La poeta cubana Lina de Feria Barrio, Premio Nacional de Literatura 2019, falleció este lunes en La Habana a los 80 años, sin que se especificara la causa de su deceso, informaron allegados en redes sociales y un comunicado del Instituto del Libro.
Nacida en Santiago de Cuba el 8 de agosto de 1945 y graduada en Filología en la Universidad de La Habana, “su sólida formación humanística sentó las bases de una vida consagrada a la creación poética y al estudio crítico de la literatura, obra que la consagró como una de las figuras cimeras de la poesía cubana contemporánea”, estimó el comunicado oficial.
La escritora se dio a conocer con el poemario Casa que no existía (1967), obra que marcó un momento histórico y generacional al ganar el Premio David de Poesía.
Este cuaderno inicial, escrito a los 22 años, se convirtió en referencia obligada para comprender tanto la evolución de su voz lírica como las influencias que irradiaron hacia nuevas generaciones.
A pesar de los silencios editoriales que sufrió, su obra se consolidó como una de las más auténticas del panorama literario cubano, caracterizada por la fuerza expresiva y la exploración de temas como la soledad, la pérdida y la angustia.
Entre sus libros publicados se cuentan títulos como A mansalva de los años, El ojo milenario, Los rituales del inocente, A la llegada del delfín, Absolución del amor y Ante la pérdida del Safari a la jungla.
Ostracismo editorial
A partir de 1971, año en que comienza el llamado Quinquenio Gris, De Feria asumió la jefatura de redacción por cuatro años de El Caimán Barbudo, una de las publicaciones bajo la mira inquisitorial de la burocracia cultural de entonces.
“Recuerdo, por ejemplo, el número dedicado al expresionismo ilustrado con dibujos originales de Antonia Eiriz, que en aquel momento tenía problemas; el número de la poesía latinoamericana ilustrado con Cabrera Moreno que tenía problemas y que fueron grandes discusiones para poderlo publicar; y los números en que se publicaron los dos magníficos trabajos de Cintio y Fina sobre los Versos Sencillos y la novela de Martí que fueron problemas también porque en aquella época estaban marginados… Poderlos publicar fue terrible”, contó de Feria al periodista radial Orlando Castellanos en la década de los 90.
Durante los años en que Lina de Feria trabajó en Radio Enciclopedia Popular (1973-1980), donde se desempeñó como redactora de notas culturales junto a figuras como el poeta Manuel Díaz Martínez —quien resultó a la postre una figura de la disidencia política— y vivió un período de ostracismo editorial dentro de la isla.
Aunque seguía escribiendo constantemente, no pudo publicar ningún libro en ese tiempo debido a una especie de censura personal que la mantenía fuera de los planes editoriales del país.
Sin embargo, su obra sí apareció en antologías internacionales, como en España y Nicaragua, lo que contrastaba con el “fenómeno de las puertas cerradas” que enfrentaba en su propio país.
La escritora describe ese lapso como una etapa marcada por heridas y secuelas emocionales, derivadas de la incomprensión de los problemas y del aislamiento cultural. El único texto suyo que logró circular en ese período fue en el exterior, dentro de la antología Breaking the Silence, compilada por la intelectual feminista estadounidense Margaret Randall, que representó la primera aparición oficial de su obra como literatura cubana antes de 1980.
A su vez, su vida personal, atravesada por eventos patológicos que la sometieron a fuertes tratamientos médicos por “cierta locura transitoria”, se complicó aún más con un intento de suicidio público, acción que le costó tres años de cárcel.
A partir de los años 90, De Feria sale del “deshielo” —como ella misma catalogó ese largo período— y su obra comenzó a ser nuevamente publicada y premiada en la isla. En su palmarés aparecen lauros como el Premio Nacional de la Crítica en varias ocasiones (1991, 1996, 1997, 1998); el Premio Internacional de Poesía Raúl Hernández Novás (1999) y el Premio Nacional de Poesía Nicolás Guillén (2008).
Referencias críticas
La crítica ha destacado reiteradamente la importancia de Casa que no existía. Efraín Rodríguez Santana señaló que el libro posee “una madurez tal que gravitará en toda su poesía y marcará desde el inicio sus derroteros temáticos y estilísticos”.
Por su parte, Enrique Saínz subrayó la “diferencia de su palabra” y el “caos de imágenes, recuerdos y angustias” que revelan una experiencia de lo irrealizable, mientras César López llamó la atención sobre claves como “la pérdida” y “lo perdido”, además de la proyección de lo femenino oprimido y una atmósfera discretamente surrealista. Estas valoraciones coinciden en que el poemario fundacional abrió un camino sólido y singular dentro de la poesía cubana.
En obras posteriores, como A mansalva de los años (Premio de la Crítica, 1991) y De los fuegos concéntricos, otros críticos como José Prats Sariol y Arturo Arango resaltaron la búsqueda interior, la dialéctica entre individuo e historia y la combinación de discurso filosófico, visiones surrealistas y cotidianidad concreta. Intentaba reconocer en su poesía “las inciertas materias espirituales en busca de la autenticidad”, según Sariol.
Así, la trayectoria de Lina de Feria se ha leído como una constante reelaboración de sus temas capitales —soledad, angustia, autenticidad—, y la cristalización de un estilo propio y una obra que, en palabras de la autora, constituye su “casa fundacional”, reverenciada por escritores jóvenes y reconocida como parte esencial de la tradición poética cubana.
Igualmente, la periodista Madeleine Sautié lamenta la muerte de Lina de Feria, a quien describe como una de las voces más altas de la lírica cubana. Recuerda sus conversaciones con la poeta, siempre marcadas por sinceridad y transparencia, y evoca una entrevista realizada cuando recibió el Premio Nacional de Literatura, donde la autora de Ante la pérdida del Safari a la jungla expresó que no podía respirar fuera de Cuba y que lo más valioso era ser reconocida en su propia tierra.
Como homenaje a la notable escritora cubana, le dejamos con un poema del libro Casa que no existía, el primer poemario de Lina de Feria, considerado su obra fundacional.
Cuando mi vejez detenga el tiempo cargado de una brisa/ que haya perdido el espíritu que conmueve las hojas/ que arrasa la sequedad de los depósitos vacíos/ todo será real para entonces/ no seré el pedazo húmedo que espera sin descanso la llegada del joven dominguero/ (ese que acude a la cita convencional/ con el traje lleno de flores silvestres)/ más bien seré como los cuerpos imprecisos/ con el amarillento significado de un libro cualquiera/ tal vez Alicia en el país de las ilusiones/ un buen hombre apegado al gentío/ que conoce el peligro de las calles/ cuando los automóviles destrozan el viento/ llevaré el pecho roído por tanto cadáveres y memorias/ mi cabeza en tus hombros imaginarios vestidos de milicia/ yo corriendo por una calle para encontrarse en la feria/ las tardes de las primeras audacias/ cuando mi vejez detenga el tiempo/ estas cosas serán como recuerdos o crímenes/ la gran puerta amor mío para la resignación.











