratar de ganar para sus ideas a la mayor parte del pueblo; la Revolución nunca debe renunciar a contar con la mayoría del pueblo, a contar no solo con los revolucionarios, sino con todos los ciudadanos honestos, que aunque no sean revolucionarios —es decir, que no tengan una actitud revolucionaria ante la vida—, estén con ella. La Revolución solo debe renunciar a aquellos que sean incorregiblemente reaccionarios, que sean incorregiblemente contrarrevolucionarios.
Y la Revolución tiene que tener una política para esa parte del pueblo, la Revolución tiene que tener una actitud para esa parte de los intelectuales y de los escritores. La Revolución tiene que comprender esa realidad, y por lo tanto debe actuar de manera que todo ese sector de los artistas y de los intelectuales que no sean genuinamente revolucionarios, encuentren que dentro de la Revolución tienen un campo para trabajar y para crear; y que su espíritu creador, aun cuando no sean escritores o artistas revolucionarios, tiene oportunidad y tiene libertad para expresarse. Es decir, dentro de la Revolución.
Esto significa que dentro de la Revolución, todo; contra la Revolución, nada. Contra la Revolución nada, porque la Revolución tiene también sus derechos; y el primer derecho de la Revolución es el derecho a existir. Y frente al derecho de la Revolución de ser y de existir, nadie —por cuanto la Revolución comprende los intereses del pueblo, por cuanto la Revolución significa los intereses de la nación entera—, nadie puede alegar con razón un derecho contra ella. Creo que esto es bien claro.
¿Cuáles son los derechos de los escritores y de los artistas, revolucionarios o no revolucionarios? Dentro de la Revolución, todo; contra la Revolución, ningún derecho (APLAUSOS).
Y esto no sería ninguna ley de excepción para los artistas y para los escritores. Esto es un principio general para todos los ciudadanos, es un principio fundamental de la Revolución. Los contrarrevolucionarios, es decir, los enemigos de la Revolución, no tienen ningún derecho contra la Revolución, porque la Revolución tiene un derecho: el derecho de existir, el derecho a desarrollarse y el derecho a vencer. ¿Quién pudiera poner en duda ese derecho de un pueblo que ha dicho “iPatria o Muerte!”, es decir, la Revolución o la muerte, la existencia de la Revolución o nada, de una Revolución que ha dicho “¡Venceremos!”? Es decir, que se ha planteado muy seriamente un propósito, y por respetables que sean los razonamientos personales de un enemigo de la Revolución, mucho más respetables son los derechos y las razones de una revolución tanto más, cuanto que una revolución es un proceso histórico, cuanto que una revolución no es ni puede ser obra del capricho o de la voluntad de ningún hombre, cuanto que una revolución solo puede ser obra de la necesidad y de la voluntad de un pueblo. Y frente a los derechos de todo un pueblo, los derechos de los enemigos de ese pueblo no cuentan.
Cuando hablábamos de los casos extremos, nosotros lo hacíamos sencillamente para expresar con más claridad nuestras ideas. Ya dije que entre esos casos extremos hay una gran variedad de actitudes mentales y hay también una gran variedad de preocupaciones. No significa necesariamente que albergar alguna preocupación signifique no ser revolucionario. Nosotros hemos tratado de definir las actitudes esenciales.
La Revolución no puede pretender asfixiar el arte o la cultura, cuando una de las metas y uno de los propósitos fundamentales de la Revolución es desarrollar el arte y la cultura, precisamente para que el arte y la cultura lleguen a ser un verdadero patrimonio del pueblo. Y al igual que nosotros hemos querido para el pueblo una vida mejor en el orden material, queremos para el pueblo una vida mejor también en el orden espiritual, queremos para el pueblo una vida mejor en el orden cultural. Y lo mismo que la Revolución se preocupa del desarrollo de las condiciones y de las fuerzas que permitan al pueblo la satisfacción de todas sus necesidades materiales, nosotros queremos desarrollar también las condiciones que permitan al pueblo la satisfacción de todas sus necesidades culturales.
¿Que el pueblo tiene un nivel bajo de cultura? ¿Que un porcentaje alto del pueblo no sabe leer ni escribir? También un porcentaje alto del pueblo pasa hambre, o al menos vive o vivía en condiciones duras, vivía en condiciones de miseria; una parte del pueblo carece de un gran número de bienes materiales que son para ellos indispensables, y nosotros tratamos de propiciar las condiciones para que todos esos bienes materiales lleguen al pueblo. De la misma manera, debemos propiciar las condiciones para que todos esos bienes culturales lleguen al pueblo.
No quiere decir eso que el artista tenga que sacrificar el valor de sus creaciones y que necesariamente tenga que sacrificar esa calidad. ¡No quiere decir eso! Quiere decir que tenemos que luchar en todos los sentidos para que el creador produzca para el pueblo y el pueblo a su vez eleve su nivel cultural que le permita acercarse también a los creadores.
No se puede señalar una regla de carácter general: todas las manifestaciones artísticas no son exactamente de la misma naturaleza; y a veces hemos planteado aquí las cosas como si todas las manifestaciones artísticas fuesen exactamente de la misma naturaleza. Hay expresiones del espíritu creador que por su propia naturaleza pueden ser mucho más asequibles al pueblo que otras manifestaciones del espíritu creador. Por eso no se puede señalar una regla general, ¿porque en qué expresión artística es que el artista tiene que ir al pueblo y en cuál el pueblo tiene que ir al artista? ¿Se puede hacer una afirmación de carácter general en ese sentido? ¡No! Sería una regla demasiado simple.
5. Intervención en la Asamblea General de la ONU como presidente del Movimiento No Alineado
12 de octubre de 1979 • Nueva York, Estados Unidos.
Distinguidos representantes.
Se habla con frecuencia de los derechos humanos, pero hay que hablar también de los derechos de la Humanidad.
¿Por qué unos pueblos han de andar descalzos, para que otros viajen en lujosos automóviles? ¿Por qué unos han de vivir 35 años, para que otros vivan 70? ¿Por qué unos han de ser míseramente pobres, para que otros sean exageradamente ricos? Hablo en nombre de los niños que en el mundo no tienen un pedazo de pan. Hablo en nombre de los enfermos que no tienen medicinas, hablo en nombre de aquellos a los que se les ha negado el derecho a la vida y a la dignidad humana.
Unos países poseen, en fin, abundantes recursos. Otros no poseen nada. ¿Cuál es el destino de éstos? ¿Morirse de hambre? ¿Ser eternamente pobres? ¿Para qué sirve entonces la civilización? ¿Para qué sirve la conciencia del hombre? ¿Para qué sirven las Naciones Unidas? ¿Para qué sirve el mundo?
No se puede hablar de paz en nombre de decenas de millones de seres humanos que mueren cada año de hambre o enfermedades curables en todo el mundo. No se puede hablar de paz en nombre de 900 millones de analfabetos. La explotación de los países pobres por los países ricos debe cesar.
Sé que en muchos países pobres hay también explotadores y explotados. Me dirijo a las naciones ricas para que contribuyan. Me dirijo a los países pobres para que distribuyan. ¡Basta ya de palabras! Hacen falta hechos. ¡Basta ya de abstracciones! Hacen falta acciones concretas. ¡Basta ya de hablar de un nuevo orden económico internacional especulativo que nadie entiende! Hay que hablar de un orden real y objetivo que todos comprendan.
No he venido aquí como profeta de la Revolución, no he venido a pedir o desear que el mundo se convulsione violentamente. Hemos venido a hablar de paz y colaboración entre los pueblos. Y hemos venido a advertir que si no resolvemos pacífica y sabiamente las injusticias y desigualdades actuales, el futuro será apocalíptico.
El ruido de las armas, del lenguaje amenazante, de la prepotencia en la escena internacional debe cesar. Basta ya de la ilusión de que los problemas del mundo se pueden resolver con armas nucleares. Las bombas podrán matar a los hambrientos, a los enfermos, a los ignorantes, pero no pueden matar el hambre, las enfermedades, la ignorancia. No pueden tampoco matar la justa rebeldía de los pueblos. Y, en el holocausto, morirán también los ricos, que son los que más tienen que perder en este mundo.
Digamos adiós a las armas y consagrémonos civilizadamente a los problemas más agobiantes de nuestra era; esa es la responsabilidad y el deber más sagrado de todos los estadistas del mundo. Esa es, además, la premisa indispensable de la supervivencia humana.
Muchas gracias.
6. Discurso en el acto conmemorativo por el 36 aniversario del Asalto al cuartel Moncada
26 de julio de 1989 • Plaza Mayor General “Ignacio Agramonte”, Camagüey.
Pero, ¿en qué condiciones internacionales se desenvuelve nuestro actual esfuerzo? Algo tengo que hablar sobre esto, es muy importante. Necesitamos saber dónde estamos parados, en qué mundo vivimos, qué problemas amenazan al esfuerzo creador de nuestro pueblo.
Vivimos en momentos de grandes problemas económicos en el mundo y, sobre todo, en el Tercer Mundo; de grandes deudas, de grandes crisis económicas.
Vivimos un momento especial dentro del movimiento revolucionario mundial. No vamos a andar con melindres, tenemos que llamar las cosas por su nombre.
Hay dificultades en el movimiento revolucionario mundial; hay dificultades en el movimiento socialista. Ni siquiera podemos decir con seguridad que los suministros del campo socialista, que con la puntualidad de un reloj han estado llegando a nuestro país durante casi 30 años, sigan llegando con esa seguridad y con esa puntualidad de reloj.
Si el país ha estado haciendo más que nunca con menos que nunca —y estos hechos lo demuestran—, con menos divisas que nunca, es posible que en el futuro tengamos que seguir trabajando y esforzándonos, ¡y haciendo milagros!, con problemas también en los suministros provenientes del área socialista.
Pero, quizás, el problema mayor es la euforia del imperialismo, la posición triunfalista del imperio y de la administración del imperio.
Nunca ninguna administración, ni siquiera la de Reagan, fue tan triunfalista, nunca pronunció discursos tan triunfalistas. A partir de las dificultades en el campo socialista, pero fundamentalmente en algunos países socialistas, la administración de Bush viene pronunciando en los últimos meses discursos tales, que parten de la premisa de que la comunidad socialista está en su ocaso, de que el socialismo está en su ocaso y de que el socialismo irá a parar al basurero de la historia, que fue el lugar que aquellos brillantes y geniales estrategas y creadores del movimiento socialista reservaron, precisamente, para el capitalismo.
A partir de las dificultades —que son evidentes y que todo el pueblo conoce— que han existido y existen en Polonia, de las dificultades del socialismo que han existido y existen en Hungría, Bush organizó una gira triunfal, un viaje triunfal por estos dos países en semanas recientes. Es cierto que hay dificultades allí, y él no fue por gusto a esos países, fue a alentar las tendencias capitalistas que allí se están desarrollando, y los problemas políticos que allí se han suscitado. Será obra de historiadores y de estudiosos, en algún momento, profundizar en las causas de esos problemas. Yo tengo mis ideas sobre eso, pero no es este el momento de exponerlas.
El hecho cierto es que tienen dificultades, y que en unas elecciones recientes en Polonia la oposición liberal, la oposición procapitalista o, al menos, la oposición antisocialista, que todavía no ha definido bien, bien, bien cuáles son sus intenciones, ganó, en las elecciones para senadores, casi el ciento por ciento de los cargos; y hoy en Polonia, incluso, el líder de esa oposición, el señor Walessa, conocido por informaciones periodísticas en nuestro país, le ha planteado al presidente Jaruzelski, que ganó la presidencia por un voto más del mínimo indispensable, que lo mejor sería que le entregara el gobierno a la oposición. Ha dicho, incluso, en días recientes, que no se opone a que algunos de la oposición estén en el gobierno, pero que no contarían con el apoyo de la oposición; que lo único que aceptaría la oposición es la entrega del gobierno.
En Hungría ocurre lo mismo. Hace un día se sacaron a elección cuatro cargos de diputados, y tres de ellos los ganó ampliamente la oposición.
¿Ante qué fenómenos estamos, acaso ante un tránsito pacífico del socialismo al capitalismo en esos países? Es posible; incluso, nosotros no lo cuestionamos, nosotros defendemos el derecho sagrado a la independencia de cada país y de cada partido. Es lo que pedimos para todos los pueblos del mundo, es lo que pedimos para todos los pueblos de América Latina y del Tercer Mundo: el derecho de cada país a construir, si quiere el socialismo, que tanto trata de impedir Estados Unidos por la fuerza de las armas; el derecho de nuestro pueblo a construir el socialismo. Claro que ese derecho no nos lo dio nadie; lo ganamos nosotros, lo conquistamos nosotros y lo defendemos nosotros (APLAUSOS).
Pienso que se han cometido muchos errores, que traen estos problemas. A veces, incluso, medito si no sería mejor que esas nuevas generaciones que nacieron en el socialismo en Polonia y en Hungría, se dieran una vueltecita por el capitalismo, para que conozcan el capitalismo: lo egoísta, lo brutal y lo deshumanizada que es la sociedad capitalista. Es un asunto muy delicado, pero son nuestras reflexiones más sinceras sobre estos problemas.
Durante su viaje triunfal, en Gdansk, una ciudad de Polonia, donde dicen que una multitud recibió al señor Bush, según cables de las agencias norteamericanas más renombradas, había muchos letreros —y no puedo certificar si eran muchos o pocos porque no estaba allí, ni lo vi por televisión, sino que lo leí en los cables—, dicen que muchos letreros decían: “¡El mejor comunista es el comunista muerto!” Vean qué entraña fascista, netamente fascista, de los letreros con que recibieron a Bush en aquella ciudad polaca.
Desde luego que hay dos tipos de comunistas: los que pueden dejarse matar fácilmente, ¡y los comunistas que no nos dejamos matar fácilmente! (APLAUSOS PROLONGADOS Y EXCLAMACIONES DE: “¡Fidel, seguro, a los yankis dales duro!”)
Con regocijo narraban esos cables de las agencias imperialistas, que otros letreros decían: “¡Lenin, Jaruzelski, asesinos!” No voy a defender a Jaruzelski, creo que él se puede defender a sí mismo. Pero qué significa que en una ciudad de un país cuya liberación del fascismo costó la sangre de medio millón de soldados soviéticos —y pongo a un lado los errores de política internacional que en otros tiempos pueda haber cometido la Unión Soviética con relación a Polonia, simplemente me remito al hecho real de que medio millón de soviéticos murieron luchando junto al pueblo polaco por la liberación de Polonia—, y que se llame a Lenin “asesino”, al fundador del primer estado socialista, que abrió la primera gran brecha de liberación a los pueblos del mundo; al fundador del primer estado socialista, cuya revolución hizo posible la desaparición del colonialismo, y que más de 100 estados hayan alcanzado su independencia, que más de 100 antiguas colonias hayan alcanzado su independencia. Qué repugnante llamar “asesino” a Lenin, cuyo pueblo alcanzó la victoria, liberó al mundo del fascismo con el sacrificio de 20 millones de muertos entre sus mejores hijos; es realmente amargo.
Pero, claro, eso multiplica la euforia del señor Bush, multiplica su triunfalismo, multiplica la hostilidad imperialista contra Cuba y la multiplica mucho; porque si el señor Bush parte de la premisa de que el socialismo está en su ocaso, que la comunidad socialista se va a desintegrar, qué pensará con relación a Cuba, esta Cuba firme, esta Cuba valiente, esta Cuba heroica, esta Cuba que ni se rinde ni se vende. Si se parte de esa premisa, por qué cambiar la política con relación a Cuba.
Lleva a cabo la política de paz contra las grandes potencias y de guerra contra los pequeños pueblos progresistas. Lleva a cabo la política a partir de esa premisa de que, si el socialismo se desintegra, Cuba no podría resistir, la Revolución Cubana desaparecería; y ese razonamiento multiplica el espíritu agresivo y la hostilidad del imperialismo yanki contra nuestro pueblo, contra nuestra Revolución, contra nuestra patria.
Estas son verdades. Por eso ahora vemos al imperio más insolente que nunca, más facineroso que nunca, más amenazante que nunca.
Imagínense ustedes qué ocurriría en el mundo si la comunidad socialista desapareciera. De acuerdo con esa hipótesis, si eso fuera posible —que no lo creo posible—, las potencias imperialistas se lanzarían como fieras sobre el Tercer Mundo; se repartirían de nuevo el mundo, como en los peores tiempos antes de que surgiera la primera revolución proletaria; se repartirían el petróleo, los recursos naturales y los recursos humanos de miles de millones de personas en el mundo; convertirían de nuevo en colonias las tres cuartas partes de la humanidad.
Pero ni aun así la lucha cesaría, ni aun así los pueblos jamás aceptarían; los pueblos seguirían luchando, tal vez más que nunca, ¡y en la primera fila de esa lucha estaría nuestro pueblo, estaría nuestra patria, estaría nuestra Revolución! (APLAUSOS PROLONGADOS)
Naturalmente que las mayores ilusiones se las hace el imperialismo y se las hace Bush a partir de las dificultades que está atravesando la Unión Soviética, baluarte fundamental de la comunidad socialista. Es cierto que la URSS está atravesando dificultades, no es un secreto para nadie, y el sueño de los imperialistas es que la URSS se desintegrara.
Hay dificultades y son crecientes las tensiones y los conflictos entre las nacionalidades de la URSS; son evidentes igualmente las tensiones internas dentro de la URSS, y hemos sido testigos de la huelga de cientos de miles de mineros del carbón en Siberia, en Donestsk y en otros lugares. Esas noticias llenan de felicidad a la reacción mundial, esas noticias llenan de felicidad al imperio.
Nosotros, en estos días, hemos recibido un mensaje muy caluroso y muy fraternal de la Unión Soviética, en nombre del Partido, del Gobierno y del Estado soviéticos. Nuestro sentimiento de amistad con el pueblo soviético y de reconocimiento al papel de ese gran país es enorme, ustedes lo saben; también nuestro infinito agradecimiento hacia ese país.
Nuestros más fervientes deseos es que los soviéticos logren superar sus dificultades, logren reconstruir su unidad y logren mantener y elevar el gran rol que ese país ha jugado en el mundo.
Los problemas de la Unión Soviética es algo que preocupa extraordinariamente a todos los países del Tercer Mundo, a las antiguas colonias, a aquellos pueblos que no quieren volver a ser colonizados, porque en la URSS estuvo su fundamental y más firme aliado.
Al ver esos problemas, los círculos imperialistas sueñan con un imperio de 1 000 años, como en su tiempo soñó Adolfo Hitler con relación a su III Reich. Pensaba que duraría 1 000 años y duró, realmente, muy poco. Es posible que en los círculos más reaccionarios del imperialismo se estén repitiendo esos sueños, que estoy seguro de que no durarán tampoco mucho tiempo.
Esto no es cuestión de armas nucleares, de cohetes de un lado y de otro, o de arreglos para el desarme nuclear; nos alegramos muchísimo si se eliminan tales armas, pero la independencia de nuestro pueblo dependió siempre y depende de nosotros, no depende de cohetes nucleares de la Unión Soviética ni de nadie.
Recuerdo la Crisis de Octubre y una frase que utilizamos en la Crisis de Octubre: “No tenemos cohetes estratégicos, pero tenemos cohetes morales.” Esas son las armas con que se defienden los pueblos. Creo en los pueblos, y creo más que nunca en los pueblos como creo en mi pueblo, y sé de lo que es capaz nuestro pueblo (APLAUSOS PROLONGADOS).
Aquí, razonando muy fríamente, como hay que razonar con el pueblo y en una fecha como hoy, en un minuto histórico como el que vive hoy el mundo, debemos pensar, debemos razonar. ¿Acaso vamos a detener nuestra marcha? ¿Acaso vamos a detener este colosal esfuerzo? ¡No! ¡Jamás! ¿Ante las realidades cerraremos los ojos? ¡No! ¡Jamás! ¿Ante las realidades meteremos la cabeza, como el avestruz, en un hueco? ¡No! ¡Jamás!
Tenemos que ser más realistas que nunca. Pero tenemos que hablar, tenemos que advertir al imperialismo que no se haga tantas ilusiones con relación a nuestra Revolución y con relación a la idea de que nuestra Revolución no pudiera resistir si hay una debacle en la comunidad socialista; porque si mañana o cualquier día nos despertáramos con la noticia de que se ha creado una gran contienda civil en la URSS, o, incluso, que nos despertáramos con la noticia de que la URSS se desintegró, cosa que esperamos que no ocurra jamás, ¡aun en esas circunstancias Cuba y la Revolución Cubana seguirían luchando y seguirían resistiendo! (APLAUSOS PROLONGADOS)
¡Cuba y la Revolución Cubana resistirían! Lo digo, y lo digo con calma, con serenidad y con toda la sangre fría del mundo. Es hora de hablarles claro a los imperialistas y es hora de hablarle claro a todo el mundo. Nosotros no bromeamos.
¿Qué nos puede asustar a nosotros, si hace 27 años casi conocimos de la experiencia de la Crisis de Octubre? Por ahí andan los historiadores recogiendo papeles y dando sus versiones. Todavía nosotros no hemos dado la nuestra. Sí, asistimos a una reunión allá por Moscú donde había norteamericanos, personajes de aquella época, soviéticos y algunos cubanos. Nosotros no hemos dado todavía nuestra versión ni hemos sacado nuestros papelitos, aunque también tenemos papelitos. Hay una cosa que es evidente: vivimos aquella experiencia, y no recuerdo haber visto a un solo cubano vacilar. Los cubanos se resistían a cualquier concesión al imperialismo, y los cubanos de aquella generación —gran parte de la cual sobrevive, a la cual se han unido nuevas generaciones muy bien formadas, con una gran conciencia política— estuvieron dispuestos a morir sin vacilación alguna. ¡Morir antes que retroceder! ¡Morir antes que ceder! (APLAUSOS PROLONGADOS)
¿Qué puede asustar a nuestro pueblo revolucionario? No hay nada en el mundo que pueda hacer vacilar, que pueda asustar a nuestro pueblo revolucionario.
7. Discurso en el acto por el aniversario 60 de su ingreso a la universidad
17 de noviembre de 2005 • Aula Magna de la Universidad de La Habana.
Nosotros somos un pequeño país aquí en el Caribe, a 90 millas del imperio y a unas pulgadas de su base ilegal, mil veces más débil que lo que era la URSS en la época de su pacto con Hitler, o cuando estaba dando órdenes a los líderes de los partidos comunistas. En la época de la República de Weimar, que surgió en Alemania después de la Primera Guerra Mundial, la increíble crisis económica desatada como consecuencia del Pacto de Versalles impuesto a aquel país por Inglaterra, Francia y Estados Unidos, por un lado fortalecía al movimiento revolucionario y por otro a las fuerzas nacionalistas más reaccionarias.
Hitler triunfa electoralmente frente a los partidos burgueses liberales y frente a las fuerzas comunistas combativas y revolucionarias; pero pudo más en esa situación el resentimiento terrible del pueblo alemán por las condiciones leoninas establecidas por los vencedores. Y así es como llega Hitler al poder. Este, en un libro que escribió, había declarado desenfadadamente su propósito de buscar espacio vital en el territorio de la URSS para la raza alemana, a costa de los rusos, a su juicio raza inferior. Todo eso estaba escrito, y el movimiento comunista se educó en ideas y conceptos muy claros contra el nazifascismo.
En nuestro país, después de tantos revolucionarios caídos, siendo los comunistas los más conscientes, los mejores militantes, la gente más honrada, el partido marxista-leninista fue conducido, sin embargo, a aquella alianza con Batista, que tanto reprimió a los estudiantes y al pueblo en general. Los jóvenes eran muy reacios a su poder; los obreros, que veían sus intereses defendidos continuamente por los dirigentes comunistas, eran firmes y leales al Partido; pero en la juventud y en amplios sectores populares había mucho rechazo justificado a Batista.
Pienso que la experiencia del primer Estado socialista, Estado que debió arreglarse y nunca destruirse, ha sido muy amarga. No crean que no hemos pensado muchas veces en ese fenómeno increíble mediante el cual una de las más poderosas potencias del mundo, que había logrado equiparar su fuerza con la otra superpotencia, un país que pagó con la vida de más de 20 millones de ciudadanos la lucha contra el fascismo, un país que aplastó al fascismo, se derrumbara como se derrumbó.
¿Es que las revoluciones están llamadas a derrumbarse, o es que los hombres pueden hacer que las revoluciones se derrumben? ¿Pueden o no impedir los hombres, puede o no impedir la sociedad que las revoluciones se derrumben? Podía añadirles una pregunta de inmediato.¿Creen ustedes que este proceso revolucionario, socialista, puede o no derrumbarse? (Exclamaciones de: “¡No!”) ¿Lo han pensado alguna vez? ¿Lo pensaron en profundidad?
¿Conocían todas estas desigualdades de las que estoy hablando? ¿Conocían ciertos hábitos generalizados? ¿Conocían que algunos ganaban en el mes cuarenta o cincuenta veces lo que gana uno de esos médicos que está allá en las montañas de Guatemala, miembro del contingente “Henry Reeve”? Puede estar en otros lugares distantes de África, o estar a miles de metros de altura, en las cordilleras del Himalaya salvando vidas, y gana el 5 %, el 10 %, de lo que gana un ladronzuelo de estos que vende gasolina a los nuevos ricos, que desvía recursos de los puertos en camiones y por toneladas, que roba en las tiendas en divisa, que roba en un hotel cinco estrellas, a lo mejor cambiando la botellita de ron por una que se buscó, la pone en lugar de la otra y recauda todas las divisas con las que vendió los tragos que pueden salir de una botella de un ron, más o menos bueno.
¿Cuántas formas de robo hay en este país? ¿Por qué en los estados de opinión leo todos los días que muchos preguntan cuándo van los muchachos para las tiendas en divisa, cuándo van para las farmacias, cuándo van para aquí y para allá? Se han llenado de admiración y simpatía esos jóvenes trabajadores sociales de origen muy humilde y muy bien preparados.
Miré aquellos rostros, como puedo mirar estos, y los rostros dicen más que cualquier artículo, dicen más que cualquier libro, dicen más que cualquier cliché. Ustedes conocen muy bien que desde que esta civilización existe, desde que la propiedad privada existe, surgió también la diferencia de clases y que el mundo ha conocido solo la sociedad de clases; lo demás es prehistórico.
¿Y cómo puedo saber que ustedes proceden de sectores humildes? Ninguno de ustedes llegó a la universidad porque fuera hijo de un propietario de importantes extensiones de tierra.
Aquí estamos nosotros; me han hecho el honor de situarme aquí. ¿Quién de ustedes tiene por padre a alguien que posea 1 000 hectáreas, o que domine sobre 10 000 hectáreas? No le voy a preguntar a cada uno de ustedes, a mí me basta verlos, si acaso es hijo de algún profesional, algunos de capas medias. Ustedes aplaudieron muy bien porque yo sé de dónde ustedes vienen, y ustedes saben que hoy no hay quien corte caña. ¿Y quiénes la cortaban?
También se puede explicar por qué no cortamos caña hoy: no hay quien la corte y las pesadas máquinas destruyen los cañaverales. Los abusos del mundo desarrollado y los subsidios condujeron a precios del azúcar que eran, en ese mercado mundial, el precio del basurero del azúcar, mientras que en Europa pagaban dos o tres veces más a sus agricultores.
Cuando la URSS nos pagaba nuestro azúcar a 27 o 28 centavos y la pagaba con petróleo, le costaba menos el azúcar pagada con petróleo que el azúcar de remolacha producida casi artesanalmente en los campos de la URSS, un país en el que la economía crecía extensivamente, no intensivamente y, por tanto, nunca alcanzaba la fuerza de trabajo, la remolacha azucarera ocupaba a mucha gente.
Pero vamos llegando —yo he llegado, y hace mucho tiempo— a plantearnos esta pregunta, frente a ese superpoderoso imperio que nos acecha, nos amenaza, tiene planes de transición y planes militares de acción, en determinado momento histórico.
Ellos están esperando un fenómeno natural y absolutamente lógico, que es el fallecimiento de alguien. En este caso me han hecho el considerable honor de pensar en mí. Será una confesión de lo que no han podido hacer durante mucho tiempo. Si yo fuera un vanidoso, podía estar orgulloso de que aquellos tipejos digan que tienen que esperar a que yo muera, y ese es el momento. Esperar que muera, y todos los días inventan algo, que si Castro tiene esto, que si tiene lo otro, si tal o más cual enfermedad. Lo último que inventaron es que tiene Parkinson.
Sí, yo me di una fortísima caída, y todavía estoy rehabilitándome de este brazo (Señala), y va mejorando. Agradezco muchísimo las circunstancias en que me rompí el brazo, porque me obligó a más disciplina todavía, a más trabajo, a dedicar más tiempo, a dedicar casi las 24 horas del día a mi trabajo, si las venía dedicando durante todo el tiempo del período especial, ahora dedico cada segundo y lucho más que nunca, además, me siento, por suerte, mejor que nunca, porque estoy más disciplinado y hago más ejercicios (Aplausos).
(…) Les hice una pregunta, compañeros estudiantes, que no he olvidado, ni mucho menos, y pretendo que ustedes no la olviden nunca, pero es la pregunta que dejo ahí ante las experiencias históricas que se han conocido, y les pido a todos, sin excepción, que reflexionen: ¿Puede ser o no irreversible un proceso revolucionario?, ¿cuáles serían las ideas o el grado de conciencia que harían imposible la reversión de un proceso revolucionario? Cuando los que fueron de los primeros, los veteranos, vayan desapareciendo y dando lugar a nuevas generaciones de líderes, ¿qué hacer y cómo hacerlo? Si nosotros, al fin y al cabo, hemos sido testigos de muchos errores, y ni cuenta nos dimos.
Es tremendo el poder que tiene un dirigente cuando goza de la confianza de las masas, cuando confían en su capacidad. Son terribles las consecuencias de un error de los que más autoridad tienen, y eso ha pasado más de una vez en los procesos revolucionarios.
Son cosas que uno medita. Estudia la historia, qué pasó aquí, qué pasó allí, qué pasó allá, medita lo que ocurrió hoy y lo que ocurrirá mañana, hacia dónde conducen los procesos de cada país, por dónde marchará el nuestro, cómo marchará, qué papel jugará Cuba en ese proceso.
El país ha tenido limitaciones de recursos, muchísimas; pero este país no ha hecho más que despilfarrar recursos, tranquilamente, y así, mientras a ustedes les daban un jaboncito que no tenía olor, y pasta de dientes para que se lavaran la boca, disciplinadamente, cada mes, no sé cuánto, aunque descuidaron la atención en algunas escuelas a determinadas actividades que dieron lugar, por ejemplo, a la excelentísima dentadura de nuestros jóvenes, y hasta descuidos de ese tipo existieron. Hubo quienes creyeron que con métodos capitalistas iban a construir el socialismo. Es uno de los grandes errores históricos. No quiero hablar de eso, no quiero teorizar; pero tengo infinidad de ejemplos de que no se dio pie con bola en muchas cosas que se hicieron, quienes se suponían teóricos, que se habían empanfletado hasta el tuétano de los huesos en los libros de Marx, Engels, Lenin y todos los demás.
Fue por eso que dije aquella palabra de que uno de nuestros mayores errores al principio, y muchas veces a lo largo de la Revolución, fue creer que alguien sabía cómo se construía el socialismo.
Hoy tenemos ideas, a mi juicio, bastante claras, de cómo se debe construir el socialismo, pero necesitamos muchas ideas bien claras y muchas preguntas dirigidas a ustedes, que son los responsables, acerca de cómo se puede preservar o se preservará en el futuro el socialismo.
¿Qué sociedad sería esta, o qué digna de alegría cuando nos reunimos en un lugar como este, un día como este, si no supiéramos un mínimo de lo que debe saberse, para que en esta isla heroica, este pueblo heroico, este pueblo que ha escrito páginas no escritas por ningún otro en la historia de la humanidad preserve la Revolución? No piensen ustedes que quien les habla es un vanidoso, un charlatán, alguien a quien le gusta el bluff.
Han pasado 46 años y la historia de este país se conoce, los habitantes de este país la conocen; la de aquel imperio vecino también, su tamaño, su poder, su fuerza, su riqueza, su tecnología, su dominio sobre el Banco Mundial, su dominio sobre el Fondo Monetario, su dominio sobre las finanzas mundiales, ese país que nos ha impuesto el más férreo e increíble bloqueo, del cual se habló allá en las Naciones Unidas y Cuba recibió el apoyo de 182 países que pasaron y votaron libremente por encima de los riesgos de votar abiertamente contra ese imperio. Eso lo logra la isla, y no cuando tenía el apoyo del campo socialista de Europa, cuando ese campo socialista desapareció, y cuando la URSS también se derrumbó. No solo hicimos esta Revolución con nuestro propio riesgo durante un montón de años, en determinado momento, habíamos llegado a la convicción de que jamás si éramos atacados directamente por Estados Unidos lucharían por nosotros, ni podíamos pedirlo.
Con el desarrollo de las tecnologías modernas era ingenuo pensar o pedir o esperar que aquella potencia luchara contra la otra, si intervenía en la islita que estaba aquí a 90 millas, y llegamos a la convicción total de que ese apoyo jamás ocurriría. Algo más: se lo preguntamos un día directamente varios años antes de su desaparición: “Dígannoslo francamente.” “No.” Respondieron lo que sabíamos que iban a responder y entonces, más que nunca, aceleramos el desarrollo de nuestra concepción y perfeccionamos las ideas tácticas y estratégicas con las cuales triunfó esta Revolución y venció, con una fuerza que inicia su lucha con siete hombres armados, contra un enemigo que disponía de 80 000 hombres, entre marinos, soldados, policías, etcétera, tanques, aviones, cuanta arma moderna para aquella época podía poseerse. Era infinita la diferencia entre nuestras armas y las armas que tenía aquella fuerza armada, entrenada por Estados Unidos, apoyada por Estados Unidos y suministrada por Estados Unidos. Más que nunca, después de la respuesta, nos arraigamos en nuestras concepciones, las profundizamos y nos fortalecimos al nivel tal que nos permite afirmar hoy que este país militarmente es invulnerable y no en virtud de armas de destrucción masiva.
Les sobran a ellos todos los tanques, y a nosotros no nos sobra ninguno, ¡ninguno! Toda su tecnología se derrumba; es hielo al mediodía en medio de un parque caluroso. Y otra vez, como cuando teníamos siete fusilitos y pocas balas. Hoy tenemos mucho más que siete fusiles, tenemos todo un pueblo que ha aprendido a manejar las armas; todo un pueblo que, a pesar de nuestros errores, posee tal nivel de cultura, conocimiento y conciencia que jamás permitiría que este país vuelva a ser una colonia de ellos.
Este país puede autodestruirse por sí mismo; esta Revolución puede destruirse; los que no pueden destruirla hoy son ellos; nosotros sí, nosotros podemos destruirla, y sería culpa nuestra.
8. Revolución
1 de mayo de 2000 • Plaza de la Revolución de La Habana. Tribuna Abierta de la juventud, estudiantes y trabajadores
Revolución es sentido del momento histórico; es cambiar todo lo que debe ser cambiado; es igualdad y libertad plenas; es ser tratado y tratar a los demás como seres humanos; es emanciparnos por nosotros mismos y con nuestros propios esfuerzos; es desafiar poderosas fuerzas dominantes dentro y fuera del ámbito social y nacional; es defender valores en los que se cree al precio de cualquier sacrificio; es modestia, desinterés, altruismo, solidaridad y heroísmo; es luchar con audacia, inteligencia y realismo; es no mentir jamás ni violar principios éticos; es convicción profunda de que no existe fuerza en el mundo capaz de aplastar la fuerza de la verdad y las ideas. Revolución es unidad, es independencia, es luchar por nuestros sueños de justicia para Cuba y para el mundo, que es la base de nuestro patriotismo, nuestro socialismo y nuestro internacionalismo.













