Las transformaciones clave
El primer gran cambio afecta a la inversión extranjera. La medida 119 estimula la participación de inversión extranjera en empresas privadas y cooperativas, mediante la creación de empresas mixtas y contratos de asociación económica internacional. Un fondo español, un inversor de la diáspora o una empresa extranjera puede comprar una participación en tu empresa, pero eso exige un proceso complejo: due diligence, valoración de activos, estructuración del joint venture y aprobación ante MINCEX.
El riesgo es que los extranjeros, con mayor capacidad financiera y tecnológica, desplacen a los locales o se aprovechen de su asimetría de información. El proceso es complejo y costoso, y las empresas locales sin preparación pueden salir perdiendo.
El segundo gran cambio es la reducción de actividades prohibidas. La medida 27 reduce la lista de actividades prohibidas para los actores económicos no estatales. Sectores antes vedados —agro, energía, financiero, turismo— se abren a nuevos actores. Puedes entrar en negocios que antes te estaban vedados, pero esta apertura también permite la entrada de grandes actores internacionales y locales con mucha mayor capacidad de inversión y escala, si cambiase eventualmente la relación entre Cuba y los Estados Unidos.
El pequeño emprendedor que intente competir en energía o banca probablemente será barrido. La apertura beneficia a quienes ya tienen capital, contactos y capacidad de gestión. Para el resto, puede significar competencia y desaparición.
El tercer cambio relevante es la apertura bancaria y financiera. El paquete incluye medidas ambiciosas: ampliación de instituciones bancarias y no bancarias con capital privado (84), apertura de cuentas en divisas sin autorización previa (86), nuevos productos crediticios y recuperación del crédito bancario (89, 92), y creación de un mercado cambiario digital con casas de cambio privadas y sistema de subastas (99).
En teoría, más acceso al crédito y a las divisas. Puedes abrir cuentas en USD sin pedir permiso y acceder a préstamos de nuevos bancos privados. Pero la banca privada seguramente concentrará sus servicios en clientes grandes y rentables.
Las mipymes pequeñas seguirán teniendo dificultades para acceder a crédito. Además, la devaluación (medida 100) encarecerá los costos en divisas, y el crédito en moneda extranjera puede volverse impagable si tus ingresos están en pesos.
El cuarto cambio es la eliminación del tope de 100 trabajadores. La medida 20 elimina el límite que hasta ahora tenían las mipymes. Las empresas que superen esa cifra se clasificarán como “empresas privadas”. Puedes escalar sin barrera legal, pero crecer implica rediseñar tu estructura organizativa, manuales de funciones, políticas de compensación y clima laboral. El crecimiento implica mayores costos y riesgos que no todas las empresas pueden asumir.
El quinto cambio permite que una persona sea titular o socio de múltiples empresas. Las medidas 21 y 23 establecen que la ley ya no obliga a concentrar todos los negocios en una sola figura. Una misma persona natural puede ser titular de varias empresas privadas y tener participación accionaria en más de una.
Puedes diversificar riesgos y aprovechar distintos nichos sin necesidad de cambiar de socio o crear estructuras complejas, abriendo la puerta a holdings personales. Pero la diversificación mal gestionada puede diluir tu enfoque y tu capital. Tener tres negocios no es mejor que tener uno bien gestionado.
El sexto cambio introduce nuevas formas societarias: llegan las sociedades anónimas. La medida 22 amplía las formas bajo las que pueden organizarse las empresas privadas, incluyendo las sociedades anónimas por acciones. Una mipyme puede convertirse en S.A., emitir acciones y captar capital de inversionistas sin ceder el control total. Pero la S.A. implica mayores requisitos de gobierno corporativo, transparencia y cumplimiento fiscal. No es un paso que deba darse a la ligera, y si la regulación es compleja, podría desincentivar a muchos.
El séptimo y más ominoso cambio es la devaluación anunciada. La medida 100 establece devaluaciones sucesivas de la moneda nacional. Las empresas que no soporten la devaluación serán liquidadas. El peso perderá valor frente al dólar de forma continuada y los precios internos subirán. Si tus costos están en divisas y tus ingresos en pesos, tu margen se comprime hasta desaparecer. Muchas empresas quebrarán.
Cuando hay aperturas y liberalizaciones, suele batir el optimismo. Es natural: la promesa de nuevas oportunidades, de espacios antes vedados, de reglas más flexibles, genera expectativas. Pero es necesario verlo con pragmatismo. Lo que realmente está cambiando es el terreno de las condiciones de operación. Y en todo cambio de terreno, hay quienes saben adaptarse y quienes quedan fuera. No es fatalismo, es realismo: el éxito no estará repartido por igual. La capacidad de adaptación, el acceso a información y la preparación técnica marcarán la diferencia entre quienes logran aprovechar las grietas que se abren y quienes quedan atrapados en las que se cierran.