El mismo día que el presidente Donald Trump decidió reclamar su cuota de protagonismo en la Copa Mundial de Fútbol 2026, para “ensuciar” con ello la hasta ahora imagen positiva del torneo norteamericano, Brasil se hundió en otro decepcionante desempeño.
La eliminación de “la Canarinha” —para muchos sorpresiva, para otros, no tanto—, a manos de Noruega en octavos de final, “amortiguó” por unas horas el impacto de la presumible y escandalosa intromisión del mandatario en los destinos del torneo.
La jornada dominical comenzó con muchos llevándose las manos a la cabeza. Cuenta el New York Times que fue una llamada de Trump a su amigo y presidente de la FIFA, Gianni Infantino, lo que salvó a la estrella local Folarin Balogun de cumplir ante Bélgica la sanción de un partido que siempre viene aparejada a una tarjeta roja.
Pero la noticia del día fue perdiendo decibeles a medida que el duelo entre brasileños y noruegos en Nueva York fue decantándose a favor de los nórdicos.
¡Noruega está en Cuartos de Final! 🇳🇴#CopaMundialFIFA
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Haaland extiende la sequía brasileña
Acertaron quienes vieron a los vikingos con posibilidades de despedir a la tropa que el reputado Carlo Ancelotti preparó para cortar la sequía brasileña en estas lides, que llegará ya a 28 años. Esas opciones cobraron enteros cuando Bruno Guimaraes, designado para el cobro de una pena máxima alertada por el VAR, vio su disparo rechazado por el arquero Nyland.
El arriesgado presagio terminó por confirmarse con los dos imparables remates de Erling Haaland a la puerta defendida por Alisson Becker: uno de cabeza, ganando la posición de los experimentados centrales sudamericanos, y otro raso y fuerte, lo más ajustado posible al palo.
Eso le bastó al “Cyborg” para dejar al arquero noruego fuera de la discusión por el premio al mejor del partido, por más que su compañero sacara balones “emponzoñados”, como el que amenazó con colarse en la escuadra después del desvío de uno de los suyos.
El 1er gol de Haaland 🇳🇴 v Brasil 🇧🇷 pic.twitter.com/gPJ4VfB93r
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Ante la situación límite, Ancelotti tiró del talismán Neymar Jr., y esto solo dejó constancia de que la tarde de Nyland no era perfecta. El penal exquisitamente ejecutado por Ney, ya en tiempo añadido, ni siquiera fue bálsamo para una herida cada vez más abierta.
Vinicius Jr. y compañía regresan a casa a esperar otros cuatro largos años para intentar redimirse, una imagen que contrasta con la de Haaland a los mandos de la ya icónica coreografía que hace cada vez más cómplice al equipo nórdico con su afición.
Remaron los noruegos, al compás marcado por un tambor y un inconfundible grito, sobre una marea verdeamarelha. Estuvieron nuevamente guiados por su goleador, que llegó a siete dianas en el torneo para igualar —nada más y nada menos— a Messi y Mbappé.
Ødegaard le dejó a Haaland hacer el remo vikingo con la hinchada de Noruega post batacazo a Brasil
Y la emoción de Erling Braut pic.twitter.com/ZzaXAYLD2b
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Turbia polémica
A la par del espectáculo, la FIFA se agarraba a un artículo de su reglamento para complacer —dicen no pocos— a Trump y dejar con ello en papel mojado la protesta de la federación belga, que después de liberar un comunicado condenatorio inició un proceso formal de apelación.
El mandatario estadounidense no tardó en celebrar el gesto que ya ha sido bautizado por la prensa como el “Balogun Gate”.
USA-USA-USA 🦅 https://t.co/yKnJxew9tU pic.twitter.com/75KmExgrUJ
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A contrapelo de Trump y la FIFA, el máximo organismo del fútbol europeo, la UEFA, se unió a la condena de los belgas y muchos aficionados en el mundo.
“Cuando la certeza de las reglas ya no está garantizada por quienes deben velar por ellas, la integridad del juego queda en entredicho y la credibilidad de una competición se ve socavada”, dijo el organismo en un contundente comunicado, en el que asegura que “se ha cruzado una línea roja” al adoptar una decisión “inédita, incomprensible e injustificable”.
Si la apelación no prospera, pierden los europeos y marca Balogun; Infantino rezará por otro milagro que le sirva de cortina de humo ante tantos señalamientos.
Inglaterra se cura en el Azteca
La pesadilla de Inglaterra, con el estadio Azteca de la capital mexicana como fondo, duró cuatro décadas. En el mismo césped en que Maradona retrató a la selección británica con la “Mano de Dios” y el “Gol del Siglo”, los británicos mezclaron eficacia con épica para sacar una apretada victoria 3-2 sobre la formación local, que en su santuario había capitulado en un par de ocasiones.
Era el último choque del torneo en el recinto más mundialista de la historia: tres duelos inaugurales entre los 24 que ha acogido. Y a la fiesta llegaban los de casa como nunca, con tres victorias y su puerta intacta.
Sin embargo, esta vez México se topó con una formación armada por Tuchel para sufrir lo que fuese necesario y aprovechar la más mínima debilidad del rival. De ello se encargó Jude Bellingham con dos estocadas separadas por apenas 98 segundos, que pusieron el partido muy cuesta arriba a los anfitriones.
JUDE BELLINGHAM GOAL AGAINST MEXICO !!
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No todos los equipos logran reponerse de dos mazazos tan potentes, pero la tropa del “Vasco” Aguirre contaba con reservas de orgullo. Las sacó cuando Quiñones descontó antes del descanso, y después de que Harry Kane —llegó a seis dianas— diera más ventaja a los ingleses con un penal.
La expulsión del inglés Quansah marcó el inicio de más de media hora de ilusiones para los aztecas. La esperanza se disparó todavía más gracias al penal convertido por Raúl Jiménez, que redujo al mínimo la diferencia. Sin embargo, los ingleses, acorralados contra su puerta, se encomendaron a Pickford para salir ilesos. Y terminaron por conseguirlo.
Aunque vuelve a quedar en la frontera de siempre, México cierra una de las actuaciones más notables de su historia, no solo en términos deportivos. Este Mundial, como ningún otro, logró durante casi un mes unir a un país en torno a una emoción común. Y eso no es poca cosa.












