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Terminamos la primera quincena del cuarto mes de este año 2026 y no existen aún datos del comportamiento del primer trimestre. Es demasiado pronto aún. Pero la simple observación nos dice que no debemos esperar mejorías en la mayoría de los indicadores. Algo comprensible, dadas las condiciones de restricciones extremas que enfrenta el país, condenado por el régimen de Trump a recibir exiguas cantidades de combustible.
Siempre me llama la atención la insistencia de algunos en demostrar que las acciones de ese régimen contra Cuba tienen apenas un efecto marginal sobre la dinámica de la economía nacional y sobre la vida cotidiana de los cubanos, y toda la responsabilidad se la cargan con las ineptitudes del gobierno/Estado.
Esto, a pesar de que la propia Administración de Trump se ocupa de repetir incesantemente que las medidas que han tomado tienen el propósito inicial de ahogar la economía del país para provocar con ello un “cambio de régimen” desde adentro. Nada novedoso si recordamos aquel famoso memorando de inicios de los sesenta que sostenía la misma recomendación.
“Deben emplearse con prontitud todos los medios posibles para debilitar la vida económica de Cuba… para provocar hambre, desesperación y el derrocamiento del gobierno”. (Memorando del subsecretario de Estado Lester D. Mallory, emitido en 1960)
Pues bien, este nuevo régimen que Mr. Trump lidera los ha empleado prácticamente todos, los ha enarbolado públicamente, los ha explicado con pelos y señales. Y es por eso mi asombro, cuando personas inteligentes se empeñan en reducir el impacto que esto ha tenido sobre el país entero, incluso sobre los que hoy viven fuera de Cuba o aquellos que en una posición todavía más radical niegan ese daño.
Pero tendría que decir que también me llama la atención lo que nos ocurre aquí adentro, en Cuba, cuando personas igual de inteligentes se lo cargan todo al bloqueo y ahora a Trump, e intentan con ello exonerar de responsabilidades al gobierno/Estado por los resultados de su gestión.
Ocurre que, mientras hemos logrado una contabilidad detallada de los daños que el bloqueo nos ha provocado, no hemos logrado hacer la contabilidad de los costos que los errores, los vaivenes, las demoras, las inconsistencias, las burocracias, las ineptitudes, las complacencias y las pocas ganas de trabajar de algunos nos han costado y nos siguen costando.
Hemos sido mejores contadores para estimar los daños del bloqueo, algo muy necesario, pero a la vez hemos sido muy malos para calcular el costo de nuestros propios errores.
Pero hoy ya tenemos el Programa Económico y Social del Gobierno para el año 2026. Por suerte, le ha sido cambiado el nombre y ya no hay que andar con las “distorsiones” a cuestas, lo cual para nada quiere decir que no existan, molesten y entorpezcan.
Es además un programa enriquecido con una consulta popular, algo sin dudas necesario, pero que de ninguna manera es garantía de su éxito, porque existen otros factores, entre ellos las propias circunstancias, que tienen una influencia decisiva en esos resultados.
Espero, no obstante, que en la primera sesión de la Asamblea Nacional se haga una evaluación pública por las autoridades competentes de cómo van esos diez objetivos, atendiendo a que constituyen la columna vertebral del programa de gobierno, publicado recientemente después de haber sido enriquecido con la incorporación de la discusión con la población.
No sería ocioso, sin embargo, avanzar algunas ideas sobre el primero de los diez objetivos generales, el cual es sin dudas decisivo. Su enunciado es el siguiente: “Propiciar un entorno macroeconómico que favorezca la actividad productiva y el incremento de los ingresos externos.” Tiene 9 objetivos específicos, 46 acciones y 18 indicadores.
Echemos una mirada a los objetivos específicos de ese primer objetivo.
- Mantener el déficit fiscal en los niveles aprobados, adecuando las medidas presupuestarias al actual contexto.
Según lo informado hace un mes, parece posible que este objetivo se cumpla. Sin embargo, llamo la atención sobre que una disminución de la actividad económica puede afectar la recaudación impositiva, fuente principal de los ingresos presupuestarios.
- Perfeccionar los mecanismos de formación, regulación y control de precios con mayor impacto en la economía y la población.
Hay once acciones asociadas a este objetivo. Algunas acciones ya están incluidas en el decreto ley 114 sobre la comercialización de productos agropecuarios. Sin embargo, nuestra economía sigue siendo hoy una economía de demanda, con serios déficits de oferta y una inestabilidad en el suministro considerable, ello puede convertirse en un obstáculo no para el perfeccionamiento de los mecanismos de formación de precios, sino para alcanzar lo que se persigue con ese perfeccionamiento.
- Reducir la liquidez en circulación, ofreciendo a la población y actores económicos nuevos instrumentos de ahorro e inversión financiera.
Será difícil lograr tasas de interés que incentiven el ahorro de la población mientras la inflación se mantenga en más de dos dígitos. Otro aspecto a considerar es “la confianza perdida” y el otro es que en nuestro país existe una alta propensión media y marginal a consumir, entre otras razones por el deterioro de la capacidad de compra del salario, en parte debida a la inflación, en parte a las tasas de cambio y en parte a la dolarización de la economía.
- Facilitar productos de crédito adecuados a las nuevas condiciones de la economía.
Es sin duda un objetivo importante. Ocurre que la cultura de trabajar con crédito no está muy extendida en Cuba. El otro asunto a considerar es que nuestro mercado está dolarizado, mientras que los créditos se conceden en pesos cubanos.
- Consolidar la implementación del nuevo mecanismo de gestión, control y asignación de las divisas para todos los actores económicos.
La confianza o, mejor aún, la capacidad para generar confianza en el sistema bancario nacional, será decisiva. Hasta el momento no hay datos públicos acerca de cómo van funcionando los mecanismos de asignación de divisas: ¿cuántas empresas han accedido? ¿Cuál ha sido el volumen de operación? ¿Cuál ha sido la demora promedio en cerrar una operación? Sería una información que permitiría evaluar cómo se avanza en este objetivo.
La diversificación de medios y canales de pago en el exterior, otra de las acciones de este objetivo específico, ha tenido en la aprobación de un grupo de entidades financieras no estatales su primer paso.
- Continuar la implementación del proceso de dolarización parcial de la economía.
No aparece en este objetivo específico ninguna acción dirigida a amortiguar los efectos negativos de este proceso, ni tampoco a preparar los procesos de salida paulatina de la dolarización parcial. Llama la atención que una de las acciones exprese la necesidad de acciones que “permitan controlar las desviaciones del objetivo a alcanzar”; sin embargo, no aparece cuál es ese objetivo.
- Implementar las transformaciones cambiarias.
Se ha implementado un mercado cambiario que hasta el momento no ha logrado reducir la influencia del mercado cambiario informal.
- Consolidar el proceso de bancarización con el propósito de facilitar la actividad económica y la transparencia fiscal.
Sin duda, es uno de los objetivos de más difícil ejecución, porque incluso requiere de ciertas condiciones materiales e infraestructura. En estos tres primeros meses del año no parece que se haya avanzado lo necesario.
- Actualizar la política para el uso de los activos virtuales a partir de las condiciones actuales de la economía.
No aparecen acciones asociadas a este objetivo. Confieso además mi desconocimiento sobre la política de activos virtuales del país. Sin embargo, hay acciones realizadas en el sentido de darle más espacio al uso de los activos virtuales.
Al respecto, se ha autorizado un pequeño grupo de empresas no estatales que podrán realizar estas operaciones, lo cual desde mi perspectiva puede ser beneficioso con una opción que permita una alternativa al cerco financiero que Cuba enfrenta.
En el primer semestre pienso que se debería dar una información de cómo se cumplen esos objetivos examinando cada uno de los 18 indicadores. Ahora mismo ya es posible adelantar que el primero de ellos, el crecimiento del PIB en 1 % respecto a 2025, parece muy difícil de alcanzar.
También habría que evaluar si el cumplimiento de esos indicadores resulta en alguna mejoría perceptible para la población, pues al final de eso es de lo que se trata.










