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El pasado viernes 11 de abril, funcionarios del Departamento de Estado de Estados Unidos se reunieron en La Habana con representantes del gobierno cubano. La visita, cuya existencia confirmó este viernes la agencia Axios en un reporte exclusivo, supone un hito diplomático inusitado: fue la primera vez que un avión del gobierno estadounidense tocó tierra en Cuba desde que el presidente Obama visitara la isla hace una década, en su apuesta por el deshielo.
Lo que se dijo en las reuniones
Según el reporte de Axios, la delegación estadounidense instó a Cuba a adoptar libertades democráticas y económicas, y advirtió sobre los riesgos de ignorar sus recomendaciones. Los funcionarios le dijeron al régimen que “la economía cubana está en caída libre” y que la élite gobernante tiene “una breve oportunidad para implementar reformas clave antes de que las circunstancias empeoren de forma irreversible”.
Además de exigir cambios en el modelo económico y de gobierno, la delegación planteó la posibilidad de ofrecer acceso a Starlink para restablecer servicios de Internet, y reiteró las condiciones históricas de Washington para avanzar en un eventual levantamiento del embargo: compensación a ciudadanos y corporaciones estadounidenses por propiedades confiscadas tras 1959, liberación de presos políticos y la garantía de mayores libertades políticas, incluyendo elecciones libres.
Los funcionarios también expresaron “preocupación por la presencia de grupos de inteligencia extranjera, militares y terroristas que operan con el permiso del gobierno cubano a menos de 100 millas del territorio estadounidense”.
El interlocutor
Un alto funcionario del Departamento de Estado confirmó a Axios que se realizaron múltiples reuniones, pero solo identificó a un participante cubano: Raúl Guillermo Rodríguez Castro, el nieto de Raúl Castro, la figura que Washington eligió como interlocutor en este proceso de contactos en la sombra, pasando por encima del presidente Miguel Díaz-Canel.
Rodríguez Castro es teniente coronel del MININT y jefe de la seguridad personal de su abuelo, y Washington lo percibe como la voz de facto del líder histórico, cuya influencia real sobre el gobierno cubano se mantiene intacta a pesar de no ocupar cargo oficial alguno.
“Un nuevo amanecer”
La visita ocurrió en un momento de máxima tensión retórica. El mismo viernes en que trascendió la noticia, Trump declaraba ante la audiencia de Turning Point USA en Phoenix: “Muy pronto esta gran fuerza hará realidad un día que llevamos setenta años esperando. Se llama un nuevo amanecer para Cuba”.
Esa misma semana, el presidente Díaz-Canel había dicho en NBC que el sistema político cubano no está sujeto a negociación y que nadie le ha exigido elecciones libres ni la liberación de presos políticos. Sin embargo, el Departamento de Estado puso exactamente esas condiciones sobre la mesa en La Habana, según lo revelado ahora.
La brecha entre la narrativa pública de ambos gobiernos y lo que ocurre en los canales reservados vuelve a quedar expuesta.
Lo que Axios reveló este viernes no es el inicio de un acuerdo, sino la confirmación de que el juego de presión y negociación está más avanzado —y es más complejo— de lo que cualquiera de las dos partes admite oficialmente.











