El gran desafío de Cuba hoy es garantizar que las reformas económicas recién aprobadas no se conviertan en un camino hacia el capitalismo, advirtieron este viernes funcionarios cubanos.
Así lo consideró en el programa Mesa Redonda el presidente de la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC), Ricardo Ronquillo Bello, para quien las medidas respaldadas por el Partido Comunista y el Parlamento de la isla deberían convertirse en un instrumento para sostener y revitalizar el socialismo y no para desvirtuar el sistema político y socioeconómico de la isla.
Según Ronquillo, la presión externa y las deformaciones internas han favorecido un cuestionamiento profundo sobre la viabilidad del socialismo y la percepción de un “Estado fallido” en el país, en un momento en que la cotidianidad de los cubanos se vuelve cada vez más dura.
“Hay un consenso general en la sociedad cubana de que no podemos seguir quietos”, afirmó, subrayando que la gravedad de los problemas que sufre Cuba exige decisiones más atrevidas. Para el funcionario, es evidente que las transformaciones planteadas con ritmos lentos y calados superficiales no han resuelto los problemas estructurales acumulados durante años.
En tal sentido, señaló que la urgencia de cambios más profundos se impone, aunque reconoció que entre quienes respaldan el carácter socialista del proceso cubano persisten preocupaciones legítimas sobre los límites ideológicos y consecuencias sociales de las reformas.
Un “pragmatismo súbito” pone al sector privado en el centro de las reformas económicas en Cuba
Restricciones externas y distorsiones internas
El economista Ian Pedro Carbonell Karell, al frente de la Dirección de Políticas Macroeconómicas del Banco Central de Cuba (BCC), describió el contexto actual como uno de los más difíciles de la historia del país, en el que la escasez de combustible y energía ha reducido la actividad económica y el producto interno bruto, generando un impacto devastador en la vida cotidiana.
Carbonell explicó que la falta de divisas, los déficits fiscales financiados con emisión monetaria y la inflación han creado un entorno de gran inestabilidad. El ejecutivo reconoció que el mercado cambiario se mueve principalmente por mecanismos no oficiales, con una rápida depreciación de la moneda, lo que repercute negativamente en los precios de los productos y servicios.
Ante esta situación, planteó la disyuntiva: seguir administrando la crisis con instrumentos tradicionales o transformarlos para adaptarse a la nueva realidad. “La transformación de esos instrumentos tiene un costo menor que continuar con los tradicionales”, afirmó, defendiendo la necesidad de cambios estructurales.
Inserción en la economía mundial
Por su parte, el vicepresidente primero de la Asociación Nacional de Economistas de Cuba (ANEC), Ayuban Gutiérrez Quintanilla, insistió en que el país necesita insertarse de manera efectiva en el sistema económico mundial.
Reconoció que las relaciones comerciales se establecen entre empresas y no solo entre gobiernos, incluso en el caso de “países amigos”. Por ello, subrayó la obligación de crear un sistema empresarial atractivo para inversionistas extranjeros, capaz de generar utilidades y confianza.
Gutiérrez destacó que el reto principal es garantizar servicios básicos como electricidad, alimentación y agua, pero admitió que con esfuerzos propios no se puede resolver el problema energético y que se requiere inversión privada y extranjera.
La novedad, dijo, es que ahora se abre la posibilidad de que cubanos residentes en el exterior y actores privados participen en sectores estratégicos mediante sociedades mercantiles. Sin embargo, aclaró que ciertos bienes inalienables del Estado, como la tierra y el patrimonio nacional, no podrán privatizarse por mandato constitucional.
Propiedad, empresa estatal y planificación de acuerdo al mercado
El debate sobre la propiedad fue uno de los puntos más complejos abordados en la Mesa Redonda.
Gutiérrez explicó que la Constitución establece límites claros sobre los bienes que no pueden ser privatizados, como la educación y la salud. No obstante, ahora se abre espacio para que activos estatales puedan ser gestionados por privados o cooperativas bajo regímenes favorables.
“Lo cierto es que tenemos que lograr que la empresa estatal demuestre que sí tiene la capacidad de ser eficiente”, afirmó.
Para tales propósitos, la clasificación de las empresas estatales es clave: algunas deben proveer bienes públicos sin fines de lucro, mientras otras pueden competir en igualdad de condiciones para generar ingresos al presupuesto, consideró.
La idea, dijo, es avanzar hacia una planificación que no se oponga al mercado, sino que lo utilice como parte de las relaciones económicas. En su opinión, crear un tejido empresarial diverso y competitivo permitiría fomentar un sector exportador capaz de generar divisas y sostener el proyecto socialista.
Sistema financiero y confianza
Carbonell también subrayó la importancia de transformar el sistema financiero para recuperar la confianza de los ciudadanos y actores económicos.
“Ese es el activo más importante que puede tener un banco”, dijo.
Actualmente, los mecanismos de crédito son engorrosos y muchos desisten de solicitarlos, recurriendo a vías informales. La modernización tecnológica y de procesos es indispensable para agilizar la actividad bancaria, reconocen funcionarios y especialistas.
Como parte de las reformas, se prevé la participación de inversión extranjera en el sector financiero y la creación de instituciones privadas nacionales. El objetivo es que el sistema sea funcional, seguro y confiable, capaz de acompañar la actividad económica con fluidez, defienden desde la institucionalidad cubana.
Además, se plantea revisar anualmente el salario mínimo y las pensiones en función del costo de la vida, como parte de un capítulo social extenso que busca evitar que las medidas generen más desigualdad y pobreza, uno de los puntos cuestionados tanto por críticos como por afines al Gobierno.
Desafíos sociales y comunicacionales
En su intervención, Ronquillo insistió en que las transformaciones no deben traspasar las fronteras ideológicas planteadas ni derivar en el capitalismo. En lo comunicacional, alertó sobre el riesgo de que la guerra mediática contra Cuba distorsione el sentido de las reformas.
“Tenemos un desafío enorme en la comunicación institucional y comunitaria”, señaló, recordando que las medidas se anuncian en un momento de interminables apagones y silencio informativo.
El presidente de la UPEC citó al cantautor Israel Rojas, quien para la ocasión recordó una tesis del escritor francés Víctor Hugo: “No hay nada más poderoso en el mundo que una idea cuyo tiempo ha llegado”.

Para Ronquillo, esa idea se traduce en la urgencia de cambios profundos, aunque reconoce que la comunicación será determinante para evitar interpretaciones manipuladas. Desde su punto de vista, la transparencia, la participación popular y el control frente a la corrupción son esenciales para que las reformas puedan legitimarse socialmente.
En la conversación social en las redes, las opiniones trazan un amplio espectro de cuestionamientos, respaldos, frustraciones y reproches.
En particular, muchos apuntan a la evidencia aflorada tras las nuevas reformas de que las numerosas prohibiciones y regulaciones establecidas por el Gobierno durante décadas —y tantas veces cuestionadas por expertos independientes y la propia ciudadanía— formaban parte del inmovilismo o bloqueo estructural en el aparato institucional y ejecutivo de la nación.











