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Elsa Santana Figueras ha dedicado tiempo y empeño, en iguales proporciones, a su formación profesional y al ejercicio de un oficio donde las fronteras entre lo técnico y lo artístico se difuminan.
Su obra, en constante movimiento, transita por diferentes géneros: retratos, documental o de calle, de observación de la naturaleza, de espectáculos, macroformatos… Tiene un amplio espectro de intereses. Su signo es la búsqueda, la experimentación constante, la observación que no ceja.
La hemos invitado a la sección de hoy para que se puedan apreciar, aunque de forma fragmentaria, los resultados que va obteniendo, camino a convertirse en una artista consagrada, de mirada lúcida y penetrante.
Y en este punto le pasamos la palabra.
Llegué temprano a la fotografía. Mi padre era aficionado; solía darme su cámara rusa Zorki para hacer capturas. Toda mi infancia está registrada en postales y diapositivas de su proyector Kodaslide. Ya en el preuniversitario, una amiga me prestaba su cámara, con la que pude documentar esa etapa en la escuela al campo. Siempre tuve inclinación por las artes plásticas y la literatura.
Mi primera cámara fue una Zenit. Hacía fotos y las revelaba con la guía de unos libros que conservo aún. Estudiaba Literatura en el Pedagógico y seguía talleres de pintura con un profesor de San Alejandro. Soñaba con pintar, pero el Periodo Especial frustró ese y otros planes.
Con el nacimiento de mi hijo Juan David Mujica Santana, seguí experimentando. Le hacía retratos. En 1998 comencé mi primer taller de fotografía en el Museo Humboldt, con los profesores Roberto Gil Sala y Eduardo Aguilar Mena, quienes guiaban las prácticas de campo. Ahí creció mi gran pasión por la fotografía.
Trabajaba con una cámara analógica semiautomática, la Canon EOS 605 de 35 milímetros, con la que seguí incursionando en el género de retrato. Algunas de las obras de esa época fueron exhibidas en la Galería Alicia Alonso, del Gran Teatro de La Habana, dentro de una muestra colectiva.
Luego pude acercarme al teatro gracias al profesor Rodolfo Villasusa. Entusiasmada, hice fotos a la obra Las brujas de Salem, en el Trianón, por el grupo de teatro El Público, y bajo la dirección de Carlos Díaz. De esa experiencia salió mi primera exposición personal. Por la buena acogida de esas capturas, Carlos me hizo varias propuestas de trabajo, pero estaba embarazada de Enya, mi segunda hija, y cancelé todos los proyectos.
Luego viene una pausa, el salto de la fotografía analógica a la digital. En 2003 fui invitada por Pablo Rigal Collado a una exposición colectiva de fotógrafas y pintoras. Esto me animó a continuar ejerciendo mi pasión. En todo ese tiempo me mantuve trabajando como financista en Fintur, algo que, hasta hoy, me ha proporcionado el sustento. Y los fines de semana, fotografiaba eventos.
Entre 2017 y 2018 trabajé en el proyecto cultural Sarao Night Club, de música electrónica, lo que me permitió adentrarme en la fotografía nocturna en diferentes escenarios.
En 2021 pasé un taller de foto naturalismo en la Quinta de los Molinos, con el profesor Alberto Bastón Chils, del que se derivaron varias exposiciones. Muchas de esas piezas fueron a dar a los registros de la plataforma eBird de la Universidad de Cornell. El proyecto medioambiental Captura Natura creció con este grupo de fotos naturalistas que cada año son invitados a exponer en la Galería Mariano Rodríguez para celebrar el Día Mundial del Medio Ambiente.
El 2022 es el año en que me integro al taller de fotografía artística, con Alberto “El Chino” Arcos, en la Uneac. Esto me permitió una redefinición cognitiva de la necesidad de expresarme a través del arte. Surgen nuevos caminos, con series como Atila-Cuba, donde vinculo imagen y poesía; y Mis tiempos están en tus manos.
Interesada por explorar las posibilidades que brindan las cámaras de gran formato, en 2023 cursé un taller en el ISA, con el profesor Ossain Ragui. Compartí con otros artistas que provenían del mundo de la analogía. Viví momentos inolvidables.
He participado en varios eventos con Guisseppe Bartuccini y en Fotonaratones, con relación a la fotografía callejera, modalidad en la que se comparte la vibra y dinámica documental a partir de la visión personal de cada quien. Es una temática que me gusta abordar.
Fui invitada por el curador Alain Cabrera y Mina di Vita, en 2025, a la exposición de diez fotógrafos cubanos e italianos. Ahí presenté varias imágenes de la serie de las manos.
De la foto a la obra es el título del taller que impartió Yuri Obregón este año, y al cual me uní. Siento que ese ejercicio docente me ha proporcionado nuevas herramientas para escribir y adentrarme en el proyecto personal en que ahora trabajo.
Van algunas muestras de cuatro de mis series.
Mis tiempos están en tus manos
Esta es una serie abierta que vengo realizando desde hace algunos años. He llegado a pensar que esta temática me obsesiona; siento la necesidad de seguir en ella porque su narrativa es infinita. Igualmente, su plasticidad y su sincronismo físico y mental son un reflejo de la interioridad de cada ser.
Algunas de estas imágenes fueron escogidas para la exposición colectiva Miradas compartidas, celebrada en la Plaza de la Catedral de La Habana durante el Noviembre Fotográfico de 2025, evento que estuvo bajo la curaduría de Alain Cabrera y Mina DiVita.






Paisajes
Los paisajes siempre van a estar presentes en mi fotografía, sobre todo el mar, que es mi remanso de paz. Sus reflejos, contraluces, movimientos, su poder erosionador, los asumo como un gran reto fotográfico, porque no se trata solo de lo que se ve, sino de cómo lo veo. Esta es la mirada transformadora a través del manejo de la cámara, aportando un sello individual.





Atila Cuba en el ISA
Esta es una serie cerrada. Se realizó durante un Safari Habana en el anfiteatro deteriorado del ISA. A pesar del abandono, su arquitectura y las luces naturales cobran cierta majestuosidad que proporciona un ambiente espectacular. Luz ambiente, filtrada y refractada por esas paredes y galerías. Fue una experiencia enriquecedora compartida con otros fotógrafos y modelos.


Perspectiva de vida

Amo este retrato porque captura uno de esos instantes precisos que quedan para siempre en el recuerdo. Fue un verdadero momento de conexión. Yo estaba trabajando en una fiesta de música electrónica en el Sarao Night Club, fotografiando el ambiente musical de los DJs y al público en su euforia nocturna llena de luces. Ese señor y yo conectamos a través de un tema musical de Michael Jackson. Lo vi, le hice la foto y sonreímos; yo estaba trabajando y él también, recogiendo la basura; se logró eternizar un gran instante de felicidad.














