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Es difícil no reparar en Jessica Aguiar, tanto delante como detrás de la cámara. Desde que la actriz villaclareña pisó por primera vez un escenario y un estudio de televisión, ha trabajado con la determinación de convertir la actuación en uno de los ejes de su vida.
Esa es la impresión que queda al conversar con ella: una claridad poco común sobre el camino recorrido y sobre lo que aún se propone alcanzar.
Desde su etapa en la Escuela Nacional de Arte (ENA), comenzó a incursionar en diversos proyectos que marcaron sus primeros pasos en el medio. Con el tiempo, su rigor y preparación la han llevado a participar en producciones televisivas como De amores y esperanzas (2017), Tras la huella y El derecho de soñar (2023), así como en el largometraje Cuento de un día más (2021).
A lo largo de su carrera, ha construido una trayectoria sostenida en la disciplina y una ética de trabajo que colegas y público reconocen.

¿La actuación siempre fue tu primera opción?
De niña jugaba a ser chef; creaba numerosos platos con los rolos de mi madre. Luego quise ser cantante por un disco que adoraba de Rocío Jurado. Hasta que en mi adolescencia entré al Coro Lírico Infantil “Aldo Lario” y descubrí mis aptitudes. Allí empezó todo, fue mi primer acercamiento al arte de manera más seria.
Posteriormente, con la ayuda de unos amigos, me preparo y apruebo el ingreso a la Escuela Profesional de Arte (EPA) de Santa Clara y la Escuela Nacional de Arte (ENA). Ya tenía decidido qué quería hacer.
Recibí el apoyo de mis padres, que se sentaron conmigo, y de profesores del Coro Lírico Infantil que me aclararon las ideas y me mostraron las ventajas de estar en la capital para desarrollar mi carrera. Tenía un poco de miedo porque me tocaba enfrentarme al mundo sola, pero a partir de esa conversación tomé la decisión de estudiar en la ENA.
¿La interpretación te ayudó a combatir la timidez?
Me ayudó mucho; siempre fui una niña muy tímida, reservada y de pocas palabras. Enfrentarme sola desde tan corta edad a esta profesión, salir de mi casa, crecer lejos de la familia me ayudó a abrirme al mundo y a ser más comunicativa. Poco a poco me fui adaptando a esta vida que había elegido.
La actuación me ha dado seguridad, crecí con mi carrera, aprendí a conocerme en todos los aspectos. Le agradezco esta soltura y madurez que he alcanzado. Me ha dado libertad y confianza absolutas.

¿El teatro es la esencia de los actores?
El teatro es la esencia, es el alma. Me ha acompañado mucho tiempo y ha sido mi refugio. Ahí aprendí gran parte de las cosas que puedo poner en práctica en la actualidad y me ha servido para trabajar en otras esferas del arte.
Todos los actores deberían pasar por esa escuela, por la disciplina que nos da y la experiencia de estar en escena y que ningún día el espectáculo sea igual. El teatro es un hecho vivo; está en constante transformación y te permite explorarte y conocerte. Es un entrenamiento total para todos los actores. Soy afortunada de tener esa base.
Ha sido la esencia de mi carrera y de mi vida. Las herramientas y experiencias que adquieres allí rara vez se experimentan en otros medios. Cada campo tiene su estilo, pero la magia la siento en el escenario.
En los inicios de tu carrera trabajaste en el policíaco Tras la huella y posteriormente has tenido otras apariciones en este serial. ¿Cada proyecto es un nuevo inicio?
Lo es. A medida que va creciendo mi carrera y me van llegando nuevas oportunidades, siento que me falta un mundo por aprender. Es como empezar de cero; todo el tiempo te estás poniendo a prueba, aprendiendo y retroalimentándote de lo que hay a tu alrededor. Es lo enriquecedor de esta carrera.
¿Prefieres un protagónico o un secundario que te permita hacer una gran interpretación?
He estado agradecida con todo lo que ha llegado a mi vida; no tengo preferencia entre un protagónico o un secundario. A veces, incluso, a estos últimos se les puede sacar más partido que al personaje principal. Precisamente por tener menos tiempo en pantalla, te obliga a concentrar acciones, a construir con más intención y a encontrar ganchos que conecten con el público.
Cada personaje que he interpretado es, para mí, un llamado del alma, y todos han dialogado con mi mundo interior. Mientras sean humanos y me permitan crecer como artista, ya es ganancia.

¿Dónde situarías tu participación en la serie De amores y esperanzas? ¿Qué aprendizajes te dejó esa experiencia?
En De amores y esperanzas tuve poca participación, pero fue lo primero que hice en televisión. Me dio una idea más concreta del mundo profesional fuera de la academia. Tenía temor, porque nunca había trabajado en ese medio. Me ayudaron los compañeros, fueron atentos conmigo y eso me hizo sentir cómoda en el proceso.
Estoy agradecida de haber comenzado con esa serie que el público acogió con mucho amor.
¿El personaje te atrapa, o es al revés?
Los personajes me van cortejando hasta que me enamoro profundamente de ellos. Me encuentran, me seducen, me atrapan, me salvan y me muestran el camino. Siempre ha sido así. Cada uno ha llegado para fortalecerme y salvarme, incluso de situaciones personales.

¿El resultado de la telenovela El derecho de soñar estuvo a la altura de tus expectativas?
El derecho de soñar forma parte de una transición en mi carrera y vida personal. Soy muy rigurosa con mi trabajo, pero también aprendo a disfrutar el viaje. En ese momento puse a disposición del trabajo todo lo que tenía en mi mochila de experiencia. Hay enseñanzas en cada paso que damos.
¿Tus aciertos o tus errores en la actuación te han sido útiles en tu vida personal?
Considero que sí. Mi trabajo me hace más humana y más sabia. Con ese mismo lente observo todo lo que me rodea. Me ha enseñado mucho en general y agradezco todos los días la posibilidad de dedicarme a esta carrera que es tan social, porque uno trabaja para el otro.
Desde tu experiencia como espectadora, ¿qué historias consideras que le interesa ver al público en pantalla?
El público es muy variado y tiene gustos diferentes. Lo que para mí puede ser verdadero o bello, para otra persona puede no serlo. Eso es lo interesante.
Como espectadora, me interesa la verdad y la honestidad en la forma en que se cuentan e interpretan las historias. Eso es lo que busco también al ver cine o series: relatos que me atrapen por su autenticidad, que te obliguen a reflexionar y en los que, de algún modo, puedas verte reflejado.

En el mundo de la interpretación, ¿cuesta más asimilar el reconocimiento o los malos momentos?
Los segundos. Los artistas estamos más expuestos al fracaso que al éxito. Es una carrera compleja, donde tienes que abrazar esos malos momentos y no ver el fracaso como un enemigo, sino como un maestro que te va enseñando y va perfeccionando la técnica.
Es un camino largo de aceptación, reflexión y de aprendizaje. En lo personal, aprendo más de los errores que de los aciertos, porque son los que nos enseñan e impulsan y nos hacen más fuertes en la vida.
Si pasar por esos malos momentos me lleva a ser la persona que soy hoy día, entonces paso por ellos sin cuestionarlos. Cada error que he cometido me ha llevado hasta donde estoy. Me han hecho una persona más sabia, humana y honesta conmigo misma. De eso va, no la carrera, sino la vida: de aprender y crecer.
¿Qué exigencia supone la obra Yoli, un verdadero ataque, en la que interpretas a la Lupe?
Es el personaje más difícil que he interpretado hasta la fecha. Exigía mucho de mi tiempo, de cuánto estaba dispuesta a sacrificar para llegar al éxito, por así decirlo. Llegó en un momento en el que me sentía mal. Acababa de salir la telenovela El derecho de soñar y estaba lidiando con una depresión fuerte por los comentarios de algunas personas en las redes sociales.
Estaba lejos de mi familia y atravesaba, además, la ruptura de una relación de muchos años. En ese momento, La Lupe llegó a salvarme; por eso digo que los personajes te escogen. Me eligió para sanar, aprender y crecer. Y todavía hoy no deja de sorprenderme y enseñarme.
¿Es más complicado encarnar a un personaje real?
Es más difícil interpretar a un personaje que existió y que la gente recuerda. En el caso de La Lupe, era un reto ser lo más cercana posible a la imagen que ella ha dejado en la historia. Me encantó ponerme a prueba en todos los sentidos. Llevó una investigación muy fuerte sobre su vida y su época.
Conté con el apoyo de muchas personas, como mi colega Monse Duany; sin ella, este trabajo no hubiera llegado a mis manos. También tuve la ayuda de Jomary Echavarría, asesora musical, quien me preparó vocalmente.
Y de Pablo Guevara, por escribir el texto, enseñarme y por crear juntos esta puesta en escena tan humana. Ese es, precisamente, el mayor valor de la obra: mostrar la vida de una persona que vivió a plenitud y se entregó a su carrera y a su público.
Fue un trabajo hermoso, de mucho sacrificio, pero valió la pena. Y te adelanto que muy pronto estará nuevamente en escena.

¿Con qué personaje comienzas a sentir el respaldo de tus colegas y del público?
He sentido el respaldo de mis colegas con muchos de mis trabajos, sobre todo en el teatro. Es difícil decidirme por uno, porque los gustos son muy variados, pero opino que fue La Lupe. Ha marcado un antes y después en mi carrera profesional y en mi vida personal.
Ha tenido además el respaldo del público, he recibido mensajes de todas las personas que han ido a ver la obra. Es hermoso ser parte de este proyecto y sentir la admiración de la gente.
¿Prefieres subirte a un escenario que hacer televisión?
Prefiero trabajar, por encima de todo, pero mi medio es el teatro. Tiene una magia arrolladora, aunque también me gusta hacer televisión. Adoro el cine y me encantaría poder desarrollarme más en ese campo.
Realmente me quedo con el teatro, todo lo que se de este oficio se lo debo a él. No tiene comparación lo que siento allí, cuando estoy frente al público.

En otro espacio confesabas tu deseo de trabajar en el cine. ¿Cuáles han sido las causas por las que no ha llegado a tus manos un gran personaje en ese medio?
El cine es elitista. Mi única experiencia fue en la película Cuento de un día más, bajo la dirección de Fernando Pérez. Tuve el privilegio de ser parte de este largometraje que lo hicimos con mucho amor.
Creo que la falta de oportunidades en ese medio ha influido en que no me hayan llegado otras oportunidades. Además de la falta de información; muchas veces no me entero de los castings que se están haciendo.
¿La valentía ha regido las decisiones que has tomado en tu vida?
Soy una mujer muy valiente. Puedo tener miedo, pero me arriesgo. Realmente el miedo no me ha frenado. Soy además una artista con mucho coraje y eso se ha notado en cada paso dado en mi vida profesional y personal.
Las redes sociales han cambiado, en cierta medida, la percepción del impacto del trabajo de los artistas. ¿El talento debe seguir definiendo a un artista, por encima de la popularidad?
Las redes sociales han sido una aliada para muchos artistas y, en general, para todo el que quiera promocionar su trabajo. Son necesarias para impulsar lo que hacemos y ganar visibilidad. Pero también pueden ser peligrosas: se banalizan ciertos temas y muchas cosas se sacan de contexto.
La popularidad es efímera. Llega algo nuevo y pierdes ese lugar; dejas de ser popular porque pasas de moda. Es algo muy inestable. Prefiero que mi trabajo hable por sí mismo, no que alguien diga en redes si es bueno o malo. Eso no me define.
Hay que aprender a usarlas. Yo intento utilizarlas para aprender; hay mucha información valiosa que puede ayudarte en la vida. Trato de que me sirvan para enriquecer mis conocimientos y mi cultura.

¿Qué es aquello de lo que nunca te desprenderías?
Del arte y su belleza. Nunca renunciaría al arte; siempre encontraría la forma de hacerlo, esa es mi exigencia. La vida misma me lo ha confirmado: por más que intente alejarme o explorar otros caminos, el arte me invade y siempre termino regresando a él.
¿Cómo has gestionado el hecho de dedicarte a un oficio tan inestable?
En ninguna parte del mundo es fácil hacer teatro ni vivir de él. Son pocas las personas que logran sostenerse completamente de su trabajo en el arte. Para mí, ese ha sido siempre un tema de reflexión: cómo alcanzar cierta estabilidad económica sin abandonar mi carrera.
Por eso he asumido riesgos y he explorado otras alternativas que también me interesan. Soy una emprendedora en crecimiento; tengo una tienda de artículos varios llamada Yecashop. La idea surgió durante la pandemia y la puse en práctica hace dos años.
Sigo haciendo teatro y, al mismo tiempo, estoy en esa búsqueda de estabilidad financiera que hoy resulta tan compleja.













