En un añadido de alto voltaje a la crisis bilateral entre La Habana y Washington, el secretario de Estado de EE.UU, Marco Rubio, afirmó que su Gobierno responderá “en consecuencia” al incidente armado ocurrido este miércoles en aguas cubanas.
El incidente, ocurrido al norte de Villa Clara, involucró a tropas guardafronteras de Cuba y una lancha rápida procedente de Florida. Dejó cuatro muertos y varios heridos tras un intercambio de disparos, según las autoridades cubanas.
Rubio, quien participaba en una cumbre de la Comunidad del Caribe (Caricom) en San Cristóbal y Nieves, dijo que la administración de Donald Trump no especulará sobre lo sucedido y buscará información verificada “de forma independiente”.
“No voy a especular ni a opinar; quiero saber qué ocurrió. Vamos a averiguar exactamente qué sucedió y responderemos como corresponde”, declaró ante la prensa.
“Verificaremos de forma independiente y, a medida que recopilemos más información, estaremos preparados para responder en consecuencia”, dijo, citado por la agencia EFE.
La reacción de Washington marca un nuevo capítulo en la ya crispada relación bilateral, en medio de recriminaciones cruzadas y llamados desde EE.UU a investigaciones al margen del Gobierno cubano.
La versión de Cuba
El Ministerio del Interior de Cuba informó que el incidente ocurrió en la mañana del miércoles, cuando una lancha rápida con matrícula de Florida —folio FL7726SH— fue detectada dentro de aguas territoriales cubanas.
Según el comunicado oficial, la embarcación no obedeció la orden de alto y abrió fuego contra la patrullera cubana, lo que desencadenó un intercambio de disparos al noreste del canalizo El Pino, en Cayo Falcones, municipio Corralillo, provincia Villa Clara.
Cuatro tripulantes de la lancha murieron y otros seis resultaron heridos. También fue herido el comandante de la nave cubana, que patrullaba junto a otros cuatro efectivos. El Minint aseguró que la acción fue necesaria para proteger la soberanía nacional y la seguridad de sus fuerzas.
En una actualización de lo sucedido, horas después, las autoridades de la isla afirmaron que los tripulantes de la lancha tenían “intenciones realizar una infiltración con fines terroristas” y que se le ocuparon armas, artefactos explosivos, chalecos antibalas y otros medios militares.
También identificaron a los seis heridos y uno de los fallecidos que viajaban en la embarcación, de los que dijeron son “cubanos residentes en los Estados Unidos”. E informaron sobre la detención de otra persona, que habría viajado previamente desde territorio estadounidense “para garantizar la recepción de la infiltración armada”.
Reclamos desde Florida
La noticia generó inmediata reacción en Estados Unidos, especialmente en Florida, donde reside la mayor comunidad cubana y el llamado exilio histórico.
El fiscal general del estado, James Uthmeier, anunció la apertura de una investigación y prometió que los “comunistas rendirán cuentas”. En un mensaje en redes sociales, citado por la prensa local, aseguró que su oficina trabajará con socios federales y estatales para esclarecer lo ocurrido y responsabilizar al gobierno cubano.
Por su parte, el congresista cubano-estadounidense Carlos Giménez, uno de los más férreos opositores del Gobierno cubano en la política estadounidense, calificó el hecho de “masacre” y exigió una investigación inmediata.
“Las autoridades de Estados Unidos deben determinar si cualquiera de las víctimas es ciudadana de EE.UU. o residente legal y establecer exactamente qué ocurrió. El régimen en Cuba debe relegarse al basurero de la historia por sus incontables crímenes contra la comunidad”, dijo en un comunicado.
La legisladora María Elvira Salazar, también de origen cubano, manifestó que aún espera información oficial de las autoridades estadounidenses antes de pronunciarse sobre el caso.
La Casa Blanca monitorea la situación
El vicepresidente de Estados Unidos, JD Vance, confirmó que la Casa Blanca está siguiendo de cerca el incidente.
“Marco me lo contó hace unos 15 minutos, pero no conocemos muchos detalles. Es una situación que estamos monitoreando”, declaró en una comparecencia de prensa.
“Ojalá no sea tan malo como tememos que podría ser”, remató.
Entretanto, la embajada estadounidense en La Habana solicitó acceso consular a los sobrevivientes de la lancha, presuntamente ciudadanos estadounidenses, para verificar su situación.
Rubio insistió en que Washington quiere corroborar los hechos con “información independiente” y descartó que personal del gobierno estadounidense haya participado en el tiroteo.
Identidad de la embarcación y antecedentes
De acuerdo con el diario The New York Times, la lancha atacada no pertenecía a la Guardia Costera ni a la Armada de Estados Unidos. Se trataría de una motora Pro-Line de unos siete metros de eslora, construida en 1981 y utilizada habitualmente como barco pesquero, con capacidad para unos diez tripulantes.
El detalle refuerza la incertidumbre sobre las motivaciones de los ocupantes y si se trataba de un grupo armado independiente, contrabandistas o actores vinculados a organizaciones políticas.
Algunas fuentes desde la Florida apuntan, citando a familiares y conocidos de los tripulantes de la lancha, que los hombres tenían como objetivo luchar contra las autoridades cubanas y por “la libertad de Cuba”, y venían preparándose desde hacía varios meses con ese propósito.
El enfrentamiento recuerda otros episodios ocurridos desde la década de los 60, en los que lanchas provenientes de Estados Unidos ametrallaron poblaciones costeras o enfrentaron a embarcaciones y tropas cubanas, en incidentes que más de una vez dejaron víctimas mortales.
A raíz de este suceso también han sido evocados en las redes otros hechos con víctimas civiles, como el derribo de las avionetas de la organización Hermanos al rescate, o el hundimiento de embarcaciones como el remocaldor 13 de marzo, sobre los que La Habana y sus opositores sostienen versiones diametralmente opuestas en cuanto a los sucedido y su responsabilidad.
Escenario de tensiones
El violento episodio de este miércoles ocurre en un momento de elevada tensión bilateral.
El Gobierno de Estados Unidos ha impuesto un cerco petrolero a la isla, siguiendo una sostenida política de ahogamiento económico, tras cortar el suministro de crudo venezolano luego del ataque del 3 de enero y la captura del mandatario Nicolás Maduro en Caracas.
La medida ha agravado la crisis energética en Cuba y ha intensificado las acusaciones de La Habana contra Washington por “asfixiar” la vida en la isla, donde los estragos van desde ajustes en las actividades laborales y docentes y una drástica disminución del transporte, hasta la suspensión de operaciones quirúrgicas y la imposibilidad de entregar cédulas de identidad.
Igualmente, la cumbre de Caricom, donde Rubio hizo sus declaraciones, refleja la importancia regional del tema. En ese contexto, varios países caribeños —al igual que otros actores regionales, como México— han pedido moderación y diálogo, conscientes de que un aumento de la confrontación podría afectar la seguridad marítima, la emigración y el comercio en la zona.









