La crisis energética en Cuba parece no tener fondo. Lejos de mostrar —al menos— una mínima mejoría, el panorama eléctrico del país se oscurece cada vez más.
Tras otro fin de semana de apagones desatados, en el que la afectación volvió a superar los 2200 MW —e incluso marcó un nuevo récord negativo el viernes con 2221—, este lunes amanecieron once unidades térmicas desconectadas por averías o mantenimientos.
Junto a la termoeléctrica Guiteras, que tres días atrás sufrió su enésima rotura del año, están sin funcionar tres unidades del Mariel, dos de Nuevitas, dos de Santa Cruz, dos de Renté y una —la 2— de Felton, parada hace varios años como consecuencia de un incendio.
Con semejante escenario, la generación no levanta cabeza. Para el pico nocturno de hoy, la disponibilidad prevista por la Unión Eléctrica (UNE) apenas será de 935 MW. A esa hora la afectación debe ascender hasta los 2195 MW, pero pudiera ser mayor si ocurre otra avería o la demanda supera el pronóstico oficial (3100 MW).
Julio a oscuras
Tras un récord negativo cerrando junio, el séptimo mes del año ha comenzado aún peor.
En sus primeros cinco días, los déficits máximos siempre han sobrepasado los 2000 MW. El día 1 la afectación llegó hasta los 2018 MW; el 2, hasta los 2038; el 3, hasta la —por ahora— nueva marca de 2221; el 4, hasta los 2201; y ayer domingo, hasta los 2083.
Para este lunes la previsión sigue esa misma tendencia, que —según todo indica— debe mantenerse, dado el crítico panorama de la infraestructura de generación y el lógico incremento de la demanda en medio del caluroso verano.
Por demás, no hay indicios de cambios en la generación distribuida, que sigue sin aportar electricidad ante la falta de combustible agravada por el cerco petrolero de EE.UU.
Por ese motivo, un centenar de baterías de motores se mantiene ocioso, al igual que las dos patanas turcas de La Habana y las centrales fuel de Moa y Mariel, mientras los apagones llegan a sobrepasar las 30 horas seguidas en no pocas localidades y circuitos de la isla.













