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La receta aplicada por el presidente Donald Trump para lograr un cambio de gobierno en Venezuela no es apta para Cuba, según analistas citados por la agencia Associated Press (AP).
Aunque la estrategia contra La Habana se asemeja en muchos aspectos —bloqueo petrolero, amenaza militar y acusaciones judiciales—, especialistas señalan que las condiciones políticas y sociales de la isla hacen improbable que se repitan los resultados obtenidos en Caracas.
Similitudes en la presión estadounidense
La campaña contra Cuba recuerda la aplicada en Venezuela: sanciones energéticas, despliegues militares en el Caribe y amenazas de intervención. Incluso, Trump ha insistido en que “Cuba es la siguiente”, tras la captura del presidente venezolano Nicolás Maduro en enero, recuerda AP.
En ambos casos, Washington buscó asfixiar económicamente a los gobiernos, privándolos de ingresos o de suministros de petróleo, y acompañó la presión con acusaciones judiciales contra sus líderes.
Sin embargo, “campañas de presión similares no equivalen a resultados similares”, apunta el despacho noticioso a partir del criterio de analistas consultados, quienes advierten que las condiciones de ambos países son distintas.
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Brian Finucane, asesor del International Crisis Group y exabogado del Departamento de Estado, explicó que en Venezuela existía un sucesor inmediato —Delcy Rodríguez— con el aval de EE.UU., pero en la isla “no hay un sucesor evidente que vaya a trabajar con el gobierno de Trump”.
“En Cuba no hay una Delcy”, señalaron igualmente a AP funcionarios cubanos bajo anonimato.
Por demás, la acusación contra Raúl Castro, de 94 años, por el derribo de los aviones de Hermanos al Rescate en 1996, no tiene el mismo peso que imputar a un presidente en funciones por narcotráfico, opinan expertos consultados.
El factor militar y su alcance limitado
La operación contra Maduro incluyó un despliegue militar sin precedentes en América Latina: portaaviones, buques anfibios y más de 150 aeronaves. En contraste, la presencia actual de fuerzas estadounidenses en el Caribe es menor.
Aunque el portaaviones USS Nimitz y otros buques acompañaron el anuncio de cargos contra el expresidente cubano, se trató de maniobras rutinarias. “Una incursión relámpago para capturar a Raúl Castro no tendría el mismo resultado en Cuba”, advirtió Finucane.
Las sanciones energéticas también difieren. En Venezuela, Washington bloqueó exportaciones para privar al gobierno de ingresos, pero luego permitió que parte del crudo llegara a refinerías de EE.UU. y luego promovió cambios en la legislación venezolana favorables a sus intereses.
En Cuba, por el contrario, el embargo busca impedir importaciones, agravando la escasez de electricidad y gasolina, y haciendo aún más difícil la subsistencia cotidiana. La isla declaró recientemente que se había quedado sin reservas, lo que intensificó la crisis energética.
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Acusaciones judiciales y su impacto político
El Departamento de Justicia utilizó cargos de narcoterrorismo contra Maduro para justificar su captura. En Cuba, la acusación contra Raúl Castro por asesinato y destrucción de aeronaves busca escalar la presión, pero no altera el funcionamiento del gobierno.
William LeoGrande, profesor en American University, señaló que Castro conserva influencia, pero no dirige el día a día. “Capturarlo no cambiaría la estructura del poder en la isla”, afirmó.
Trump ha repetido que “Cuba está lista para caer” y calificó al país como “fracasado”. A la par ha advertido a los líderes cubanos que se alineen o enfrenten el poderío estadounidense.
Sin embargo, la retórica no se ha traducido hasta el momento en acciones militares concretas, comparables a las llevadas a cabo en Venezuela. La estrategia parece más simbólica que operativa, diseñada para aumentar la presión sin comprometer recursos a gran escala.
El fantasma de una crisis migratoria
La presión excesiva sobre Cuba podría tener efectos colaterales. Finucane advirtió que desestabilizar la isla podría provocar un éxodo hacia Florida, un tema sensible para Trump, que ha hecho de la inmigración un eje central de su política.
Una oleada de migrantes irregulares de Cuba pondría a prueba la capacidad de respuesta de EE.UU. y podría alterar la dinámica política interna.
En 1980, la llegada en pocos meses de unos 125 mil cubanos que salieron por el puerto de Mariel rumbo a territorio norteamericano fue uno de los factores que costó la reelección del demócrata James Carter, junto con el fracaso del rescate de los diplomáticos estadounidenses mantenidos como rehenes en la propia embajada de Washington en Teherán.
Con todo ello, si bien la estrategia de Trump contra Cuba reproduce elementos aplicados en Venezuela, las diferencias estructurales, militares y sociales hacen improbable un desenlace similar. Para los expertos consultados por AP, la receta venezolana no es apta para la isla, y cualquier intento de replicarla enfrenta obstáculos que podrían generar más riesgos que beneficios.












