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Que en Cuba haya apagones —larguísimos, interminables— hace mucho que dejó de ser noticia. Que pasen horas y horas, e incluso días, sin que las familias tengan electricidad —a la par de muchas otras carencias— es, tristemente, lo habitual. Esa es la realidad de millones de cubanos desde hace años.
En la Habana Vieja, sin embargo, no lo es tanto. O, más bien, no lo era.


En cuestiones de electricidad, el centro histórico habanero fue por mucho tiempo una zona privilegiada. Mientras el resto del país veía crecer ad infinitum las horas de oscuridad, e incluso cuando en otras partes de la capital los apagones también se multiplicaban, La Habana Vieja conservaba “la luz”.
Su condición de zona patrimonial y turística la protegía de la crudísima situación energética imperante en la isla. A ello, por demás, se unía otro elemento hasta entonces determinante, crucial: el hecho de que el cableado eléctrico sea soterrado, con las implicaciones técnicas que ello supone.


Este privilegio se ha venido abajo con la agudización de la crisis. El marcado deterioro de la infraestructura de generación —con las termoeléctricas rompiéndose una y otra vez—, unido a la falta de combustible, agravada por el asedio petrolero de EEUU, ha traído oscuridades impensadas hasta hace poco tiempo en la Habana Vieja.
Los apagones que pocos meses antes solo llegaban hasta esa zona cuando sucedía una caída del Sistema Eléctrico (SEN) o por inundaciones o averías, comenzaron a aparecer irremediablemente y a extenderse luego por muchas horas, por noches enteras. A visibilizar diferencias y convertir algunos restaurantes y negocios particulares en oasis, en islas de luz.


Como en toda Cuba, los cada vez mayores cortes eléctricos en la Habana Vieja no solo apagan los equipos y los hogares. También ahondan otras oscuridades provocadas por la crisis y encienden —aún más— las preocupaciones y molestias de los vecinos.
A los imperativos del diario —hacer y conservar la comida; garantizar otros servicios básicos, como el agua—, se suma el temor por el daño que estos apagones hacen en la instalación soterrada. Por el desgaste y posibles roturas en una zona en extremo compleja, desde el punto de vista técnico y también social.
A la oscura realidad del centro histórico habanero nos acerca hoy con sus imágenes el fotorreportero Otmaro Rodríguez.





















