El Gobierno de Cuba aseguró estar dispuesto a mantener las condiciones actuales de su asociación minera con la compañía canadiense Sherritt International si se concreta una operación para incorporar capital mayoritario de EE. UU. a la empresa.
Así lo afirmó el ministro de Energía y Minas, Vicente de la O Levy, en una entrevista con la agencia Reuters, en la que también abordó el tema de la crisis energética en la isla bajo las sanciones y el cerco petrolero de Washington y negó cualquier vínculo de La Habana con los envíos de combustible incautados recientemente por las autoridades estadounidenses.
El funcionario precisó que una eventual adquisición por parte de la firma estadounidense Gillon Capital afectaría a las acciones de Sherritt, no a la participación de la compañía canadiense en la empresa mixta con Cuba que explota los yacimientos de níquel y cobalto de Moa, en Holguín.
“Siempre hemos dejado claro que la empresa estadounidense compraría acciones de Sherritt, no de la empresa mixta”, declaró De la O Levy a Reuters.
La aclaración se produce en medio de las negociaciones para una posible recapitalización de Sherritt, que busca superar sus dificultades financieras y las consecuencias de las sanciones estadounidenses sobre sus operaciones relacionadas con Cuba.
El ministro aseguró que, de pasar Sherrit a manos de inversores estadounidenses, La Habana estaría dispuesta a continuar trabajando bajo las reglas actuales de la asociación. No obstante, advirtió que “cualquier reinicio requeriría conversaciones sobre cómo suministrar combustible y repuestos, así como sobre cómo gestionar los pagos por exportaciones e insumos de producción”.
“Si la intención es reanudar la producción de níquel, todas esas cuestiones tendrían que resolverse”, señaló de la O Levy.
Dos propuestas para controlar Sherritt
Como informó OnCuba en agosto, dos grupos de inversores con respaldo estadounidense compiten por hacerse con una participación mayoritaria en Sherritt International, compañía que durante más de tres décadas ha sido uno de los principales socios extranjeros del sector minero cubano.
Gillon Capital, firma vinculada a la familia del empresario texano Ray Washburne, alcanzó en mayo un acuerdo preliminar no vinculante para adquirir alrededor del 55 % de Sherritt mediante una colocación privada de acciones. Washburne dirigió la Corporación de Inversión Privada en el Extranjero durante el primer mandato de Donald Trump.
Una segunda propuesta fue presentada por un consorcio integrado por el fondo británico Kyma Capital, el inversor Trifon Natsis, el gigante de materias primas Glencore y un inversor estadounidense no identificado. El grupo planteó una recapitalización alternativa que también permitiría hacerse con una participación del 55 % de la compañía canadiense.
No obstante, la operación sigue sin concretarse.
En una reciente actualización sobre el tema, Sherritt confirmó que mantenía conversaciones con Gillon Capital y otras posibles fuentes de financiación, pero advirtió que no podía garantizar que llegara a un acuerdo definitivo. Ese mismo día, un tribunal de Ontario rechazó una solicitud de Kyma Capital para forzar la celebración anticipada de una junta de accionistas, que permanece programada para el 15 de diciembre.
La disputa entre ambos grupos se desarrolla mientras Sherritt intenta conseguir el capital necesario para estabilizar sus finanzas y recuperar sus operaciones. La empresa ha advertido de que atraviesa una situación de liquidez restringida y que la incertidumbre puede poner en duda su continuidad como negocio.
Producción paralizada
La situación de Sherrit se agravó después de que la Administración de Donald Trump firmara el 1 de mayo una orden ejecutiva que amplió las sanciones contra personas y empresas vinculadas con sectores estratégicos de la economía cubana.
Seis días después, el Departamento de Estado utilizó esa autoridad para sancionar a Moa Nickel S.A., una empresa mixta de Sherritt con el Estado cubano. En consecuencia, la compañía canadiense suspendió sus actividades en Cuba, aun cuando no fue sancionada directamente.
La paralización de las operaciones mineras y de procesamiento de Moa por este motivo, unido a las dificultades para recibir combustible y otros suministros, ha tenido un impacto negativo tanto en Cuba como en la empresa canadiense.
Si bien frenó la disolución de sus activos cubanos, la compañía ha sufrido la renuncia de varios directivos y ha advertido que podría no tener suficiente dinero para seguir operando sin nueva inversión. Además, su refinería en Fort Saskatchewan, Alberta, también detuvo la producción en junio, después de agotar sus reservas de mineral procesado que se enviaban desde Moa.
La sociedad minera de Moa está estructurada como una asociación al 50 % entre Sherritt y la estatal cubana General Nickel Company S.A. Una eventual adquisición de acciones de la compañía canadiense no modificaría automáticamente esa distribución de la propiedad de la empresa mixta.
No obstante, quedaría por ver cómo podría mantenerse el funcionamiento de esta empresa con los presumibles nuevos accionistas de EE. UU. en un escenario marcado por las sanciones estadounidenses y las restricciones que estas imponen a las relaciones comerciales y financieras de la isla.












