La directora nacional de Inteligencia de EE.UU, Tulsi Gabbard, anunció este viernes que renunciará a finales de junio, citando el diagnóstico de cáncer de su esposo.
Su salida, sin embargo, llega tras meses de tensiones con la Administración Trump, que la marginó en decisiones clave sobre Venezuela y la guerra contra Irán.
En una carta dirigida al presidente Donald Trump, Gabbard explicó que su esposo, Abraham Williams, enfrenta “una forma extremadamente rara de cáncer óseo” y que desea acompañarlo en la batalla. “No puedo, en buena conciencia, pedirle que libre esta batalla solo mientras yo continúo en esta posición tan exigente”, escribió.
Trump elogió su labor y anunció que Aaron Lukas, director adjunto principal de Inteligencia, asumirá de manera interina, indicó un reporte de la cadena CNN.
Tulsi Gabbard is resigning as director of national intelligence, according to three people familiar with the matter. Gabbard has informed associates that she is leaving because her husband is battling cancer, the people said. https://t.co/WbhMugj8jN pic.twitter.com/JX7fU4PQuQ
— CNN (@CNN) May 22, 2026
Choques con la Casa Blanca
Más allá de los motivos personales, la gestión de Gabbard estuvo marcada por discrepancias con Trump. La Casa Blanca la ninguneó en episodios críticos, como la crisis con Venezuela, cuando helicópteros estadounidenses sobrevolaban Caracas mientras ella estaba de vacaciones en Hawái.
En el caso de Irán, sus advertencias sobre el riesgo de “aniquilación nuclear” y su insistencia en que Teherán no buscaba activamente un arma nuclear la enfrentaron directamente con el presidente, que autorizó ataques contra instalaciones iraníes en la llamada Operación Martillo de Medianoche.
La tensión con Caracas fue otro punto de quiebre. Gabbard ordenó retirar un informe clasificado sobre Venezuela, pero la Administración avanzó sin ella en operaciones de presión. Su ausencia en momentos clave alimentó la percepción de que había quedado relegada en la toma de decisiones estratégicas.
En audiencias ante el Congreso, Gabbard sostuvo que el programa nuclear iraní había sido “aniquilado” tras los ataques de 2025 y que no existía intento de reconstrucción. Trump, en cambio, justificó la guerra junto a Israel alegando una amenaza inminente.
El desacuerdo se profundizó cuando su jefe de contraterrorismo, Joe Kent, renunció denunciando que Irán no representaba tal amenaza. Gabbard se distanció, pero sus declaraciones siguieron generando incomodidad en la Casa Blanca.
Un historial de contradicciones
La directora de Inteligencia también se vio envuelta en polémicas internas, como su presencia en un registro electoral en Georgia relacionado con las elecciones de 2020, un terreno fuera de su competencia. Críticos señalaron que su actuación erosionaba la separación entre inteligencia exterior y asuntos internos.
Su trayectoria política, desde congresista demócrata hasta aliada republicana de Trump, reflejó los giros que marcaron su paso por el gabinete.
La renuncia de Gabbard se suma a otras bajas recientes: la secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem; la secretaria de Justicia, Pam Bondi; y la secretaria de Trabajo, Lori Chavez-DeRemer.
El futuro inmediato
En su carta, Gabbard destacó avances en transparencia y en la integridad de la comunidad de inteligencia, pero reconoció que “aún queda una labor importante por realizar”.
Con su salida, prevista para el 30 de junio, la Dirección Nacional de Inteligencia enfrentará una transición en medio de la guerra contra Irán y la presión sobre Venezuela y Cuba.
La figura de Gabbard deja un legado de tensiones con la Casa Blanca y de advertencias que no siempre fueron escuchadas. Su renuncia, aunque motivada oficialmente por razones personales, expone las grietas internas de una Administración que libra batallas externas mientras lidia con contradicciones en su propio equipo.












