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Cuba ha estado involucrada en al menos cuatro eventos de trascendencia mundial, el primero cuando los Estados Unidos de América robaron nuestra independencia, ganada legítimamente a España en 1898. Esa guerra significó una nueva división geopolítica del mundo y fue el hecho que señaló el inicio del cambio de centro cíclico del capitalismo mundial, de Inglaterra hacia Estados Unidos.
Luego del triunfo de la Revolución en 1959, que en sí mismo fue otro evento de significación mundial, la Crisis de los Misiles nos colocó en el ojo del huracán, el cual pudo ser conjurado.
Más adelante se nos vino encima el muro de Berlín derribado y la desaparición de la URSS y ahora, hace apenas unos días, un cambio al parecer radical en Venezuela y, como era de esperar, el incremento ad infinitum de las presiones del gobierno norteamericano sobre nuestro país. Todo ello en un mundo donde las reglas de la política internacional, según todo indica, ya no funcionan más.
Tengo edad suficiente para acumular recuerdos de experiencias vividas, pero no tanta como para olvidarme de ellos. En todos estos años de vida, no recuerdo un período largo de tiempo —cinco años, por ejemplo— en que nuestro país y sus habitantes hayamos dejado de estar enfrentando situaciones bien difíciles, a veces tremendamente difíciles.
El bloqueo desde inicios de los sesenta y, mucho antes, la suspensión de la cuota azucarera; el cierre del mercado turístico estadounidense; la Ley Helms-Burton, un engendro neocolonial, se sumaron al propósito de “derrocar a Castro” y de hacer de nuestra economía una opción de alto riesgo para cualquier comerciante, inversionista o financista, motivado por “el mercado cubano”.
Es cierto que durante mucho tiempo contamos con la ayuda de la Unión Soviética, lo que nos permitió disfrutar de cierta tranquilidad en lo militar y de recursos económicos muy por encima de nuestras capacidades de adquisición real.
Lo alcanzado entonces en términos de avances en lo social solo es posible explicarlo por esa combinación de acceso preferente a recursos y decisiones que privilegiaron el mejoramiento humano, y que tuvo como correlato la idea/ilusión de que ese acceso casi ilimitado a servicios esenciales por ser “gratis” no costaba; y que el “Estado” tenía recursos infinitos y una sobrada capacidad para generarlos de forma eficiente y siempre creciente.
Hoy se entiende mejor que sí costaba y que cuesta, de la misma manera que ya se sabe que los recursos no son infinitos; que la eficiencia parece haber emigrado de nuestro sistema económico, al menos en una buena parte de él, y que solo haciendo cosas diferentes se alcanzarán resultados distintos.
También es cierto que se han hecho muchas cosas. Si se listaran todas, nos sorprenderíamos de cuántas. Los Lineamientos, la Conceptualización y el Plan de desarrollo económico y social hasta el 2030 y la definición de los ejes estratégicos; los macroprogramas, programas y proyectos asociados a dichos ejes; la nueva Constitución de la República; las actualizaciones de la estrategia en tiempos de COVID; la creación del MLC, la desaparición del CUC; la creación de las mipymes y las cooperativas no agropecuarias; el impulso a las proyectos de desarrollo local; las 63 medidas para impulsar la agricultura; las 93 para “recuperar” el sector azucarero; leyes para regular la pesca; otra para el ganado; la ley de Soberanía Alimentaria y Nutricional; infinidad de decretos leyes para regular diferentes aspectos del quehacer económico y social; los precios topados; la desdolarización dolarizada; el arrendamiento de locales de empresas estatales al sector no estatal; la autorización de importar a las formas no estatales; la creación de un mercado cambiario y de una tasa flotante para una parte de los agentes económicos; la apertura de la importación de petróleo a las empresas, y así muchas mas que llenarían muchas cuartillas.
Los hechos refutan de forma incontrovertible cualquier planteamiento que pretenda sostener la inactividad del Estado y del Gobierno. Sin embargo, todo el esfuerzo realizado no ha dado los resultados esperados. Y nos ha traído a un escenario en extremo difícil de manejar sin la declaración de guerra de Trump —imponer aranceles a los productos de países que suministren petróleo a Cuba— y, con ella, pues mucho peor.
Nuestra debilidad, y la dependencia de la importación de combustibles fósiles es una de ellas, resulta la fortaleza de la Administración Trump-Rubio frente a nosotros. La estrategia de diversificar las tecnologías de generación ha permitido amortiguar los déficits. El crecimiento de la generación con fotovoltaica, que alcanzó en el 2025 alrededor del 10 % de la generación total, es algo alentador, pero sigue siendo insuficiente.
La nueva medida de Trump vuelve a recordarnos que, para Cuba, en especial por la “atención” tan especial que la Administración estadounidense le dedica al país, la variable tiempo es mucho más importante que para otros países. Un segundo no aprovechado es un segundo regalado.
Como en los inicios de la década del noventa, sobrevivir parece ser la palabra de orden, pero no estamos en los noventa. Es posible que aún podamos utilizar algunas de las medidas/ideas /estrategias puestas en práctica entonces, pero el contexto es otro —mucho más agresivo e incierto—; la economía es otra, la población es diferente y también el liderazgo.
Sobrevivir significa, primero que todo, sumar antes que restar, aprovechar lo poco que tenemos y que puede rendir más, concentrar el esfuerzo en “lo que funciona”, incluso aunque no sea lo que más agrade políticamente; implementar lo que se anuncia en el menor tiempo posible; aceptar y asumir los costos que exige transformar radicalmente algunas realidades —el desastre agropecuario, por ejemplo, o el monetario, o el de los servicios públicos básicos a los cuales se les dedica el 70 % de los gastos presupuestados—. Unir antes que dividir y hacerlo con hechos concretos, tangibles, que reduzcan la incertidumbre que pesa hoy sobre la economía nacional o “el mercado cubano”.
Sin dudas, esta nueva etapa de la crisis significa también nuevas oportunidades, pero los márgenes que existen para aprovecharlas son pequeños y pueden ser muy volátiles.
Atender, priorizar, incentivar lo que funciona, ya sea a escala local, sectorial o nacional, debería ser la norma en la conducción de la economía. Hay que fortalecer lo que es fuerte, lo que ha demostrado capacidad para crecer y adaptarse.
La crisis también ayudará a apartar lo superfluo, lo que no es esencial, lo que no funciona, lo que enlentece, lo que frena la transformación necesaria para sobrevivir y poder enrumbar la senda del desarrollo; esa es otra oportunidad. Hacerlo es complejo, requiere de habilidad y valentía política.
También habrá que tener mucha valentía política, inteligencia y habilidad para sentarse a volver a negociar con Estados Unidos. La historia de los intentos de negociación con las administraciones estadounidenses es una historia que tiene casi los mismos años que la Revolución. En algún momento Cuba tendrá que negociar con esta, o con la próxima, o con la otra que vendrá después.
Solo uno de esos intentos dio algún resultado que fue borrado por tres administraciones posteriores.
Creo que es interés de Cuba poder negociar bajo los principios que más de una vez se han reiterado, incluso cuando es conocido cuán poco la actual Administración Trump suele respetar los acuerdos alcanzados en una negociación.
Pero el costo político para Trump de que Cuba resista este nuevo envite es sin dudas grande. De otra parte, lo cierto es que en esta confrontación que dura más de sesenta años, ambos países han perdido, y aunque los costos materiales y sociales para Cuba han sido muy elevados, los costos para las administraciones estadounidenses, también lo han sido, en términos de prestigio político y también de potenciales negocios nunca realizados.
Es difícil saber qué nos traerá el futuro, pero no podemos renunciar a él.













Estoy de acuerdo con el cuadro que presento para buscar soluciones a la crisis en Cuba. Esto es un ejemplo que yo estoy de acuerdo con el, de donde se empieza. Esta linea de pensamiento se tiene que usar decentralizada a municipios y comunidades pequenas rurales:
Cartografía del paisaje geopolítico
Estoy comenzando una síntesis en profundidad de la posición estratégica de Cuba a fecha de febrero de 2026, centrándome en cómo la nación puede navegar las intensas presiones económicas mediante una transición hacia una economía verde sostenible. Estoy evaluando el estado actual de las sanciones internacionales y la designación de ‘Estado Patrocinador del Terrorismo’ para entender los obstáculos específicos que definen el contexto actual de la ‘agresión estadounidense’. Mi objetivo es identificar qué estrategias de supervivencia están dando resultados reales priorizando la optimización de recursos sobre las preferencias ideológicas.
Evaluación de Alianzas Estratégicas
Estoy investigando el papel de los principales socios globales, analizando específicamente las contribuciones de China a la infraestructura solar y la movilidad eléctrica, la implicación de Rusia en la modernización industrial y la seguridad energética, y la evolución de la relación de Cuba con el bloque BRICS+. Me interesa especialmente cómo los sistemas alternativos de pago y el Nuevo Banco de Desarrollo podrían ofrecer una línea financiera que evada las limitaciones tradicionales, permitiendo un marco económico más resiliente.
Identificación de sectores de crecimiento verde
Estoy explorando la viabilidad de sectores ‘verdes’ específicos que aprovechen las fortalezas existentes de Cuba, como la energía de biomasa de caña de azúcar, la agricultura urbana ecológica y el turismo ecológico. Estoy cruzando estas referencias con transferencias tecnológicas de socios como Vietnam, México y la UE para determinar qué proyectos son prácticamente escalables. Mis próximos pasos incluyen profundizar en los informes más recientes de 2025 y principios de 2026 para separar los éxitos pragmáticos de las iniciativas puramente políticas.
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A Roadmap for Strategic Resilience
As of February 11, 2026, Cuba’s survival is predicated on a radical commitment to energy and financial diversification. The U.S. strategy of total interdiction has created a dire humanitarian situation, but it has also catalyzed a national transformation toward a sustainable Green Economy that the United States will find difficult to reverse.
Cuba’s realistic options include:
Accelerating Solar and Biomass: Reaching the 1,200 MW solar target by December 2026 and scaling bioelectrical plants to replace fossil fuel imports.
Full Integration into BRICS Pay: Prioritizing the pilot of digital asset settlements to bypass the SWIFT/dollar system.
Adopting the “Vietnam Model” for Agriculture: Deepening joint ventures with Vietnam and China to ensure food security through biotechnology and high-tech farming.
Electrifying Urban Transport: Leveraging Yutong’s 2026 EV technology to maintain public mobility in the face of the fuel blockade.
Pragmatic Internal Reform: Eliminating unprofitable state subsidies and empowering the private sector to fill gaps in the industrial and housing sectors.
The “Total Reality Synthesis” of 2026 indicates that while the empire can shut off the oil, it cannot stop the sun. By concentrating effort on “what works”—a multi-polar, green, and high-tech survival strategy—Cuba may not only survive the current aggression but emerge as a model for Global South resilience in a post-dollar, post-petroleum world.
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Una hoja de ruta para la resiliencia estratégica
A fecha de 11 de febrero de 2026, la supervivencia de Cuba se basa en un compromiso radical con la diversificación energética y financiera. La estrategia estadounidense de interdicción total ha creado una situación humanitaria desesperada, pero también ha catalizado una transformación nacional hacia una economía verde sostenible que Estados Unidos encontrará difícil de revertir.
Las opciones realistas de Cuba incluyen:
1. Aceleración de la energía solar y biomasa: Alcanzar el objetivo de 1.200 MW de energía solar para diciembre de 2026 y escalar las plantas bioeléctricas para reemplazar las importaciones de combustibles fósiles.
2. Integración total en BRICS Pay: Priorización del piloto de liquidaciones de activos digitales para evitar el sistema SWIFT/dólar.
3. Adopción del “Modelo de Vietnam” para la agricultura: Profundización de las empresas conjuntas con Vietnam y China para garantizar la seguridad alimentaria mediante la biotecnología y la agricultura de alta tecnología.
4. Electrificando el transporte urbano: Aprovechando la tecnología de vehículos eléctricos de Yutong 2026 para mantener la movilidad pública frente al bloqueo de combustible.
5. Reforma interna pragmática: Eliminar subvenciones estatales no rentables y empoderar al sector privado para cubrir carencias en los sectores industrial y de vivienda.
La “Síntesis de la Realidad Total” de 2026 indica que, aunque el imperio puede apagar el petróleo, no puede detener al sol. Al concentrar esfuerzos en “lo que funciona”—una estrategia de supervivencia multipolar, verde y de alta tecnología—Cuba no solo podría sobrevivir a la agresión actual, sino que también emerger como un modelo de resiliencia del Sur Global en un mundo post-dólar y post-petróleo.
Biomasa y la cadena de valor de la caña de azúcar (una de las cosas que trabaja)
La revitalización de la industria azucarera mediante plantas “bioeléctricas” representa una aplicación pragmática de la filosofía de “lo que funciona”. Actualmente, aproximadamente el 86% de la energía renovable de Cuba proviene de la biomasa de caña de azúcar (bagazo). El Grupo Empresarial AZCUBA supervisa un programa para reemplazar equipos térmicos envejecidos por unidades de cogeneración de alta eficiencia capaces de producir tanto energía eléctrica como térmica.
La eficiencia de estas plantas bioeléctricas está gobernada por la relación termodinámica:
Efficiencia Termal = Trabajo producido (electricidad)/ entrada de calor de la biomasa.
Donde () representa la eficiencia térmica, (W) es el trabajo neto producido (electricidad), y (Q) es el calor aportado por la combustión de biomasa. La modernización de estas plantas con calderas de alta presión (67 bar, 520°C) permite una eficiencia no inferior al 85% cuando el bagazo se combina con residuos agrícolas de caña de azúcar y biomasa forestal como el marabú.
Proyectos específicos en provincias como Cienfuegos demuestran el potencial de escalabilidad:
1. Ingenio Jesús Rabí: Sustituir equipos térmicos para ahorrar unos 20 millones de dólares en costes de combustibles fósiles.
2. Proyecto Bioeléctrico Matanzas: Un proyecto de 20 MW diseñado para incinerar grandes cantidades de residuos de bagazo como combustible de energía limpia.
3. Optimización del rendimiento agrícola: El cambio a variedades de caña de energía puede aumentar la producción eléctrica excedente de los actuales 72 kWh/tc a más de 150 kWh/tc si se optimiza el proceso industrial.