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Cuando escuché que la artista iraní Marjane Satrapi había muerto “de tristeza” la pasada semana pensé inevitablemente en el virtuoso músico Nasser Ali. Existían demasiados puntos de contacto entre ellos como para que pasen desapercibidos.
La tarde del 22 de noviembre de 1958 Nasser Ali fue sepultado en Teherán ante la conmovida mirada de cuantos le conocieron. Ese mismo día, pero once años más tarde, nacería Satrapi, la artista que el pasado 4 de junio murió de tristeza como Nasser Ali, su creación.
El personaje es protagónico de su libro Pollo con ciruelas (Norma Editorial, 2004), la historia de un hombre que ya no siente deseos de vivir.
Se trata de un libro de continuidad a una estética y filosofía que la historietista, pintora y directora de cine inició con la publicación de la muy celebrada saga Persépolis, la historia sobre el fanatismo islámico en cuyo primer capítulo, representada como una niña de diez años, la autora confiesa que quiere ser profeta.
Las referencias autobiográficas están presentes en ambas obras, cómics donde el amor, la política y la religión desbordada dan lugar a personajes de existencias agónicas o lúgubres determinadas por su entorno.
Los golpes sociales acaban definiendo el rumbo de los individuos, quienes padecen el cataclismo cuando se impone la falta de empatía.
Escribió al respecto Satrapi en ocasión de recibir el Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades 2024: “El hombre por sí solo no sobrevive en la naturaleza. Sólo sobrevive juntándose con otros y creando sociedades. Y la condición sine qua non para lograrlo es la empatía”.
El virtuoso Nasser Ali sufrió esa falta de empatía como resultado de una vulgar discusión doméstica. Hizo lo imposible por superar el motivo de la desdicha ocasionada, pero esta terminó hundiéndolo en un vacío por el que sus días fueron recipientes a llenar con las distintas maneras de poner fin a la existencia.
Irán padecía una monarquía constitucional autoritaria como contexto. El Shah Mohammad Reza Pahlavi había llegado al poder como resultado de un golpe de Estado apoyado por la CIA y el Reino Unido en 1953, cuando el primer ministro Mohammad Mossadegh fue depuesto.
El Shah eliminó la oposición democrática y nacionalista, instaurando un régimen fuertemente pro-occidental, anticomunista y dependiente del control absoluto del monarca. Sobre la época refiere uno de los amigos de Nasser Ali, de visita en su melancólico retiro:
“Dos años de euforia, y ¡zas! Mossadegh está en el exilio, y los americanos y sus aliados se apoderan de todo…”.
Mossadegh había nacionalizado la industria petrolera, con su derrocamiento el amigo del ilustre músico no dudaba en considerar que Irán había entrado en una nueva era ante la cual no tenía ninguna confianza.
Pero Nasser Ali apenas le escucha, se encontraba demasiado sumido en su desdicha como para importarle lo que suceda a su alrededor.
La tristeza se había apoderado del alma de Nasser con la rotura de un instrumento musical que lo había acompañado durante buena parte de su vida. Fue así que acabó vencido por la depresión ya que su instrumento no tenía remplazo.
Su interpretación no era simplemente fruto de su virtuosismo técnico, sino que resulta canal por el cual fluían los sentimientos desbordados desde su juventud, cuando un hecho que forma parte de la esencia de la historia lo lleva al aprendizaje y ejecución del tar.
El tar de Ali Khan era, probablemente, el mejor de todo el país según había comentado Mirza, dueño de una tienda de instrumentos musicales en la que el brillante músico trató infructuosamente de encontrar reemplazo para su preciado instrumento.
Luego de una discusión vulgar en su hogar, su mujer había emprendido su furia contra el tar. El hecho con el que trató de hacerle conciencia respecto a sus responsabilidades en la casa y la manera en que quiso enmendar el año infringido después dieron paso al mortal y profundo estado de tristeza.
Satrapi, por su parte, parece haber entrado en depresión tras la muerte de su marido, según refirieron todos los medios de prensa que se hicieron eco de la nota enviada por la familia: “Marjane Satrapi murió de tristeza más de un año después del deceso de Mattias Ripa, su marido y el amor de su vida”, citaba la agencia de prensa AFP.
Rippa, ha trascendido posteriormente, murió en abril de 2025 a los 53 años de edad y desde entonces su mujer había publicado varios mensajes lamentando la ausencia.
Marjane Satrapi fue en sus libros protagonista, pero también personaje secundario. Así sucede en Pollo con ciruelas, donde en una escena se encuentra con la hija de Nasser Ali, muchos años después de sucedida la muerte del músico. Es este personaje quien en su adultez, restándole importancia al hecho de ser ya fumadora empedernida (como su padre y su abuela), dice: “Si supieras lo que pienso de la vida”.













