El Gobierno de Florida comenzó a notificar a contratistas y operadores sobre el cierre del centro de detención para migrantes conocido como Alligator Alcatraz, instalado en los Everglades y convertido en uno de los símbolos controvertidos de la política migratoria impulsada por Donald Trump.
La instalación, levantada el pasado verano sobre la pista del Aeropuerto de Entrenamiento y Transición Dade-Collier, dejaría de operar a comienzos de junio, mientras los detenidos serían trasladados a otras dependencias federales, de acuerdo con reportes divulgados por The New York Times citados por CNN.
Florida intends to shut down the controversial federal migrant detention center known as Alligator Alcatraz, the New York Times reports https://t.co/PEA3pG1yPe pic.twitter.com/0J0OEGWGtn
— Reuters (@Reuters) May 13, 2026
El cierre marcaría el final de un proyecto que, durante casi un año, estuvo rodeado de demandas judiciales, cuestionamientos por sus costos y denuncias sobre las condiciones en las que permanecían cientos de migrantes retenidos en el lugar.
El centro fue presentado por autoridades republicanas de Florida como una pieza clave dentro de la estrategia de endurecimiento migratorio promovida por el presidente Donald Trump.
Fuentes citadas por medios estadounidenses señalaron que los proveedores recibieron instrucciones preliminares para desmontar gradualmente las operaciones del recinto una vez concluya el traslado de los detenidos.
Sin fecha exacta de cierre
Aunque las autoridades estatales no confirmaron fecha exacta, el gobernador Ron DeSantis reconoció días atrás que el centro “siempre tuvo la intención de ser temporal”. “Si apagamos las luces mañana, podremos decir que cumplió su propósito”, declaró DeSantis durante una comparecencia pública la pasada semana.
El Departamento de Seguridad Nacional (DHS) evitó confirmar directamente el cierre definitivo, pero aseguró que mantiene una evaluación constante de sus necesidades operativas. “Florida sigue siendo un socio valioso para impulsar la agenda migratoria del presidente Trump”, afirmó la agencia en declaraciones enviadas a CNN.
La instalación llegó a albergar cerca de 1400 personas a comienzos de abril, según cifras del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE). Hasta ahora, las autoridades no han precisado el destino de los migrantes recluidos en el centro, aunque DeSantis adelantó que podrían ser reubicados en otras instalaciones federales.
Oposición desde el inicio
Desde su inauguración, “Alligator Alcatraz” enfrentó una fuerte oposición de organizaciones defensoras de derechos humanos, legisladores demócratas y grupos ambientalistas. El complejo fue construido en una zona remota de los Everglades, a menos de 80 kilómetros del resort de Trump en Miami Beach, y rodeado de territorios vinculados a comunidades tribales.
Las críticas aumentaron tras visitas realizadas por congresistas demócratas y abogados de migración, quienes denunciaron hacinamiento, temperaturas extremas, presencia de insectos y acceso limitado a servicios básicos. Familiares de algunos detenidos también reportaron dificultades para establecer comunicación con los internos y obstáculos para acceder a representación legal.
Funcionarios de ICE rechazaron esas acusaciones y sostuvieron que el centro cumplía estándares superiores a los de muchas cárceles estadounidenses. Sin embargo, varias demandas avanzaron en tribunales federales.
Una de las decisiones judiciales más recientes obligó a mejorar el acceso de los detenidos a sus abogados y garantizar llamadas confidenciales y sin supervisión.
Aunque el mes pasado una corte de apelaciones revocó una orden previa que exigía el cierre inmediato de la instalación, la presión legal y política continuó creciendo.
El funcionamiento del centro también abrió un debate sobre el costo financiero de las operaciones. Medios estadounidenses reportaron que Florida mantenía conversaciones con la Administración Trump para evaluar alternativas ante los elevados gastos asociados al mantenimiento de la instalación.
La clausura de “Alligator Alcatraz”, de concretarse en las próximas semanas, representaría un giro en uno de los proyectos más visibles de la política migratoria aplicada en Florida durante el último año.
Para sus críticos, el centro se convirtió en un símbolo del endurecimiento de las medidas de detención contra migrantes; para sus defensores, fue una herramienta temporal destinada a responder al aumento de los cruces fronterizos y a la presión sobre el sistema migratorio federal.











