Shaka, una bebida energizante que se ha vuelto tendencia en el mercado privado cubano y consumida mayoritariamente por adolescentes y jóvenes, ha despertado las alarmas de las autoridades sanitarias en la isla en las últimas horas.
En un mensaje en Facebook, la Dirección Provincial de Salud de Holguín advirtió que detrás de la imagen de una bebida asociada con energía y entretenimiento existen riesgos vinculados fundamentalmente con la cafeína y otros estimulantes.
Shaka, que en cafeterías y bares privados cubanos suele ofertarse entre 450 y 550 pesos cubanos, pertenece a la categoría de bebidas energizantes, que suelen combinar cafeína, azúcares y sustancias como taurina y vitaminas del complejo B, indica el mensaje.
El consumo de estos productos se ha relacionado con un aumento de la frecuencia cardíaca y la presión arterial, además de nerviosismo, ansiedad, insomnio y deshidratación.
El Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC) señala que entre 30 % y 50 % de los adolescentes consume bebidas energizantes y recoge la recomendación de la Academia Estadounidense de Pediatría de que estas bebidas no formen parte de la dieta de niños y adolescentes.
El problema, según la alerta difundida en Holguín, no se limita a la cantidad de cafeína, pues algunas presentaciones que circulan en el mercado utilizan sabores o denominaciones asociados con bebidas alcohólicas, como vodka o mojito.
Sobre esa línea, agregan las autoridades, la presentación puede resultar especialmente atractiva para consumidores jóvenes y contribuir a familiarizarlos desde edades tempranas con referencias vinculadas al alcohol.
La Academia Estadounidense de Pediatría ha advertido, además, sobre los riesgos específicos de combinar bebidas energizantes con alcohol, debido a que la cafeína puede enmascarar algunos efectos sedantes del alcohol y favorecer un mayor consumo.
Una energía que no sustituye el descanso
Uno de los usos que más preocupa a las autoridades sanitarias es el de adolescentes que recurren a estas bebidas para estudiar durante muchas horas, combatir el sueño o intentar mejorar su rendimiento físico. El efecto estimulante puede aumentar temporalmente el estado de alerta, pero no elimina la necesidad fisiológica de dormir, hidratarse y alimentarse adecuadamente.
La cafeína puede elevar la frecuencia cardíaca y la presión arterial y provocar alteraciones del sueño, ansiedad, irritabilidad, temblores y dolores de cabeza.
El consumo habitual también puede generar dependencia física y síntomas de abstinencia. La literatura pediátrica ha señalado que los efectos de la cafeína sobre los sistemas neurológico y cardiovascular en desarrollo son una razón adicional para desalentar su consumo entre niños y adolescentes.
La alerta llama a no confundir las bebidas energizantes con las deportivas. Las primeras contienen estimulantes y están concebidas para incrementar el estado de alerta, mientras que las bebidas deportivas tienen otra finalidad, relacionada con la reposición de agua, carbohidratos y electrolitos después de actividades físicas prolongadas e intensas.













