El presidente Donald Trump afirmó este jueves en una entrevista con The Axios Show que “es posible” que una eventual operación militar contra Cuba se parezca a la rápida captura del presidente venezolano Nicolás Maduro en enero, en una de las declaraciones más directas que ha hecho hasta ahora sobre los planes de su gobierno para la isla.
Cuando el periodista de Axios Marc Caputo le preguntó si una operación en Cuba podría desarrollarse de forma similar a la misión en Venezuela, Trump respondió: “Posiblemente. Es posible”, para luego añadir que “estos lugares están cerca”.
“Mientras que si ves Irán, eso es un viaje muy largo. Volé a esa zona varias veces, sin relación con esto, pero vuelas durante 18 horas, vuelas mucho tiempo. Venezuela está relativamente cerca y Cuba es un salto corto”.
El mandatario marcó además una diferencia entre ambos países: “Venezuela tiene petróleo. Cuba no. Cuba tiene una linda propiedad y tiene una linda costa”.
Sobre Irán, Trump dijo que la operación allí avanza con más lentitud porque ese país tiene un ejército “más poderoso” y está más lejos.
“En cierto sentido, es mucho más grande, mucho más poderoso desde el punto de vista del armamento que Venezuela”, afirmó, aunque matizó: “Venezuela es un Estado muy militarizado. Ya sabes, tienen muchos soldados”. Asimismo, señaló estar “en condiciones menos que ideales… Y en realidad duró 48 minutos. Y esto es un ejército. Ya sabes, tienen muchos soldados, muy buenos soldados”.
Trump ha planteado en el pasado una “toma amistosa” de Cuba y dice preferir una transición pacífica. Su gobierno, no obstante, ha diseñado planes de respuesta militar ante un posible colapso del régimen cubano, que según Axios podría producirse tan pronto como este verano.
El poderío militar cubano se ha debilitado sustancialmente desde la pérdida del respaldo soviético en los años noventa, y gran parte de sus fuerzas armadas depende de armamento de esa época.
Los servicios de inteligencia estadounidenses detectaron, sin embargo, que Cuba adquirió más de 300 drones militares y discutió su posible uso contra la base naval de Guantánamo, embarcaciones militares de EE.UU. y eventualmente Key West, Florida, un escenario que Axios señala como posible pretexto para una intervención estadounidense.
Trump se negó a ofrecer un cronograma para una eventual operación en Cuba y dijo que el calendario sigue siendo “flexible.” Confirmó que el secretario de Estado Marco Rubio está “muy involucrado” en el proceso.
Guerra y “prosperidad”
El mismo jueves en que Trump habló con Axios, el vicepresidente JD Vance ofrecía en Washington una declaración que añade otra pieza a ese mensaje de presión. Preguntado en una rueda de prensa sobre si, tras el reciente acuerdo con Irán, Cuba sería “el siguiente” país en recibir un tratamiento similar —como había sugerido Trump semanas atrás—, Vance urgió a las autoridades cubanas a tomar “decisiones inteligentes”.
JD Vance urge a las autoridades cubanas a tomar “decisiones inteligentes”
El vicepresidente describió a Cuba como “un sistema que no ha funcionado” y afirmó que su economía está “probablemente peor que la economía iraní”.
Además, recordó que, debido a la cercanía geográfica de la isla con las costas de Florida (145 kilómetros), cada crisis cubana termina enviando hacia Estados Unidos a “personas desesperadas que no pueden alimentar a sus familias”.
“Queremos que el pueblo cubano sea feliz y tenga éxito. Ahora mismo estamos hablando con el Gobierno cubano sobre cómo podrían cambiar su forma de actuar para lograrlo. Vamos a ver qué hacen y, obviamente, si hacen una cosa, nosotros vamos a hacer otra. Si toman decisiones inteligentes, vamos a tener una relación mucho mejor con esa isla”, declaró Vance.
Altos mandos estadounidenses en Cuba
La entrevista con Trump llega después de una serie de visitas militares estadounidenses sin precedente reciente en la zona de Guantánamo.
A finales de mayo, el general Francis L. Donovan, jefe del Comando Sur de Estados Unidos, se reunió con el general Roberto Legrá Sotolongo, primer viceministro y jefe del Estado Mayor General de las Fuerzas Armadas Revolucionarias cubanas, en el perímetro de la base naval, en lo que el propio Comando Sur describió como “un breve intercambio sobre asuntos de seguridad operacional”. Fue el primer encuentro de este tipo entre un jefe del Comando Sur y altos mandos militares cubanos en tiempos recientes.
Apenas once días después, el 10 de junio, el secretario de Guerra de Estados Unidos, Pete Hegseth, aterrizó en la misma base para reunirse con las tropas estadounidenses destacadas allí.
Frente a los militares, Hegseth advirtió que “sería imprudente que el gobierno de Cuba intentara procurarse o acceder a tipos de armas que pudieran alcanzar esta base o el territorio estadunidense”, pues “estarían provocando el tipo de enfrentamiento que no solo no desean, sino que no podrían soportar”.
Preguntado después, en una comparecencia en Tampa, sobre la posibilidad de una operación contra Díaz-Canel, Hegseth tampoco la descartó. “Tenemos opciones para todos los escenarios. Ese es nuestro trabajo. Literalmente nos dedicamos a planificar eso”, afirmó.
Ambas visitas se producen en el tramo más tenso de la relación bilateral en décadas, que incluye también los cargos de asesinato presentados el 20 de mayo por el Departamento de Justicia contra Raúl Castro por el derribo de dos avionetas civiles en 1996, y la visita a La Habana, a principios de mayo, del director de la CIA, John Ratcliffe.
El propio Donovan negó ante el Congreso que el Comando Sur esté preparando una invasión, aunque reconoció que SOUTHCOM contempla instalar en Guantánamo un campamento para procesar una eventual oleada migratoria “ante cualquier desbordamiento de la situación en la propia Cuba”.
Entre tensiones y reformas
Las declaraciones de Trump también se producen horas después de que la Asamblea Nacional del Poder Popular de Cuba aprobara este mismo jueves, en sesión extraordinaria convocada con apenas 48 horas de antelación, el paquete de reformas económicas y sociales más amplio que el país ha visto en décadas: 176 propuestas organizadas en 23 ejes.
Cuba aprueba su mayor reforma económica en décadas, bajo la mayor presión de Washington
Entre las medidas más llamativas del paquete destacan la apertura de la inversión extranjera directamente en empresas privadas cubanas, además de plazos de usufructo de hasta 99 años y condiciones equiparadas para los más de dos millones de cubanos residentes en el exterior que quieran invertir en la isla.
En el plano del sector privado, se autoriza por primera vez que una misma persona sea titular de más de una empresa y tenga participación accionaria simultánea en varios negocios, y se habilita la compra de acciones de empresas estatales por parte de personas naturales y jurídicas, nacionales y extranjeras —la primera vez que el marco legal cubano contempla que el capital privado posea una porción de una empresa del Estado—, bajo el principio de que toda regla aprobada para el sector no estatal rige también para el estatal.
El paquete contempla además la eliminación de las importadoras estatales que intermediaban el comercio exterior, el fin de las restricciones a la importación de vehículos, y la entrada de “nuevos actores” en “nuevas modalidades” en el sector turístico, pensada para operar el parque hotelero que las cadenas extranjeras han ido abandonando ante el riesgo de sanciones estadounidenses.
El paquete fue anunciado por el presidente Miguel Díaz-Canel el pasado 12 de junio, recibió el respaldo del Comité Central del Partido Comunista y del propio Raúl Castro, el 17 de junio, y fue ratificado por el Parlamento al día siguiente, en una tramitación inusualmente veloz que algunos analistas leen como señal de voluntad política real y otros como urgencia desesperada.
Al presentar las medidas ante los diputados, Marrero atribuyó el deterioro principal de la economía cubana al recrudecimiento de las sanciones estadounidenses desde 2019, agravadas por la política de máxima presión de la administración Trump desde enero de 2026, aunque reconoció también errores e insuficiencias propias.
La reforma llega en medio de una crisis que ha multiplicado los apagones de hasta dos días consecutivos en casi todas las provincias y más de 20 horas diarias en La Habana. Una situación de precariedad integral potenciada directamente por el asedio petrolero estadounidense iniciado en enero y por las sanciones reforzadas contra sectores vitales de la economía desde mayo.











