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La bandera cubana aparece al lado del nombre de Davisleydi Velazco en todos los registros oficiales de World Athletics. No debería ser este un acontecimiento; a fin de cuentas, la triplista nació en la isla y vistió el uniforme de las cuatro letras toda su vida hasta 2023, cuando decidió emigrar y quedó automáticamente marginada de competir bajo el amparo de las instituciones deportivas antillanas en los principales escenarios internacionales.
Ni el Mundial de Tokio 2025 ni las tres citas del orbe en pista cubierta organizadas entre 2024 y 2026 aparecen en la hoja de ruta de la camagüeyana, quien salió de Cuba en la segunda mitad de 2023 y se aventuró a cruzar cuatro fronteras hasta llegar a Estados Unidos.
“Mi carrera se veía estancada. No veía proyección ni crecimiento. Llevaba desde el 2020 con la misma marca. Entre la situación económica y mi carrera, dije que tengo que darle un giro a mi vida y tomé la decisión de irme de Cuba”, explicó a finales del pasado año en una entrevista con el medio boricua El Vocero.
Sin embargo, emigrar no siempre es un billete exprés para representar a otras naciones y concursar en los grandes eventos internacionales, dígase Mundiales o citas multideportivas como los Juegos Olímpicos. A esta altura, eso lo tiene bastante claro la propia Velazco, quien justo el día de su cumpleaños 27 ha decidido emprender el camino de retorno y volver a defender los colores de la bandera cubana, esa que en todo momento ha permanecido junto a su nombre.
Así lo informó este viernes en exclusiva el sitio especializado Deporcuba luego de consultar fuentes oficiales de la Federación Cubana de Atletismo. La incorporación de la triplista tendrá “efecto inmediato”, por lo que estará la próxima semana con la selección caribeña en la primera edición del Ultimate Championship, un certamen bienal por invitación donde se reunirá la crema y nata del campo y pista a nivel mundial.
Una progresión meteórica… lejos de Cuba
Davisleydi Velazco saltó 14.34 metros en una competencia especial celebrada en el Estadio Panamericano de La Habana en marzo de 2020. En ese momento, la marca era lo mejor de una carrera promisoria, que incluía hasta una medalla de bronce en el Mundial Sub-20 celebrado en Bydgoszcz, Polonia, en el verano de 2016.
Sin embargo, su progresión se frenó en seco. Por espacio de cinco años no fue capaz de mejorar su registro cimero, algo que cambió radicalmente en 2025, ya entrenando en Puerto Rico bajo la tutela del también antillano Ubaldo Duany, preparador de talla mundial por sus éxitos con la colombiana Catherine Ibargüen.
“El profesor Duany me contacta y me dice que me vaya para Puerto Rico a entrenar. No lo pensé dos veces por la trayectoria que él tiene y porque también es cubano”, recordó Velazco a finales del año pasado, poco después de una explosión meteórica que la llevó a ocupar la tercera posición en la final de la Liga de Diamante.
Ese resultado fue la guinda del pastel para una temporada también excepcional a nivel de marcas, pues llevó su registro personal hasta los 14.72 metros, además de consolidarse sobre los 14.60 en la mayoría de las competencias. Pero no se detuvo ahí y en 2026 siguió escalando hasta dominar sin contratiempos los 14.80 y convertirse en la tercera cubana que supera la barrera de los 15 metros.
Carrera diabólica, explosividad en los ataques a la tabla de batida y pura potencia en el paso, el despegue y el vuelo han marcado su irrupción definitiva en la élite del triple femenino, sobre todo después de estampar un espectacular registro de 15.13 en Doha, la quinta mejor marca de todos los tiempos entre cubanas, solo por detrás de Yamilé Aldama (15.29 y 15.27) y Yargelis Savigne (15.28 y 15.20).
“Con Duany he dado un giro de 360 grados, tanto en crecimiento personal como en lo profesional. Todos los días agradezco por lo que él me enseña día a día. Antes de venir para acá [a Puerto Rico] era una Davisleydi y ahora siento que soy otra totalmente diferente”, sentenció la triplista camagüeyana.
Los motivos de un “fichaje” inesperado
Cuando Davisleydi Velazco salió de Cuba en 2023, quizás no tenía en mente regresar a competir con su país. De hecho, desde que comenzó a entrenar en tierras boricuas, entendió que allí podría abrirse la posibilidad de concursar en la élite vistiendo una nueva franela.
“Estoy abierta a competir por Puerto Rico; si Puerto Rico me da la oportunidad, estaría encantada”, dijo la cubana en diciembre de 2025. Luego, en mayo de este año, reiteró la idea, aunque siempre dejó claro que no había recibido acercamientos de las autoridades del atletismo y el deporte de ese país.
En la misma línea, Sara Rosario, presidenta del Comité Olímpico boricua, aseguró a finales del pasado año que no tenía muchos datos sobre la cubana y que no había conversaciones en marcha para su probable incorporación a las filas puertorriqueñas.
“Desconocemos su estatus migratorio en términos de si tiene pasaporte americano, o si cumple con la definición que nosotros tenemos de nacionalidad”, apuntó Rosario, bajando un poco la euforia que se había levantado por los resultados internacionales de Velazco y sus deseos manifiestos de defender los colores de la Isla del Encanto.
Al margen de esta “frialdad” en la postura de las autoridades boricuas, el proceso para representar a Puerto Rico iba a ser demasiado engorroso y probablemente demorado para Davisleydi, pues tendría que obtener la nacionalidad estadounidense para después solicitar el cambio de federación a World Athletics y los correspondientes permisos del Comité Olímpico Internacional.
Mientras el reloj corría, estaba en riesgo de perder su tren para el Campeonato Mundial de 2027 en Beijing, los Juegos Olímpicos de Los Ángeles o la cita del orbe bajo techo que también se celebrará en 2028 en Bhubaneswar, India.
Con todas estas cartas sobre la mesa, la opción de volver a representar a Cuba cobró fuerza y sentido para una chica que está en plena madurez competitiva y tiene el sueño de brillar en las grandes citas del atletismo. Solo debía levantar el teléfono, comunicar su voluntad a las autoridades de la isla y esperar por una respuesta positiva, la cual, por fortuna, ha llegado y pronto.

De esta forma, Velazco será otra carta de la escuadra nacional de atletismo que no reside en Cuba, como mismo sucede con Juan Miguel Echevarría, quien vive en España y entrena con Iván Pedroso en Guadalajara. Esta es una fórmula completamente extendida a nivel mundial, pero que en la isla ha costado asimilarla, por lo que se han perdido varios talentos en el camino que hoy podrían aportar a la causa deportiva antillana.
El impensado camino de regreso
El éxodo ha golpeado fuertemente al movimiento deportivo cubano en el presente siglo. Cientos de atletas de las más disímiles modalidades han dejado atrás la isla para buscar oportunidades profesionales lejos de su tierra, mientras otros simplemente decidieron emigrar y hacer una nueva vida sin ningún tipo de vinculación con el mundo del músculo.
De ese gran grupo, muy pocos han apostado por regresar al sistema competitivo cubano, ya sea a sus certámenes domésticos o a los equipos nacionales. No obstante, desde 2018 hasta la fecha se puede apreciar una leve tendencia de cambio en ese sentido, con reinserciones importantes, sobre todo en disciplinas colectivas como el voleibol, el béisbol, el balonmano o el fútbol, este último hasta con incorporaciones de jugadores de raíces cubanas, pero que ni siquiera nacieron en la isla o se marcharon muy pequeños.
El balonmanista Jorge Luis Paván, que hasta llegó a jugar con la selección de Catar en eventos internacionales, los voleibolistas Robertlandy Simón y Michael Sánchez o el futbolista Onel Hernández son algunos de los casos que podemos rescatar apelando a la memoria y sin escudriñar demasiado en los archivos.
Obviamente, los nombres más sonados son los de la pelota. Erisbel Arruebarrena, Leslie Anderson, Yadir Drake o Alexei Ramírez, todos vinculados en el pasado a organizaciones de MLB, no solo regresaron a los equipos Cuba, sino que también se comprometieron a jugar en la Serie Nacional con equipos provinciales.
Además, están los casos de Yoenis Céspedes, Yoan Moncada, Luis Robert Jr., Andy Ibáñez, Onelki García, Lorenzo Quintana, Yoan López, Luis Miguel Romero o Roennis Elías, por solo mencionar algunos peloteros activos en el sistema de Ligas Mayores o con contratos profesionales que obtuvieron los permisos correspondientes en Estados Unidos y aceptaron el llamado de las autoridades cubanas para participar en las dos últimas ediciones del Clásico Mundial.
Ahora, el retorno de Davisleydi Velazco a las filas de la selección nacional de atletismo será un nuevo precedente positivo para el movimiento deportivo cubano y las relaciones con su diáspora, que históricamente han estado marcadas por un distanciamiento casi total. Revertir esa tendencia debería ser una prioridad.











