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Llevaba más de diez años entrenando natación en la Escuela Marcelo Salado y aún no se recuperaba de la decepción de no haber sido ascendida al equipo nacional cuando su entrenador le propuso algo que cambió su vida. Todavía no sabía que el futuro la pondría a flotar en la zona de ataque de una piscina y la haría enamorarse del polo acuático para siempre.
“Había ganado 11 medallas de oro en las inter-EIDE y no me subieron al equipo nacional; subieron a otras chicas que ni siquiera habían cogido medalla. La decepción fue tan grande que, justo entonces, cuando en la Marcelo Salado llevaban apenas un año practicando polo acuático, el entrenador Ñico, de la EIDE Mártires de Barbados, me comentó: ‘Oye, Mora, ¿por qué no pruebas el polo acuático?’. Y yo decía: ‘¿Polo acuático? Es un deporte de chicos, ¿qué pinto yo ahí?’. Pero él insistía”.
Ese fue el inicio de una relación con el deporte que, décadas después de su retiro, vuelve a cruzarse en el camino de Yamira Caballero. La exatleta acaba de ser convocada por la selección cubana de polo acuático para defender el emblema de la isla en los venideros Juegos Centroamericanos y del Caribe, que se celebrarán en Santo Domingo, del 20 al 26 de julio de este año.
Junto a otras seis exjugadoras, la delantera dará apoyo a la cantera joven del equipo, capitaneada por Maryelis Zunzunegui, quien personalmente la invitó a vestir de nuevo los colores del equipo Cuba. Pero no lo hará fuera del agua.
“Recibí la noticia con muchísima alegría y muchísimas ganas. Cuando dije que sí, esa misma noche me entró un poco de incertidumbre. Me cuestioné si no me había equivocado, pero mi corazón me confirmó que había tomado una buena decisión. Allá donde vaya soy cubana y me moriré siendo cubana”, contó a OnCuba en una conversación vía WhatsApp.

Donde todo comenzó
Yamira empezó a nadar a los cinco años. Matriculada en la escuela primaria Vo Thi Thang, del municipio Playa, en La Habana, las idas al Marcelo Salado se convirtieron temprano en parte de su rutina. “Luego pasé primero al Náutico, a la pre-EIDE Granma, que entrenaba allí; de ahí fui para el Cesario Fernández y después para la EIDE Mártires de Barbados. Con 12 años, gané 11 medallas de oro en las inter-EIDE y participé por primera vez en un evento internacional, una carrera simbólica que se celebró en Nueva York”, rememora.
A pesar de su rendimiento, no logró el pase al equipo nacional.
“En aquella época existía la idea de que los huesos de las personas negras pesaban más y que, por tanto, no teníamos futuro en la natación. Esa era la mentalidad que predominaba. Después Anthony Nesty, nadador negro de Trinidad y Tobago, ganó una medalla olímpica y muchas de esas concepciones empezaron a cambiar. Pero para mí fue una decepción muy grande”, cuenta.
El entrenador Carlos Benítez “Pirulo” logró convencer a David Rodríguez, entonces líder técnico de la selección femenina de polo acuático, para darle una oportunidad, fascinado por la explosividad en el agua y la buena preparación física de Yamira.
“Empecé en septiembre. Recuerdo que en octubre participé en mis primeras competencias, en Camagüey, en la Previsora. Fui con el equipo de Ciudad de La Habana. Llegué como suplente, era mi primera competición, pero terminé aquel campeonato como jugadora regular. Todavía no había cumplido los 15 años, y desde entonces ese ha sido el deporte de mi vida”.

Entre sus mayores logros con la selección cubana destacan el noveno puesto del equipo en el Campeonato Mundial de Natación celebrado en Montreal (2005) y, sobre todo, la medalla de bronce en los Juegos Panamericanos de Río de Janeiro 2007.
“Recuerdo que empezamos el torneo con muchas dificultades. No recuerdo si empatamos o perdimos contra Venezuela en el primer partido, pero prácticamente estábamos fuera de la lucha por las medallas. Luego empatamos con Canadá, y aquello fue como volver a la vida. Ese resultado nos permitió seguir con opciones.

“De repente nos vimos disputando el bronce contra Brasil, en Río de Janeiro. En aquella piscina no se escuchaba el silbato de los árbitros por el ruido del público, pero estábamos totalmente concentradas. Salimos a jugarlo todo y terminamos ganándole a Brasil en Brasil. Esa medalla de bronce fue espectacular”, recuerda emocionada.
A pesar de su retiro, Yamira confiesa que a diferencia de otras cosas que tuvo que dejar atrás, hay algo de la isla y de su vínculo con la selección que sigue llevando encima como un amuleto, un recuerdo que no ha quedado apenas en su pasado.
“En mis clases, siempre hay un día o dos a la semana en los que me pongo un pullover del equipo Cuba. En invierno me pongo la sudadera, una enguatada y el mono. Cuando voy a la piscina, me pongo bañadores de la selección. Nunca he dejado de vestirme con la indumentaria de la selección de Cuba, porque la llevo siempre conmigo. No me los he quitado nunca. No he salido de allí”.

En otras aguas
Desde 2009, Yamira vive en Huesca, España, desde donde ha mantenido su vínculo con el deporte a través de una empresa ligada al bienestar y la salud femenina que ella misma fundó y lidera: el centro Yamira Salud. Su propuesta allí es la de ayudar a mujeres a trabajar cuerpo y mente como partes de un mismo elemento.
“Lo más importante para mí es trabajar el cuerpo de dentro hacia afuera. No lo que se ve, sino precisamente lo que no se ve: toda esa musculatura interna que es la que va a mejorar tu calidad de vida. Es lo que fomento en mi centro, sobre todo también la disciplina y la capacidad que hay que tener para elaborar un objetivo en la vida”.

Pero el camino no fue llano al inicio. “Me costó muchísimo despegarme de mi mamá, de mi casa, de mis vecinos, de mis calles, de mi costa de 110, de mi playa. Adaptarme no fue fácil”, recuerda Yamira, quien además de moverse en el aquagym y otras disciplinas deportivas desde su llegada a España, con los años encontró en el yoga una herramienta no solo para trabajar el cuerpo, sino también la mente y las emociones.
Actualmente está finalizando su formación como instructora y prevé graduarse en julio, antes de viajar a Santo Domingo para participar en los Centroamericanos.

“El yoga ha sido importantísimo en mi vida. Me ayudó a aceptar que, aunque viva en España, no dejo de ser cubana. Me afectaba mucho que pensaran que por vivir aquí dejaba de serlo. Fue una etapa dura, pero el yoga me enseñó que sigo siendo cubana viva donde viva. Allá donde vaya soy cubana y me moriré siendo cubana”, afirma.
Llevando en paralelo su negocio y la vida familiar junto a su esposo y su hija, Yamira se prepara para el torneo con las herramientas que le dieron los años en el deporte y, más recientemente, el yoga:
“El principal reto para mí ha sido, más que físico, emocional: compaginar el entrenamiento con la familia, mi hija, mi marido, la casa y el trabajo, sin bajar el ritmo ni la calidad de mi labor como instructora. Nadie tiene por qué ver lo que yo vivo por dentro. La gente tiene que verme en mi esencia. Si me propuse este reto es porque tengo la capacidad de mantener la misma calidad en todo lo que hago. Puedo atender a mi familia, a mi casa, a mis amistades y también disfrutar de la vida”.

Volver al “Cuba”
En las últimas semanas, Yamira ha visto Nyad (2023) al menos dos veces. La película cuenta la historia de Diana Nyad, la nadadora estadounidense que, a los 64 años, completó la travesía entre Cuba y Florida, una hazaña que ningún atleta en activo —ni siquiera la propia Nyad en su etapa competitiva— había conseguido.
“Me ha servido de inspiración desde que dije que sí a este reto. Creo que también yo puedo servir de inspiración a otras personas, porque la edad no determina el estado físico. Lo determina la capacidad mental para superar obstáculos y alcanzar objetivos. La juventud te da cierta inconsciencia para enfrentar muchas cosas. A esta edad ocurre lo contrario: cada decisión se toma con plena conciencia de lo que significa”, reflexiona.
El regreso de Yamira al equipo Cuba tiene además un propósito más allá del rendimiento: demostrar que la vida “útil” de un atleta no siempre termina cuando lo dictan los calendarios.
“Ojalá pueda ser inspiración para muchísimos atletas que a veces son apartados cuando están en su mejor momento. Eso es muy triste. Recuerdo cuando tenía 15 años a Arturo Ramos, de la selección cubana de polo acuático, campeona panamericana del 91 frente a Estados Unidos. Él contaba que los jubilaron a todos: a él, a Bárbaro, a Pablo Roger Cuesta. Decían que ya eran mayores, cuando estaban en su mejor momento. Eso es triste y espero que cambie. Mientras uno esté dando guerra, debe seguir en el deporte. La edad no determina si eres bueno o no”, advierte.

“No voy a demostrar nada. Voy a darlo todo para que el equipo luzca bien. Quiero aportar confianza, ayudar a que el deporte se mantenga vivo y que estas chicas puedan crecer como atletas y como personas. La edad no dice nada sobre tu calidad”, zanja.
Lejos de la obsesión por el resultado que marcó parte de su trayectoria, hoy asegura que compite desde un lugar muy distinto.
“La diferencia entre la Yamira de antes y la de ahora es que antes competía para ganar y sufría si no lo conseguía. Ahora compite para disfrutar, inspirar y superarse. Antes tenía juventud; ahora tiene experiencia, estabilidad emocional, conciencia y equilibrio. Antes la fuerza física era mi mayor arma; ahora lo es la fortaleza mental, la sabiduría y la resiliencia que me han dado los años vividos”.

En poco menos de un mes Yamira estará en Santo Domingo en su papel de delantera. La lucha será la de elevar un medidor que va mucho más allá del rendimiento en números plasmado en la pizarra, y que se remonta a los inicios de su propia historia y, quizá, al futuro de la selección femenina de polo acuático de Cuba.
“Tengo muchísimas ganas de llegar a esa cita centroamericana, reencontrarme con mis compañeras, volver a ponerme el bañador de la selección cubana, volver a vestir el mono de Cuba y volver a estar rodeada de atletas de distintos deportes y países. Es un festival muy bonito. Me voy a desangrar en el agua y a aportar toda la confianza que este equipo necesita para que el deporte se mantenga vivo y para que estas niñas tengan un futuro en el ámbito deportivo. Quiero que puedan crecer como atletas, pero también como personas, y que lleguen a convertirse en un gran equipo capaz de lograr grandes resultados”.












