|
Getting your Trinity Audio player ready...
|
Ya que llevo un ratito escribiendo, estuve pensando en las diferentes formas en que las personas desarrollan ideas (yo incluida).
Para mí siempre existe un detonante que inspira todo lo demás. Puede ser un concierto, vivencia, así como una frase o cualquier conversación que tienes con tus amigos a las 3 de la mañana.
El otro día estaba desayunando tranquilamente, en mi casa, cuando escuché cierto revuelo en la cocina. Al asomarme, me encuentro a mi gatica jugando con una mariposa bruja. Al momento la ahuyento para comprobar el estado de la víctima y, al verla, el corazón se me encoge. Completamente viva, pero sus alas destrozadas.
En ese momento uno tiene dos opciones: la primera es recogerla y ponerla en un lugar donde la gata no la encuentre, congelada e inmóvil ante cualquier amenaza, incluida el paso del tiempo. La segunda es ponerle fin a su sufrimiento.
Aquí quiero aclarar que yo he sido criada en una casa en donde cada animalito se cuidaba y se rescataba, incluidos arañas, alacranes, ratones, etc. Todos los recogíamos con cuidado y los soltábamos.
Yo no quiero matar una mariposa, no soy indiferente a la hora de terminar su vida. Sin embargo, una cosa tengo clara: la primera opción solo me beneficiaba a mí; la de lavarme las manos, decir que no es mi problema. “Yo la rescaté; lo que le pase después no puedo controlarlo”. Quizás argumento suficiente para acallar el ruido y seguir con mi día como si nada, hasta que se me olvide.
Me tomó unos segundos decidir. La agarré delicadamente y la llevé afuera, la coloqué en el suelo, aguanté un momento la respiración y acto seguido lo hice, de un solo golpe, sin un segundo de duda.
Ahí quedó la mariposa fundida en el asfalto. Me quedé quieta un instante y volví a entrar, para encontrarme a mi gatica jugando despreocupadamente con los cordones de unos tenis. No era su culpa, ella solo quería jugar; no puede razonar lo que hizo ni lo que provocó. Qué maravillosamente simple sería la vida si pudiera pensar un poco menos.
Terminando de escribir esto, me viene a la cabeza otra anécdota de cuando tenía diez años. Jugaba en la playa con mi sobrino cuando nos encontramos un cangrejo. Hicimos una especie de piscina en la arena y, con mucho cuidado, lo teníamos ahí: era su castillo. De repente se nos acerca un hombre, muy amable, y nos dice que deberíamos tener cuidado porque nos podría picar. Acto seguido, agarra el cangrejo y una piedra. Sin darnos tiempo a decir nada, procede a arrancarle las pinzas a golpes y a devolvernos al pobre animalito, mutilado. “Ahora ya pueden jugar seguros”.
Diego y yo nos quedamos mudos, no sabíamos ni qué decir. Aún hoy pienso en aquel momento. Y en que si no hubiésemos encontrado al cangrejo, no habría perdido sus pinzas.
Estos son pequeños momentos que voy almacenando en una especie de cofrecito. No pienso en ellos todo el tiempo, pero no los olvido.
Tampoco sentí rencor hacia el señor, aunque, verdaderamente, está mucho menos justificado que mi gatica, porque él sí tiene la capacidad de razonar. Para él, estaba ayudándonos y probablemente cuando pequeño nadie le enseñó que los animales, aunque no puedan hablar, también sienten.
Nunca entenderé la creencia de que si un ser no tiene nuestra misma capacidad de raciocinio, no merece respeto o empatía. Todos los animales (nosotros incluidos) merecemos tener una vida digna hasta nuestro inevitable deceso.
Originalmente, volviendo al tema de las ideas, pensé en escribir sobre la mariposa, y sobre cómo a veces lo más humano y bondadoso es hacer lo aparentemente más cruel. Actuar pragmáticamente o decir la verdad incómoda y afrontar la realidad.
Sin embargo, una a veces empieza a escribir, pensando en que va a llegar a una conclusión y, después de pasar por algunos lugares, termina en otro completamente inesperado. Ese azar me resulta fascinante.














Malva, respeto y comparto el amor de ustedes hacia los animales, que sienten y brindan su amor a todos por igual, sin esperar nada a cambio, cosa bien espiritual, a pesar de que no tienen mente lógica como el ser humano. Pero son seres especiales cada uno cn sus características.
Agradezco tus escritos con tanta sinceridad y sensibilidad. Que sigas cultivando tu ser y que sigas haciendo esos videos tan emotivos como el que hiciste cuando sale tu papi con el pichoncito en su mano.
Abrazo agradecido siempre.
Albita
La sensibilidad de las personas puede evaluarse por la forma en que tratan a los animales. De alguna forma me vino a la mente la antigua directora de ICE que mató a tiros a un cachorro. Por otra parte no culpo al señor que mutiló al cangrejo porque lo hizo con el espíritu protector del género humano, como se elimina un alacrán invasor del hogar para evitar que envenene a algún miembro de la familia.
Gracias por el tema, Malva. Muy sensible para los que amamos y respetamos la naturaleza. Realmente es una decisión difícil… pero dejarla a resguardo relativo en algun lugar del jardin, no debe angustiarte. Es permitir a la vida seguir su curso. ¿Alargaría su sufrimiento? Sí, sin dudas… pero no tanto. Los bellísimos adultos de esa especie solo viven hasta dos semanas, lo necesario para aparearse… y procrear. La mayor parte de su vida lo pasan como orugas. Por eso a ellas tambien hay que cuidarlas. Me alegra que seas parte de esa fracción de la humanidad comprometida con la naturaleza. Saludos
Tania
Qué manera tan hermosa de convertir un instante cotidiano en una lección de sensibilidad. Ojalá nunca dejemos de dolernos por las pequeñas mariposas; mientras eso ocurra, seguirá intacta nuestra capacidad de ser humanos
Este post que refleja el cuidado a los animales, cualquiera que estos sean, y que también pudiera extenderse al cuidado de la naturaleza y a los seres humanos desvalidos pudiera utilizarse como una enseñanza, pudiera ser un cuento para leer a nuestros hijos y nietos.
Gracias Malva por compartir tus vivencias de niña y juventud.
Malva, me maravilla tu hermosa sensibilidad por todo lo que tiene vida en este mundo!!
Te cuento que tengo una gata llamada Maya y que hace pocos días, yo no sé de qué manera atrapó también una Mariposa Bruja… y cdo llegue al cuarto, sobre mi cama, la tenía toda destrozada, y sin vida….y hay que ver la felicidad de nuestros gatitos que solo saben de juegos y de instintos.
Disfrute mucho tu reflexión….muy profunda además….a veces una buena acción y elevada decisión es terminar con el sufrimiento de algún ser….triste pero se necesita de mucho coraje.
Abrazote como de este verano intenso !!
Que linda reflexión Malva; pienso que es bueno no olvidar lo que pasa enseguida y seguir la vida como si nada, porque así haríamos muchos desastres; algo que me cuesta hacerme cargo es lo de comer carne, pienso que no podria ser carnicera por ejemplo. Sin embargo, el carnicero es ese que hace el acto cruel y se hace cargo. Porque en definitiva yo termino comiendo carne
Gracias por compartir, me resultaría, aún que muy íntimo pero igual de importante, saber que y cómo te sentiste después de terminar con el sufrimiento de la mariposa, más allá de la empatía, respeto e inmersión en nuestros entornos con los miles de seres vivos humanos y no, que nos rodean y rodeamos, me haces pensar en las creencias, valores, enseñanzas, que nos permiten tomar decisiones que sabemos o sentimos difíciles y que todo ello son parte esencial de lo que somos, de los hacemos y omitimos,.así como de nuestras propias justificaciones o incluso autorecriminaciones por lo que hicimos o dejamos de hacer. cuáles son las tuyas Malva?
Me siento profundamente identificado con esa actitud. No encuentro en mí la autoridad moral para decidir qué vida merece respeto y cuál no. Por eso, incluso con las cucarachas, siento un conflicto. El simple hecho de aplastarlas me incomoda, no por repulsión, sino porque, al igual que una mariposa o una abeja, son otra expresión de la vida.
Cada ser que habita este mundo posee una historia escrita por la naturaleza, una capacidad de adaptación y una resiliencia extraordinarias. Tal vez el problema no esté en ellos, sino en nuestra forma de mirar: admiramos la belleza de unas especies y despreciamos a otras, olvidando que todas forman parte del mismo milagro de existir.
Quizás una sociedad más compasiva no se refleje solo en cómo tratamos a las personas, sino también en el respeto que somos capaces de mostrar hacia las formas de vida más pequeñas e incomprendidas.
Siempre interesantes tus escritos, Malva. Hacen pensar.
Evitar el sufrimiento es, para mí, un acto de amor. Nos aferramos muchas veces a seres, humanos o no, que queremos, para evitar nuestro propio dolor ante la pérdida. Hace algo más de un año tuve que tomar una decisión tremendamente difícil, sacrificar a mi perro, maravilloso compañero durante once años. Él merecía dejar de sufrir y creo que si no se iba era por mí, así que lo dejé ir.
Por otra parte, entiendo a tu gatica, la mía, una loquita bicolor, ha terminado con la vida de ratoncillos y hasta pájaros, que aparecían descabezados en el jardín, en su empeño por mantener con ellos un juego sin respuesta. Lo he evitado siempre que he podido, pocas veces.
Sigue regalándonos tus reflexiones.
Que bonito saber en estos tiempos difíciles, que queda espacios para el amor ,en este caso ,para una mariposa. Se de buena tinta, que tu amor por los animales es extenso, pues has rescatado a unos cuantos. Sabes,antes no había tanta dedicación a cultivar esos sentimientos. Muchos libros infantiles estaban ilustrados ,con niñitas con jamos para cazar mariposas, como símbolo de delicadeza. Incluso aparecían en dibujos animados. Por suerte ya tenemos mas percepción del sufrimiento que esto causa, aunque no se maten. Como veo en este cuento, en el que se mezclan el dolor y el amor, ha resaltado la sensibilidad de muchos, hacia los animales, donde son acogidos en casas, como familia.
Tengo por costumbre “rescatar” mariposas muertas en mis periplos por las carreteras de este país. Un gran amigo y yo tenemos una linda-gran colección de lepidópteros montados en cuadros de su casa. Ambos creemos que es una manera de inmortalizarlas; seres tan frágiles y efímeros que normalmente y de manera imperceptible mueren más en colisiones con autos durante estos meses veraniegos. Ojalá que otras personas se sumaran a observar y hacer estas pequeñas pesquisas en sus tiempos libres como muestra de respeto y devoción hacia la naturaleza.
Lo pragmatico llevado al extremo es lo que no nos permite mirar con el alma y el corazón ( pasarlo por la ética y los sentimientos) aquello que creemos que es de uso exclusivo de la razón: nuestros pensamientos, nuestra mente, nuestros juicios y razonamientos. Siempre pasan por las virtudes y valores que poseemos o no poseemos: el creer en lo justo, en qué el dolor de otros: animales, plantas personas, no me es ajeno. Y que el mundo está para todos los seres que lo habitamos. Pequeña mariposa mirara sin saberlo un acto piadoso para terminar con su dolor, en la cajita de recuerdos quedara que toda vida por pequeña importa y duele.