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En otro arranque de ira, el presidente Donald Trump ordenó públicamente a su secretario del Tesoro cortar todas las relaciones comerciales con España como represalia por la posición de Madrid en Oriente Medio, distante de la estrategia de Washington.
Aunque la amenaza es inviable en el marco de la Unión Europea, el gesto remite a la tensión creciente entre ambos países y expone la fragilidad de la relación bilateral en un momento clave para la seguridad atlántica.
La amenaza en Ankara
En la cumbre de la OTAN celebrada en Ankara, Trump calificó a España de “mala gente” y de “socio terrible” dentro de la Alianza. El mandatario norteamericano reprochó a Madrid no haber cedido sus bases de Morón y Rota para operaciones contra Irán y criticó que no se haya comprometido a gastar el 5 % del PIB en defensa. “España es un caso perdido”, llegó a decir, antes de ordenar en directo a Scott Bessent, secretario del Tesoro, que cortara todo comercio con España.
La amenaza, sin embargo, al parecer carece de viabilidad real: las relaciones comerciales con Estados Unidos se gestionan desde la Comisión Europea y no pueden romperse con un solo Estado miembro. Aun así, el gesto político ensombreció una cumbre diseñada para reforzar la unidad atlántica y dejó en evidencia la distancia entre Washington y Madrid.
Sánchez responde con calma
El presidente español, Pedro Sánchez, optó por minimizar las palabras de Trump. Tras los ataques, relató que conversó con él sobre fútbol y golf “con total normalidad”, como si nada hubiera ocurrido. “Las relaciones con EE UU son muy positivas. No es la primera vez que somos objeto de críticas”, aseguró, subrayando que España cumple con sus compromisos en la OTAN.
“Después de esa rueda de prensa de Trump hemos hablado de fútbol, del mundial. Ha sido una charla coloquial, no ha habido ninguna tirantez, todo ha sido amabilidad”, explicó el líder español, en declaraciones que recoge este miércoles el periódico español El País.
Para calzar su colaboración militar con la OTAN, Sánchez destacó que España ha realizado un esfuerzo extraordinario en defensa: es el tercer país de la Alianza que más ha aumentado su inversión, con un 44 % destinado a nuevo equipamiento, muy por encima de la media. Además, recordó el despliegue de baterías patriots en Turquía y la participación en operaciones en Finlandia para proteger el Atlántico y el Ártico.
Bruselas sale en defensa de España
La Comisión Europea reaccionó rápidamente, recordando que el comercio transatlántico está profundamente integrado y es mutuamente beneficioso. “Seguiremos abogando por un comercio estable y predecible”, afirmó un portavoz comunitario, subrayando que cualquier ruptura afectaría a toda la UE. Bruselas recordó también el acuerdo comercial firmado el año pasado, que fija los aranceles entre ambos bloques.
Este respaldo refuerza la idea de que las amenazas de Trump tienen más valor mediático que real. Fuentes diplomáticas señalan que el presidente estadounidense maneja tres registros distintos: uno agresivo ante la prensa, otro amable en conversaciones privadas y un tercero más calculado en las sesiones plenarias.
El trasfondo: Oriente Medio y la OTAN
La raíz del conflicto está en la posición española respecto a Oriente Medio. Trump reprocha a Madrid no haber apoyado su estrategia contra Irán y considera que España no ha mostrado suficiente compromiso militar. “España es particularmente hostil”, dijo, acusando al Gobierno de Sánchez de tratar “terriblemente” al secretario general de la OTAN, Mark Rutte.
España, por su parte, defiende que su contribución es significativa y que cumple con el objetivo del 2 % del PIB en defensa. La distancia con Washington se explica por la voluntad de Madrid de mantener una política exterior más equilibrada, evitando alinearse de forma automática con las decisiones estadounidenses en la región.
Aunque las palabras de Trump generan titulares y tensión diplomática, sus consecuencias prácticas son limitadas. No puede romper unilateralmente el comercio con España ni expulsarla de la OTAN.
En la propia cumbre, tras las críticas iniciales, el presidente estadounidense reconoció que había habido “mucho amor” en la reunión y aceptó las explicaciones de Sánchez sobre el esfuerzo español en defensa.
El canciller alemán, Friedrich Merz, confirmó que Trump recibió con aprobación los datos presentados por el presidente español.
La contradicción entre la retórica incendiaria y la realidad diplomática refleja el estilo del líder norteamericano: provocar en público, suavizar en privado y dejar la impresión de que todo puede cambiar en cuestión de horas.
Antecedentes de la tirantez
La crisis actual se suma a episodios anteriores. En 2025, Trump ya había amenazado con “aranceles terribles” contra España, que nunca se materializaron. También sugirió expulsar a Madrid de la OTAN, algo jurídicamente imposible. La estrategia parece ser la de presionar a los aliados para aumentar su gasto militar, utilizando declaraciones extremas como herramienta de negociación.
España, por su parte, busca mantener la calma y reforzar su papel en la Alianza, consciente de que la relación con Estados Unidos es esencial pero también de que la UE actúa como escudo frente a decisiones unilaterales.













