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Al inicio del Paseo del Prado, muy cerca del túnel de la bahía y de la fortaleza de La Punta, el Parque de los Enamorados ocupa un lugar singular dentro del paisaje habanero. También conocido como Parque de los Mártires o Parque de la Cárcel, se extiende sobre el terreno que ocupó la antigua Real Cárcel de La Habana, construida en la primera mitad del siglo XIX.
De aquella prisión, construida por orden del capitán general Miguel Tacón, quedan vestigios integrados al parque, y también la memoria de figuras como José Martí —quien estuvo recluido allí— y del tristemente célebre fusilamiento de los ocho estudiantes de Medicina, en 1871. Todo ello le otorga un carácter histórico y patrimonial que merecería el mejor resguardo.


Con una peculiar forma de triángulo, el parque está situado cerca de lugares relevantes de la zona, como la Embajada de España y el lujoso Hotel Packard. Cuenta también con árboles y jardines, que le dan un toque de verdor al lugar, así como con piezas de valor artístico y conmemorativo, entre las que destaca la Fuente de los Mártires, una de las primeras esculturas públicas de Rita Longa.
La denominación de Parque de los Enamorados pertenece, sin embargo, a otra experiencia del espacio. Frente a la solemnidad de los monumentos, este lugar ha sido también sitio de descanso, de encuentro y romance. Sus bancos, la sombra de los árboles y la cercanía del Prado lo convirtieron en un lugar propicio para parejas y transeúntes, en busca de pausa y complicidad.


A pesar de su historia y trascendencia cotidiana, el Parque de los Enamorados muestra hoy una escena de deterioro y abandono. Al igual que sucede con muchos otros espacios de La Habana y toda Cuba, la desidia y el vandalismo han dejado su nefasta huella en el lugar, como dolorosa confirmación del impacto de la crisis en el entramado público y social del país.
Asientos en mal estado, desechos acumulados, personas que duermen en sus bancos y hasta manchas y grafitis en la escultura de la fuente son hoy parte de la imagen de este sitio entrañable para muchos habaneros, aun cuando conserva parte de sus piezas y áreas verdes y sigue ofreciendo un discreto refugio en medio del trasiego de la ciudad.
Así nos lo muestra el fotorreportero Otmaro Rodríguez en su recorrido fotográfico del domingo.















