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Cinco años atrás, Cuba vivió su mayor conmoción social en décadas. En medio del peor momento de la pandemia de COVID-19, miles de personas se lanzaron a las calles agobiadas por una crisis que parecía que no podía ir a peor, aunque luego lo fue.
Era el 11 de julio de 2021 y sería un parteaguas en la historia contemporánea de la isla.
Lo que comenzó como una manifestación pacífica y espontánea en San Antonio de los Baños, se esparció como la pólvora a lo largo del país, lo mismo en La Habana que en Santiago, Cárdenas que Santa Clara. Las protestas derivarían en cientos de detenciones, actos de vandalismo, enfrentamientos entre manifestantes y las fuerzas del Gobierno, represión y cortes de Internet.


Cinco años después, todavía hay numerosas personas encarceladas por aquellos hechos, muchas de ellas con largas condenas. Opositores y ONGs los cifran en más de mil y los catalogan como presos políticos, al tiempo que las autoridades los descalifican como tal y los consideran agitadores violentos, sediciosos y autores de atentados contra el orden del país.
Mientras, Cuba, lejos de poder revertir el escenario de entonces, vive hoy una crisis aún mayor, ahondada por las renovadas sanciones de EE.UU. y las políticas hasta ahora fallidas del Gobierno.
Aunque ya la pandemia quedó atrás —gracias principalmente a las vacunas que pudieron producirse en la isla en aquellas condiciones tan difíciles—, el panorama actual es mucho peor. La economía ha caído en picada, los apagones se han eternizado, la inflación hace añicos los bolsillos, mientras cientos de miles se han marchado y otros más buscan irse del país.


La Habana, uno de los epicentros de las protestas de 2021, es hoy una muestra de la dramática agudización de la crisis. Si por algún tiempo las autoridades buscaron “proteger” a la capital, por su estratégico peso social y político, la cruda realidad lo ha hecho ya inviable, imposible.
Apagones de hasta más de un día, precios impagables para muchos, montañas de basura que se extienden por cuadras, viviendas y familias al borde del derrumbe —físico y emocional—, violencia y otros delitos en alza, desigualdad y supervivencia descarnadas: tal es el panorama de la ciudad, a la par del que padece todo el país.
La crisis ha vuelto a atizar el malestar ciudadano, a provocar cacerolazos y protestas, aunque por ahora menores que las de cinco años atrás. En este crítico contexto, la isla llega al quinto aniversario del 11J y OnCuba les ofrece una mirada a la muy difícil cotidianidad de La Habana a través del lente de Otmaro Rodríguez.
































