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A solo cinco días del último apagón generalizado en Cuba —el séptimo desde octubre de 2024—, este sábado los cubanos volvieron a enfrentar una caída total del Sistema Eléctrico Nacional (SEN). “Fueron 32 horas de apagón”, se le escucha decir este lunes a una vecina del barrio de Buenavista, en el municipio Playa, en La Habana.
En otra zona aún más céntrica de la capital, el Paseo del Prado, la tarde transcurría con una aparente normalidad.
Jóvenes reunidos al ritmo de las canciones reproducidas en una bocina portátil grababan videos para las redes sociales, familias caminando, vendedores ambulantes atentos a los transeúntes en algunas esquinas del céntrico bulevar de los leones, turistas entrando y saliendo de ómnibus en el movimiento habitual de los hoteles de esta emblemática arteria de La Habana Vieja.




Cuando ya no hubo luz natural, solo los hoteles y algunos pocos lugares con sus propias fuentes de energía permanecieron iluminados.



Los habaneros, no obstante, continuaron su paseo por el Prado guiados por las luces de los vehículos que transitaban por la zona y por las linternas de sus teléfonos móviles.




Algunas lámparas LED, ubicadas en puntos específicos del paseo, aportaban una iluminación parcial a la caminata nocturna de la gente, que, empeñada en sostener un atisbo de normalidad en medio del prolongado contexto de crisis energética que atraviesa el país, no renunció a su paseo dominical pese a las circunstancias; algunos, incluso, motivados por ellas, salieron en busca de un poco de aire fresco fuera de sus casas.
Alumbrados por los pocos destellos de luz que la suerte les deparó durante su peregrinaje por el Prado, otros caminantes regresaban a sus hogares en medio de la penumbra de una ciudad donde el apagón nocturno se ha vuelto ya parte de la rutina.


A estas escenas en claroscuro nos acerca el fotorreportero Otmaro Rodríguez, en uno de sus recorridos por los pasillos y avenidas cercanas al Prado para este “Flashazo”.























