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El último concierto de Pablo Milanés en Cuba todavía resuena en la memoria de los miles de espectadores que repletaron el Coliseo de la Ciudad Deportiva durante la tarde-noche del 21 de junio de 2022. Aquello fue histórico y mágico, como solo podía corresponder a un cantor y compositor sin cuya obra no terminaría de entenderse gran parte de la historia musical cubana del último medio siglo.
Esa noche, el público vibró durante más de dos horas de concierto y la voz de Pablo hizo que cualquier polémica previa o discusión política pareciera olvidada, al menos en ese tiempo implacable en que la masa diversa que integraba aquel público se entregó, por igual, a sus canciones. Mientras todo aquello sucedía, Fabien Pisani estaba cámara en mano y dirigiendo a su equipo de filmación con la concentración y el ajetreo propios de quien quiere dejar grabado todo cuanto pueda servirle para, más allá de documentar lo acontecido, poder nutrir un proyecto audiovisual que estaba moldeando desde hacía más de una década.
Esa tarde de junio de 2022, ese momento inolvidable, completa el encuadre emotivo que nos muestra Para vivir, el implacable tiempo de Pablo Milanés, un documental con el que Pisani cuenta buena parte de la trayectoria del cantor y sus últimos años, desde dos dimensiones esenciales: el artista incombustible, con una ética inclaudicable y una obra estremecedora, en paralelo al hombre y amigo amoroso, el padre siempre pendiente de la unidad familiar, con la misma delicadeza con que compuso cada una de sus canciones que, aun en la hora más oscura, siguen siendo un faro para cientos de miles de amantes de su música. Ya se sabe lo que sucede con los grandes artistas de una nación: la permanencia de Pablo Milanés es incuestionable.
Para vivir… es la historia de un mito de la canción cubana, de un hombre que supo serlo todo con su voz y es, además, un viaje a través del amor, tanto de esos afectos del realizador hacia su padre —Fabien Pisani es uno de los nueve hijos de Pablo Milanés— que elige contarnos esta historia a partir de una intimidad que logra conectar con el espectador, como ese amor que sirve de relato para la obra que edificó el cantor, ya fuera a cada una de sus esposas, a sus hijos, a sus amigos, a sus ideales, a su público.

Por ello, que ese público pudiera tener acceso a este documental, dialogar y reflexionar sobre esta historia ha sido una de las obsesiones de Fabien Pisani. Desde que Para vivir no fuera seleccionado para integrar la muestra de la pasada edición del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano, el realizador no ha desperdiciado ninguna oportunidad que suponga mostrar su obra a los cubanos, a la par de un recorrido internacional notable. Ocurrió en dos ocasiones en el “cine bajo las estrellas” de la embajada de Noruega en La Habana, y una vez en Casa Vitier García Marruz (CVGM), en una exhibición pensada para amigos y allegados. Pero hasta ahora no se había producido una proyección de Para vivir, el implacable tiempo de Pablo Milanés en un espacio abierto al público, en territorio cubano.

Para vivir juntos la historia de Pablo Milanés, en El Proyecto
Es 4 de octubre de 2026. Lugar: El Proyecto, ese espacio vibrante que ha dado a muchos habitantes de esta ciudad un lugar donde sobrellevar los efectos de un año traumatizante para los cubanos dentro de la isla, marcado por la agudización de los apagones, el alto coste de la vida, el aumento de las precariedades.
En El Proyecto no se eluden las conversaciones sobre cómo está la cosa. El público habitual del espacio sabe que allí hay un refugio para todos los males circundantes y, de paso, el placer de descubrir un grupo de músicos alternativos, jugar pimpón, dominó o ver una buena película de cualquier género.
El espacio, ubicado en la intersección de las calles 11 y 14, en el Vedado, llevaba unas semanas cerrado, reconfigurando cuestiones logísticas, haciendo crowdfunding para conseguir paneles solares u otras fuentes de energía que le permitan seguir operando —aunque ya ha retomado su actividad habitual—, pero se permitió el lujo de abrir sus puertas durante la noche del 4 de octubre para una proyección especial: Para vivir, el implacable tiempo de Pablo Milanés.
El documental de Fabien Pisani estaba, al fin —o nuevamente, según se mire—, a disposición del público cubano, con entrada libre, para todo aquel que quisiera acercarse. Y hubo hasta quien se encaramó a la reja de una ventana para disfrutar de la proyección. Había entre el público personas que crecieron con la música del autor de “Yolanda” y “El breve espacio en que no estás”, otros que nunca lo vieron en vivo, pero se sabían sus canciones, e incluso sectores más jóvenes que estaban conociendo por primera vez la figura del cantor. Pero todos estaban seducidos por cierto estremecimiento, por una sintonía que solo pueden provocar canciones como Para vivir e historias como la contada por Pisani en este documental. El sentido aplauso del público, al final, daba fe de esa vibra.
Y allí estaba Fabien Pisani, conversando con el público, recibiendo el cariño y los parabienes de decenas de espectadores sobrecogidos. “El sentido de hacer este documental es que lo pueda ver la gente. Cada vez que venga a Cuba, quiero encontrar una oportunidad, así, como esta”, comentó el realizador a OnCuba al finalizar la proyección, reiterando una idea con la que ha cargado desde que estrenó Para vivir… con el anhelo de presentarlo en Cuba para ese “público natural” de su trabajo y de las canciones de Milanés.
Desde el estreno del documental, en 2025, el recorrido internacional ha sido notable. En contraste, las ocasiones en que Fabien ha podido presentar su largometraje en la isla han sido limitadas, hasta la fecha. Sin embargo, asegura el creador, quien reside en México, “ya estoy viendo dónde la voy a proyectar la próxima vez que venga. Así tendrá que verse la película acá; al parecer, no hay otra manera ahora mismo”, dice haciendo alusión a la imposibilidad, hasta ahora, de proyectarla en un cine de la capital.
Pero cada vez más público, dentro y fuera de Cuba, tiene acceso a este documental en el que voces como las del propio Pablo Milanés, miembros de su familia y sus cinco esposas convergen con otros valiosos amigos del artista como Joaquín Sabina, Silvio Rodríguez, Harry Belafonte, Víctor Manuel, Ana Belén, Chico Buarque, Xiomara Laugart, entre otros.
Fabien se confiesa sorprendido por cómo ha calado este largometraje entre los diversos públicos que han accedido a él, con el agradecimiento como el sentimiento que vertebra todas las repercusiones que ha recibido. “Ocurre aquí, en Chile, en México, en España, en todos los lugares donde hemos proyectado: la gente se acerca siempre a agradecer, y para alguien que se ha metido 15 años haciendo una película, una empresa de largo aliento, laboriosa, es muy reconfortante ver que la gente lo recibe de esta manera”, comenta.
Para el realizador resulta gratificante que esos públicos hayan conectado con el ser humano que era Pablo Milanés, más allá del mito que es. “Me ha llamado mucho la atención cómo la gente decodificó la película y la ha entendido de manera humana y no superficialmente. Entienden cosas que la película no articula explícitamente, pero están ahí cifradas”, reflexiona Pisani, para quien todo este proceso ha supuesto un aprendizaje y también una forma de reconciliación con el trabajo que le tomó completar 15 años y que vio la luz años después del fallecimiento del cantautor cubano, en noviembre de 2022.
Pablo Milanés, aquejado por una leucemia, cuyo tratamiento no era posible en Cuba, pasó sus últimos años en España. Al inicio del documental, él reflexiona con el realizador y le dice que, sabe, no llegará a ver el resultado final de este proyecto. Ese vaticinio abre la puerta a un documento estremecedor que remueve las emociones de los espectadores en todas direcciones, a medida que se van conociendo detalles y aspectos de una vida marcada por la creación, la resistencia y el amor.
Vale la pena hacer este viaje con Pablo Milanés. De momento, sobre otra oportunidad para emprender dicha ruta, Fabien asegura que regresará en enero. “Sigo buscando lugares para proyectar el documental y ya tengo una pista, creo que sabrosa, para que se vea próximamente”, avisa.

De aquellos “Días de luz” a esta noche iluminada
“El camino de Pablo siempre fue espinoso en este país”. Es la primera reacción de Maiteé Navarro, una habanera de 30 años, que luce eufórica tras ver Para vivir, el implacable tiempo de Pablo Milanés en El Proyecto. “En algún momento, Pablo fue tan grande y universal que no pudo pasar nada que lo desligara de ese sentimiento puro cubano, del amor colectivo que Cuba le tiene. Es algo que se ve a lo largo de toda la película”, comenta la espectadora, quien se recuerda rodeada de amigos en el que fuera el último concierto en Cuba del autor de “Los días de gloria”.
“Se sabía que estaba enfermo y recuerdo que fuimos todos juntos con la idea de que podía ser su último concierto”, rememora emocionada aquella presentación del cantautor en La Habana, como parte de su gira Días de Luz. Cuatro meses después, Pablo Milanés falleció, el 22 de noviembre de 2022.
Aquel día, tras conocerse la noticia del fallecimiento del artista, Maiteé Navarro fue una de tantos cubanos que peregrinó por algunos espacios de la capital donde se homenajeó a Pablo Milanés y así recuerda la ruta realizada: “Fuimos al Pabellón Cuba, fuimos a PM Records y firmamos el libro de condolencias, fuimos al parque de H y 21. Terminamos en el malecón, cantando canciones suyas”.
Para ella, ver este documental ha sido una experiencia conmovedora. “Es que fíjate toda la gente que habla en este documental. ¡Es magistral!”, destaca y se ríe recordando a un joven sentado junto a ella durante la proyección. “Se sorprendió porque me sabía todas las canciones que aparecen en el documental. Claro, es que yo soy hija de mis padres, sobrina de mis tías, nieta de mis abuelos y Pablo es la banda sonora de mi país, de nuestra cultura”.
El gusto por la obra de artistas como Pablo Milanés y la influencia de sus canciones, sus mensajes, es compartido entre generaciones. Y la prueba está en Rafaela Planes Giraudi (63 años) y Dayana Montero Planes (25 años), madre e hija, quienes conversaron con OnCuba al salir de El Proyecto, aún conmocionadas por el documental de Fabien Pisani.
Cuando Dayana supo de la proyección, agarró a su madre y una silla plegable, “por si no encontrábamos asiento libre”, y juntas se trasladaron en una moto eléctrica hasta el Vedado, desde su casa en Centro Habana. “Vinimos a ver este documental muy emocionadas”, comenta la hija, mientras la madre agrega que “Pablo es mi ídolo” y por eso no podían perderse esta oportunidad, a pesar de lo riesgoso que puede resultar trasladarse de noche por las calles de La Habana en un ciclomotor.
“Sentí tanta emoción, a lo largo del documental, que las lágrimas se me salieron, pues se remueven los recuerdos de lo que uno ha vivido con esa banda sonora y descubres cosas que no conocías de la trayectoria de Pablo”, comenta Refaela, al tiempo que Dayana aclara que ella conoce la obra del artista desde pequeña, por su madre y gracias a un entorno familiar donde siempre se han escuchado los discos del autor de “Ámame como soy”.
Cuenta la hija que hace poco vieron juntas un documental que circula por YouTube y “habla del campo de trabajo forzoso en el que estuvo Pablo, de él como músico y las opiniones musicales de otros artistas con respecto a él. Pero este documental que acabamos de ver, creo que aborda más al Pablo hombre de familia, ser humano, amigo, padre, esposo. Uno se sensibiliza con su enfermedad. Siento que, después de todo lo que pasó, los cubanos no nos merecíamos a ese hombre y su obra. Él fue tan maravilloso y le hicieron tanto mal que no es justo”, reflexiona la joven, quien también se dedica a la música.
Ambas rememoran aquellos días previos al último concierto del cantor en La Habana. “Nosotras fuimos de las personas que nos quedamos sin entradas en la primera cola, aquella en que solo vendieron 300 entradas para la sala Avellaneda y el resto las reservaron para instituciones y personas asignadas”, recuerda Dayana, haciendo referencia al incidente que propició que finalmente el concierto de Pablo se desarrollara en el Coliseo de la Ciudad Deportiva.
“Todo el mundo sabía que ese no era un concierto más. Todo el mundo sabía que estaba mayor, que no vivía en Cuba y vino a cantarnos. Tiempo después de su muerte, uno le da un valor incalculable a haber estado allí”, resume la joven.

Las enseñanzas de Pablo Milanés
Para vivir… refleja de manera entrelazada la intimidad del hombre con el frenesí del artista sobre los escenarios, frente a las grandes masas. Para Antonio Milanés (26 años), uno de los hijos del cantor, este documental lo deja con una mezcla de sensaciones, donde prima la nostalgia de muchas situaciones familiares que se exponen en el material y el amor que su padre abarcaba e irradiaba. “Son situaciones donde había mucho amor: la familia reunida, la mesa de dominó, las comidas. Pero más allá de eso, refleja muy bien todo lo que mi papá nos quiso dejar, sus enseñanzas y sus valores, su forma de vivir el amor, la familia, las dificultades, su forma de enfrentarse a las trabas, en general, de la vida”
“Me hace muy feliz ver la cantidad de gente joven, incluso más joven que yo, que ha querido ver esta película. Creo que el hecho de que venga tanta gente a este espacio, interesada por esta figura con la que quizá no tuvieron la relación que tuvimos nosotros, quienes pudimos verlo en vivo y tenemos otro entendimiento de las canciones; que exista todavía esa curiosidad, eso para mí es lo más bonito de esta proyección, ver que eso todavía se mantiene vivo en una parte de los jóvenes”, reflexiona el joven Milanés.
Para Haziel Scull (32 años), resulta incomprensible que este documental aún no se haya podido ver en un cine de la capital, ni que haya sido seleccionado para ser exhibido en el pasado Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano. Tras la proyección en El Proyecto, Scull confiesa que estuvo viendo el largometraje con mucha expectativa, “como si fuera a pasar algo grande, en el sentido ‘censurable’ de la palabra. Pero lo más grande que sucede es que el documental cuenta la vida de Pablo —deduce—, tan importante para entender buena parte de la historia de la música cubana reciente”.
“Pablo —ahonda el joven en su explicación— es parte esencial de esa historia, como lo son Celia Cruz, Los Van Van, Benny Moré y tantos otros. Así que creo que es sano ver este documental como un ejercicio de entendimiento de la historia cultural cubana y cualquier tipo de censura con respecto a ello es un sinsentido. Pero lo que nadie puede censurar es estar en mi casa, al final del día, con un grupo de amigos, proyectando algo que vale la pena, además, en un espacio con mucho valor para todos nosotros ahora”, comenta en alusión a lo vivido en El Proyecto.
“Yo creo que El Proyecto es un espacio que rescata pedazos de la cultura cubana, sobre todo de la filmografía. Un amigo me decía antes que no conocía la historia de Pablo Milanés, que lo conocía de oídas, pero no sabía quién era. Mínimo ya hay una persona que se fue de acá sabiendo quién era ese gigante de la música cubana”, reconoce el joven, mientras inicia el camino de regreso a su casa.

El Proyecto y la chispa de la conjura
“¡Qué clase de película!”, reacciona impresionado David González, fundador y gestor principal de El Proyecto, lugar que durante el último año se ha convertido en uno de los espacios más vibrantes de la capital, paradójicamente, en el que parece el annus horribilis de una ciudad que asiste impotente al enmudecimiento de su vida cultural, cada vez más menguada por los apagones constantes y la agudización de una crisis que ha precarizado, en demasía, la vida de sus habitantes.
En medio de todo ese contexto, El Proyecto se ha convertido, como lo definió The New York Times, en un oasis donde se mezclan la alegría y la política. A lo largo de un año se han proyectado 120 películas, realizado tres exposiciones y 80 conciertos. Y las cifras solo van en aumento. “La sensación de colapso es parte del sistema”, puede leerse en una de las paredes de la casa, propiedad de González, un lugar que se ha convertido en ese refugio en medio de la crisis, un sitio donde encontrarse para ver un documental como Para vivir, el implacable tiempo de Pablo Milanés y luego debatirlo entre amigos.
A David el largometraje de Pisani le parece de los mejores documentales biográficos que ha visto hasta la fecha. Dice que le recuerda a Searching for Sugar Man (2012), sobre la historia de Sixto Rodríguez, un músico desaparecido. “Fabien te muestra al ser humano que había detrás del mito. Eso me gustó mucho. Estoy fascinado con el montaje y cómo quedaron tejidas de forma paralela tanto los avatares de la vida de Pablo como muchas cuestiones de su intimidad, de su persona, de sus fragilidades, de las cosas que lo vulneran a él como artista y persona”.
David opina que proyectar Para vivir… en el espacio que gestiona ha sido como un bálsamo y una declaración de intenciones. “Creo que en este documental hay una esperanza, hay un mensaje entre líneas en el hecho de que haya personas tan grandes como Pablo Milanés que hayan defendido, a capa y espada, lo que significa expresarse con libertad, hacer arte con libertad y lo que es, por encima de todas las cosas, sentirte un hombre libre en un lugar que no lo es”.
En El Proyecto lo único que prima, asegura su gestor principal, son las ganas de proyectar y de compartir el arte en libertad. Con esa intención abren sus puertas desde hace un año.
A lo largo de todos estos meses de trabajo, David se siente feliz con la idea de que los públicos asocien El Proyecto con un sitio de entretenimiento, de difusión de la felicidad, pero aclara que siente que el objetivo principal del espacio es “dar voz a los artistas que no encuentran cabida en ese sistema tan extraño e indescifrable que es la institucionalidad cubana”.
“Esta noche tiene mucha relevancia espiritual y social”, asegura sobre la proyección de Para vivir, el implacable tiempo de Pablo Milanés, al tiempo que lamenta que el largometraje no tuviera un espacio en la pasada edición del Festival Internacional de Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana, tratándose de un realizador cubano con una obra reconocida y de que el documental aborda una figura capital de la cultura nacional.
La proyección del documental de Pisani supuso para David y su tropa de El Proyecto, alivio del impasse que se habían impuesto, obligados por las circunstancias. Los prolongados apagones habían sometido a este espacio a una situación prácticamente insostenible.
Así lo explica el joven gestor: “Este es un circuito eléctrico sumamente afectado. Los apagones duran, normalmente, entre 40 y 50 horas. A lo largo del verano resistimos con un Ecoflow, el inversor que tenemos, pero seguimos dependiendo de la electricidad de la calle para cargar los equipos. Al no tener un kit de paneles solares robusto, compatible con ese inversor, sencillamente decidimos parar por un tiempo”.
No fue muy prolongado. A mediados de octubre, El Proyecto retomó su actividad, con proyecciones de películas cada fin de semana, así como conciertos. “Esto no va a parar, pase lo que pase, aunque tengamos un solo panel solar, seguiremos echando pa’lante”, asegura David.


Después de un año de trabajo, González no se atreve a definir en qué momento está El Proyecto. “Yo lo que sé es que tenemos que seguir caminando, porque tengo la certeza de que si no paramos de caminar, a algún lugar vamos a llegar. Así quiero verlo, aunque es difícil con todos los problemas que hay. A veces el estrés es grande, el costo mental y emocional de llevar algo así en un momento como este es muy elevado, pero todas las noches, aunque me vaya a dormir estresado, lo hago con una satisfacción que es mayor que el estrés, que es el sabernos útiles, el saber que estamos haciendo algo, por más mínimo que sea, para la sociedad cubana, para los jóvenes”.
En esa línea, Fabien Pisani considera, satisfecho, que “lo interesante de este lugar es que es de los pocos espacios en La Habana, ahora mismo, que mantiene la chispa encendida, la chispa de la conjura y del espíritu. Eso depende de la gente y de grupos de amigos, lo que lo hace una experiencia bonita. Es un espacio joven y por eso me ha gustado proyectar este documental acá y que gente joven pudiera verlo”.













