Después de encumbrarse por primera vez en 2010, España había transitado errante por el desierto en las Copas Mundiales de Fútbol. Ganó Eurocopas, la Liga de Naciones, pero en el máximo escenario del deporte más popular del mundo seguía quedando a deber.
Así fue hasta este verano, cuando cruzó el Atlántico con sed de gloria. Fue en la ciudad estadounidense de Nueva Jersey donde rompió finalmente la maldición y, empujada por su comunión coral, le arrancó este domingo la corona a la mismísima Argentina de un Lionel Messi despedido entre lágrimas y ovaciones.
Lo logró confirmando su mejor juego colectivo, maniatando a la selección albiceleste, un equipo de siete vidas que, aun errático y exhausto, sacó a relucir su versión más “canchera” y obligó a los ibéricos a librar una extensa batalla definida ya en tiempo extra, cuando los penales empezaban a rondar la cabeza de muchos.
Como Iniesta hace 16 años en Johannesburgo, la selección española tuvo ahora a su héroe en Ferrán Torres, responsable ante la historia de sentar nuevamente a La Roja en el trono universal.
El gol del delantero valenciano —único del choque— después de 106 eternos minutos de acecho, hizo justicia a lo visto sobre el césped del MetLife de Nueva Jersey, hasta donde se trasladó el presidente Donald Trump para entregar el trofeo, y con deseos de inmortalizarse en la foto de los campeones.
¡España se borda la segunda estrella! #CopaMundialFIFA
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Argentina, superada
No transcurrió demasiado tiempo para entender que la tropa de Lionel Scaloni no tenía demasiados deseos ni fuerzas de pelear por la pelota, casi todo el tiempo en poder del mediocampo sinfónico a las órdenes de Luis de la Fuente.
Nadie como el estratega de la Albiceleste para saber de antemano que, en la batalla decisiva, a los suyos —visiblemente disminuidos en lo físico tras varias prórrogas y finales de infarto— les tocaba cavar trincheras, meter la pierna con dureza y orar por un despiste del rival que pusiera a Messi de cara al gol.
El plan se fue deshaciendo como los minutos en el reloj del árbitro, porque poco más que nombres queda de la formación que hace cuatro años brilló en Qatar, y que ahora no consiguió trenzar oportunidades de gol, ni disparos a puerta, hasta que quedó por debajo en el pizarrón.
Su otra desventaja, fijada por la cantidad de efectivos disponibles, se certificó poco antes de llegar a la prórroga, cuando Enzo Fernández vio la segunda cartulina amarilla en el partido, por una violenta entrada.
A la par, varios titulares tuvieron que dejar la cancha, imposibilitados de seguir. Entre ellos, los centrales Lisandro Martínez y Cristian “Cuti” Romero.
Si con la plantilla cubierta apenas podía contener las cada vez más frecuentes arremetidas, con un hombre menos y sin su defensa titular, al plantel sudamericano solo le quedaba apurar el reloj para jugarse el reino en la lotería de los penales. La mayoría de los cambios lo confirmaron a gritos.
Ferran Torres se vistió de Iniesta pic.twitter.com/AiA4wZ9tvR
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España, el arreón final
Entregada al asalto por tierra, mar y aire, y tras un gol anulado —no sin polémica— por una falta en ataque, España encontró finalmente su premio en la prórroga.
Un centro pasado de Pedro Porro llegó hasta la cabeza de Nico Williams, que, muy exigido, logró enviar el balón hacia donde llegaba Ferran prácticamente solo. El atacante, que todavía buscaba su primera diana en el torneo, clavó con rabia el remate en la portería que hasta ese momento el “Dibu” Martínez había logrado mantener en cero.
El latigazo espoleó el orgullo argentino. El aislado Messi comenzó a tocar más la pelota, y su equipo tuvo un par de ocasiones para empatar. Pero todo quedó en escaramuzas.
El pitazo final desató entonces la locura en España, con una intensidad similar a la emoción de Messi tras su “último baile”. El acto final no le alcanzó al rosarino para hacerse con la Bota de Oro, ni para erigirse como el máximo artillero histórico de estos torneos.
Ambas cotas quedaron en poder de uno de sus posibles sucesores, el francés Kylian Mbappé, autor de 22 dianas en tres Mundiales y de 10 en el finalizado ayer.
Sin embargo, el astro argentino deja su impronta en más de 45 títulos en torneos de clubes y selecciones, un legado ejemplar dentro y fuera de la cancha y la capacidad para convertirse en un ícono indiscutible de una nación. Y allí, no tardarán en hacerle una estatua.
“Liguem a TV quando o Messi estiver jogando, quando ele se aposentar, o futebol será um deserto.”
– Pep Guardiola pic.twitter.com/nQ4qMrHHdE
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Santo y seña
A la hora del recuento, ya pocos se acuerdan de que la España campeona es la misma que comenzó el Mundial con un “gatillazo” frente a Cabo Verde, un episodio ahora anecdótico, pero que generó no pocos cuestionamientos al técnico y los jugadores.
Sin dudas, si La Roja logró coser la segunda estrella sobre su escudo, se debe en buena medida a la unidad en los momentos más complicados, como aquel estreno, pero también gracias a la fidelidad a una idea futbolística ampliamente reconocible y exitosa.
Si Argentina siempre ha exhibido su “messidependencia”, esta España se diseñó a partir de una ingeniería coral, tejida por De la Fuente con paciencia de monje, y sin referentes irremplazables.
2015 – De La Fuente wins u19 European Championship with Spain
2019 – De La Fuente wins u21 European Championship with Spain
2023 – De La Fuente wins Nations League with Spain
2024 – De La Fuente wins EURO 2024 with Spain
2026 – De La Fuente wins 2026 World Cup… pic.twitter.com/rGI8aelbGd
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Dos hombres como Pedri y Llorente no volvieron a ser titulares después del primer partido, y eso no gripó la maquinaria. Tampoco se echó demasiado en falta al más desequilibrante Lamine Yamal, ni fue traumática cada salida de juego de Oyarzabal, la espada más afilada en el frente de ataque.
Como contrapeso quedaron para siempre los remates salvadores de Merino, la jefatura de Rodri en el mediocampo, la solvencia de Baena, Fabián y Dani Olmo, la seguridad de Laporte y Cubarsí, los incombustibles desempeños de Porro y Cucurella.
España ganó el Mundial, pero a su paso también arrasó con los premios individuales. Unai Simón, el flamante recordista de imbatibilidad en Mundiales, se llevó el Guante de Oro tras haber permitido solo un gol a lo largo de todo el calendario.
Gracias a su despliegue imperial en el centro de la defensa, Pau Cubarsí (19 años) fue elegido como el Mejor Jugador Joven del torneo, cuyo Balón de Oro fue a parar a las manos de Rodri, capitán y dueño de los tempos con que se ejecutó la nueva hazaña.
The future is now
Pau Cubarsí wins the FIFA Young Player Award presented by @aramco#FIFAWorldCup #YoungPlayerAward pic.twitter.com/d7PYnm3TVJ— FIFA World Cup (@FIFAWorldCup) July 19, 2026
Con buena parte de la generación campeona de 2010 sentada en la grada, los herederos aprobaron con sobresaliente nota el examen más riguroso, confirmándose como un equipo que puede marcar una época.
El tiempo dirá, pero mientras tanto España disfruta, unida como casi nunca, el regreso al trono.













