Huevos sorpresa
La crisis en Europa inició con la caída de las fábricas de huevos sorpresas, esos que vienen cubiertos de chocolate. Ya no son tan populares. Hace algunos años se vendían como pan caliente, o como chocolate, que es aún mejor. No importaba cuál era el regalo que engendraban, aquellos huevos recubrían lo desconocido. ¿Y a quién no le gustan las sorpresas? Da igual la edad, la religión, si eres de izquierda o derecha, vegetariano o (lista sin fin). Los compradores de aquellos huevos eran igual de felices si les tocaba un castillo con las instrucciones para armar, que una jirafa. Lo importante en este caso no estaba en el interior, estaba en el instante de apertura de la bola mágica.





