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La inflación volvió a acelerarse en Cuba durante septiembre, en una señal de que la crisis económica y energética continúa trasladándose a los precios que enfrentan diariamente los consumidores.
La Oficina Nacional de Estadística e Información (ONEI) informó que el Índice de Precios al Consumidor (IPC) aumentó 3,37 % en el mes y acumuló una subida de 24,85 % entre enero y septiembre, mientras la inflación interanual escaló hasta el 28,44 %, recoge un despacho de la agencia española EFE.
El comportamiento coincide con los meses de mayores tensiones derivadas del endurecimiento de las restricciones estadounidenses sobre el suministro de combustible hacia la isla y con la persistencia de graves problemas de abastecimiento.
Sin embargo, especialistas subrayan que la inflación medida oficialmente ofrece una visión parcial de la realidad económica del país. El indicador se calcula sobre el mercado formal, mientras una parte creciente del consumo de los hogares transcurre en circuitos privados e informales, donde los precios tienden a ser significativamente más elevados y volátiles.
Los alimentos vuelven a liderar el encarecimiento
Los datos divulgados por la ONEI muestran que alimentos y bebidas no alcohólicas concentraron el 73,39 % de la incidencia total en la variación mensual del índice general de precios. Ello confirma una tendencia observada durante todo el año: el costo de la alimentación continúa siendo el principal motor inflacionario.
Entre los productos que más aumentaron de precio en septiembre figuran el refresco en polvo, con un alza de 17,73 %; las salchichas y perros calientes, con 11,72 %, y la carne de cerdo, con 10,69 %. Asimismo, el organismo identificó al cerdo, los huevos y el jamón entre los productos con mayor incidencia en el incremento general de los precios de los alimentos.
Por divisiones, el aumento interanual más pronunciado se registró en bebidas alcohólicas y tabaco, con 46,71 %, seguido por alimentos y bebidas no alcohólicas, con 42,66 %; restaurantes y hoteles, con 39,11 %, y transporte, con 24,80 %.
La situación confirma observaciones realizadas meses atrás por el economista cubano Pedro Monreal, quien señaló que la inflación de 2026 había retornado a su patrón tradicional después del impacto inicial del denominado “cerco energético”.
Según su análisis sobre julio, tras una primera fase marcada por el encarecimiento del transporte, los alimentos volvieron a convertirse en el principal factor explicativo de la subida general de precios.
El efecto del cerco petrolero
La evolución de la inflación ocurre en un contexto de severas dificultades para garantizar el abastecimiento energético del país. Las limitaciones para importar combustible han reducido la disponibilidad de transporte, encarecido la logística interna y afectado la producción de bienes y servicios.
“Ninguna empresa estatal cubana ha logrado conseguir un contrato de combustible, ya sea por pequeñas o grandes cantidades”, aseguró el ministro de Energía y Minas, Vicente de la O Levy, y añadió que las importaciones privadas no cubren “ni siquiera el 3 %” de las necesidades del país.
Ese impacto ya había sido advertido por diversos economistas al analizar los datos de mediados de año. Monreal observó entonces que el endurecimiento de las sanciones estadounidenses agravaba desequilibrios estructurales preexistentes y amplificaba los costos asociados a una economía altamente dependiente de las importaciones.
En septiembre, los efectos de esa situación continuaron reflejándose en los precios finales, especialmente en aquellos productos que dependen de materias primas importadas o de cadenas de distribución afectadas por la escasez de combustibles.
La combinación entre menor disponibilidad de energía, dificultades logísticas y una oferta insuficiente contribuye a sostener presiones inflacionarias que terminan trasladándose al consumidor.

Una inflación que no refleja todo el mercado
No obstante, la principal limitación de la cifra oficial radica en su alcance. Aunque el 28,44 % anual representa una tasa elevada, numerosos economistas consideran que la inflación real percibida por los ciudadanos podría ser considerablemente mayor.
La razón es que el IPC cubano no incorpora plenamente el comportamiento de los mercados informales y privados, que han pasado a desempeñar un papel central en la adquisición de alimentos, medicamentos y artículos básicos.
Para una parte significativa de la población, las compras cotidianas se realizan fuera de los circuitos estatales tradicionales. En esos espacios, los precios responden principalmente a la escasez, al tipo de cambio informal y a los costos de importación, factores que suelen provocar aumentos mucho más rápidos que los registrados oficialmente.
Monreal ha señalado en varias ocasiones que las estadísticas oficiales podrían estar subestimando la magnitud real del fenómeno inflacionario. Como referencia, recordó que en julio la tasa interanual oficial era de 20,7 %, mientras estimaciones alternativas, como las recogidas por el Hanke Inflation Dashboard, situaban el crecimiento de los precios en niveles sustancialmente superiores.
Más allá de las diferencias metodológicas, el contraste pone de relieve una realidad difícil de ignorar: la inflación que experimentan los hogares no necesariamente coincide con la que reflejan los indicadores oficiales.
El repunte de septiembre ocurre además en un escenario de pérdida continuada del poder adquisitivo. Los ingresos de amplios sectores de la población siguen creciendo a un ritmo inferior al de los precios, especialmente en alimentos.
Según Monreal, durante años el rezago de salarios y pensiones frente a la inflación actuó, en la práctica, como un mecanismo de contención de la demanda. Sin embargo, el economista advierte que el empobrecimiento generalizado y la disminución del gasto real ya no resultan suficientes para frenar la escalada de precios.
La economía cubana arrastra una profunda contracción acumulada desde 2020, que este año podría ser de 10,3%, y enfrenta simultáneamente una crisis productiva, financiera y energética. En ese contexto, las presiones inflacionarias continúan alimentándose tanto de factores internos como externos.












