El Gobierno de Panamá ofreció este lunes su país como escenario neutral para un eventual diálogo político entre EE.UU. y Cuba, en momentos en que La Habana se dispone a poner en marcha la mayor apertura económica en décadas.
Medios internacionales dieron a conocer que el canciller panameño Javier Martínez-Acha Vásquez anunció la propuesta durante la conferencia de prensa previa a la inauguración de la 56ª Asamblea General de la Organización de Estados Americanos (OEA), iniciada ayer en la nación istmeña.
“Panamá se ofreció como un país donde ese diálogo podría tener lugar basado en igualdad y respeto mutuo”, afirmó el titular panameño de Exteriores. Según explicó, Cuba ya aceptó la iniciativa, mientras que Washington aún no ha confirmado su participación.
La oferta, sin agenda concreta ni fecha definida, coloca a Panamá en el centro del tablero diplomático regional y evoca su papel histórico como sede de negociaciones hemisféricas.
Cuba y la apertura económica
El ofrecimiento panameño coincide con el anuncio del gobierno cubano de una apertura económica sin precedentes, que busca modernizar el modelo socialista y atraer inversión extranjera mediante una amplia batería de reformas, no exentas de controversia.
Al presentar la reforma, el presidente Miguel Díaz-Canel reconoció ante la Asamblea Nacional que “la realidad nos impone cambios urgentes necesarios” y “avanzar hacia un progreso del siglo XXI”. Las medidas incluyen mayor autonomía empresarial y flexibilización de sectores estratégicos.
Sin embargo, el Departamento de Estado, dirigido por Marco Rubio, ha rechazado la iniciativa, la que calificó de insuficiente. A su vez advirtió que el paquete de medidas llega “con retraso” y no entraña cambios en el terreno político.
La postura estadounidense refleja la continuidad de una agenda de presión que se ha intensificado dramáticamente desde enero, cuando Donald Trump firmó una orden ejecutiva declarando a Cuba “amenaza inusual y extraordinaria” para la seguridad nacional.
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Washington endurece las sanciones
En los últimos meses, la Administración Trump ha venido ampliando las sanciones contra funcionarios y entidades cubanas, incluyendo a Díaz-Canel y al Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR).
Estas medidas, sumado al bloqueo petrolero impuesto desde enero, han profundizado la crisis interna de la isla, marcada por escasez de combustible y otros productos básicos, largos apagones, inflación disparada y crecientes tensiones sociales.
En este contexto, las autoridades cubanas han reconocido contactos con funcionarios estadounidenses para explorar posibles entendimientos y han ocurrido encuentros entre ambos Gobiernos, a raíz de los viajes a Cuba del director de la CIA y el jefe del Comando Sur.
Trump, por su parte, llegó a declarar que un acuerdo con Cuba podría alcanzarse “muy pronto”, aunque también ha amenazado con “tomar el control” de la isla, mientras la realidad diplomática muestra un camino lleno de obstáculos.
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Panameños presos en Cuba
Más allá de la mediación, la iniciativa panameña podría responder también a un interés directo: la situación de siete ciudadanos panameños detenidos en Cuba desde febrero, acusados de propaganda contra el orden constitucional.
Tres mujeres fueron liberadas en abril, pero siete hombres aún permanecen encarcelados.
Martínez-Acha confirmó que su despacho mantiene gestiones con las autoridades cubanas para garantizar el debido proceso. El canciller viajó a La Habana en marzo y se reunió con Díaz-Canel y Bruno Rodríguez Parrilla, en lo que describió como parte de una estrategia de “diplomacia activa”.
La propuesta panameña se produce en un contexto de tensiones crecientes en el Caribe y el hemisferio occidental, con una Casa Blanca que ha proclamado públicamente su intención de reforzar su influencia en la región y controlar el canal istmeño.
Durante la Asamblea de la OEA, Panamá reiteró su posición sobre Venezuela, reconociendo a Edmundo González Urrutia como presidente electo y defendiendo la necesidad de respetar la voluntad popular.
El foro reúne a 34 ministros y viceministros de Relaciones Exteriores, junto con enviados especiales y representantes de organismos internacionales. Para Panamá, la cita es también una oportunidad de reposicionarse como centro estratégico y recuperar protagonismo en la diplomacia latinoamericana.












