El Gobierno de EE.UU. rechazó este miércoles extender el Tratado Comercial entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) “en su forma actual”.
La decisión de Washington, si bien no implica una ruptura inmediata y mantiene vigente el acuerdo al menos hasta su vencimiento dentro de 10 años, sí tiene otras implicaciones y repercusiones negativas al añadir resquemor e incertidumbre sobre el futuro de la alianza.
En tal sentido, en opinión de analistas, la negativa estadounidense amenaza con llevar al traste el gran mercado norteamericano surgido en los años noventa como uno de los espacios integrados más grandes y capitalizados del mundo.
El anuncio, realizado por el representante de Comercio de EE.UU., Jamieson Greer, tras una reunión virtual con sus homólogos mexicano y canadiense, implica que el acuerdo se renovará de manera anual mientras persistan los diferendos actuales, en lugar de extenderse por otros 16 años.
El Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) surgió oficialmente el 1 de enero de 1994, cuando entró en vigor tras ser firmado en 1992 por México, Estados Unidos y Canadá. El actual T-MEC, que sustituyó al TLCAN en 2020, abarca un mercado de más de 510 millones de consumidores en América del Norte.
Estados Unidos rechaza renovar el tratado comercial T-MEC con México y Canadá en su “formato actual” pero asegura que el acuerdo continuará vigente a la espera de resolver deficiencias o se termine.https://t.co/CvuIck7lzH pic.twitter.com/9E8Hye7dei
— EFE Noticias (@EFEnoticias) July 1, 2026
Negativa de Washington e impacto en México y Canadá
El comunicado de la Oficina Comercial estadounidense fue escueto: “Estados Unidos no aceptó renovar el T-MEC en su forma actual”. Greer añadió que el país seguirá trabajando con México y Canadá para “abordar las deficiencias del acuerdo y reducir nuestros déficits comerciales”.
La decisión se inserta en la estrategia de Donald Trump de privilegiar acuerdos bilaterales y ejercer presión sobre sus socios para obtener concesiones en sectores sensibles como lácteos, maíz y manufacturas.
Para México, una eventual salida estadounidense del T-MEC supondría un golpe severo: el tratado cubre un mercado de más de 510 millones de consumidores y un volumen comercial cercano a los 2 billones de dólares. La presidenta Claudia Sheinbaum intentó transmitir optimismo, recordando que “el tratado le beneficia a EE.UU. porque reduce los precios de los productos”.
Por su parte, el secretario de Economía, Marcelo Ebrard, reconoció que aún hay margen para salvar la relación, pero advirtió que las revisiones anuales generan incertidumbre en las cadenas de suministro.
“No tenemos prisa, pero tampoco nos interesa que haya incertidumbres y por eso hay que tratar de llegar a un acuerdo sobre muchos temas”, explicó el funcionario mexicano en un breve vídeo publicado en sus redes sociales. Ebrard aseguró que las revisiones anuales permitirán a los tres socios ir desahogando asuntos pendientes e inconformidades por cada una de las partes.
En Canadá, el ministro Dominic LeBlanc subrayó que su país mantiene “una posición de fortaleza” y que seguirá defendiendo el acuerdo como herramienta de competitividad. Sin embargo, las tensiones con Washington son mayores que con México, especialmente en sectores como acero, aluminio y madera.
Un gran mercado en riesgo
El T-MEC sustituyó en 2020 al Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), vigente desde los años noventa, y consolidó una de las zonas de libre comercio más grandes del mundo.
La negativa de EE.UU. a prolongar su permanencia amenaza con deshacer décadas de integración económica, particularmente en la industria automotriz, que depende de plantas y cadenas de ensamblaje a ambos lados de la frontera.
El presidente del American Automotive Policy Council, Matt Blunt, subrayó este miércoles que “la integración económica norteamericana permite enormes ventajas competitivas para la región”, pero Brian Bryant, del gremio de la industria aeronáutica estadounidense, afirmó que el T-MEC “no debería simplemente prorrogarse tal como está”.
La Casa Blanca ha defendido que las revisiones anuales permitirán corregir déficits y fomentar la inversión en territorio estadounidense. “La solución para las empresas es invertir en EE.UU.”, señaló Greer, en lo que analistas interpretan como un ejercicio de nacionalismo económico.
Los aranceles impuestos por Trump el año pasado ya modificaron la relación comercial entre los tres países, al reducir el déficit con Canadá y aumentar el comercio con México, aunque a costa de tensiones globales.
El tratado seguirá vigente durante otra década, salvo que uno de los tres países decida retirarse con un preaviso de seis meses. Sin embargo, la decisión de Washington abre la puerta a negociaciones duras y frecuentes, lo que incrementa la incertidumbre para empresas y trabajadores.
“Solo porque tenga un plazo de 10 años, no significa que tengas que esperar esos 10 años para concluir el acuerdo”, advirtió Greer sin acudir al talante diplomático.












