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Raimel Antonio Fernández Álvarez (La Habana, 1982), antes de decidirse a ser fotógrafo, se licenció en la Universidad de Ciencias de la Cultura Física y el Deporte Manuel Fajardo (2006).
Su formación artística la recibió en la Academia Cabrales del Valle, nivel superior en las especialidades de iluminación y retrato documental (2015), y en el taller de fotografía de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, que imparte Alberto “El Chino” Arcos (2020).
Lo otro, aquello que va más allá de capturar imágenes ocasionalmente con más o menos fortuna, y que supone, entre otras cosas, el adiestramiento de la mirada, una férrea curiosidad y el estudio de la historia de su arte, lo adquirió luego, con el trabajo diario y el rigor crítico dirigido al propio trabajo. El dominio pleno nunca llega a alcanzarse del todo en esta actividad que tiene tanto de técnica como de arte. Lo primero, se adquiere; lo segundo, se educa.
En 2020, la obra “Sin aliento”, de Raimel, resultó ganadora del Premio a la Mejor Fotografía Callejera y se expuso en la galería Raúl Corrales, de La Habana. Ha merecido, además, la beca internacional de fotografía documental Witness Visual Storytellers (2022).
Su obra fue incluida en la revista internacional de fotografía The Club Magazine, en el capítulo “Los 100 mejores rostros de Cuba” (2025). Como parte de exhibiciones colectivas, el trabajo de Raimel ha podido apreciarse, además de en su país natal, en Estados Unidos y España.
Aquí los dejo con sus breves comentarios y una nutrida muestra de su quehacer dentro de la vertiente documental.

Raimel Fernández se cuenta y nos cuenta
Mi amor por la fotografía viene desde los 9 años. En eso influyó una tía fotógrafa de bodas y cumpleaños. Ella me enseñó mucho de este maravilloso oficio.
Pasaron largos años antes de que pudiera materializar ese anhelo de ser fotógrafo.
En el año 2012, exactamente un año después del nacimiento del primero de mis dos hijos, ya pude despertar aquello que estaba dormido dentro de mí.
Me gusta la fotografía en todas sus manifestaciones, pero siempre tuve mayor inclinación hacia el acto de congelar esos pequeños instantes de vida cotidiana, del quehacer diario del cubano, para crear una especie de memoria histórica de nuestro día a día. La foto documental.

La serie Vidas a la deriva discurre sobre la deriva existencial, la incertidumbre con que se vive en el país. Sobrevivir en un limbo temporal, donde planificar el futuro es imposible. La existencia individual y colectiva reducida a “ver qué trae la marea”.



La mayoría de estos personajes no caminan con un rumbo fijo. Transitan por las calles agrietadas, empujados por la inercia de la crisis.
La fotografía de espectáculos en vivo te exige cierta anticipación a lo que puede suceder de un momento a otro. Debes estar pendiente de las emociones diversas que pueden coexistir arriba de un escenario. Pasar de escuchar las canciones de quien admiras a llegar a estar a pocos metros del personaje. Una experiencia incomparable.



Llegué a la fotografía de espectáculos gracias a Maykel Blanco y su Salsa Mayor. Se abrió ante mí un mundo que no creí que fuese tan maravilloso. Pienso que este género no está lo suficientemente valorado entre los que practicamos el arte de fotografiar.
Se desconoce la magnitud de ese placer y la responsabilidad que conlleva documentar los conciertos.
La serie ADN muestra una sociedad vulnerable y envejecida. Arraigada a antiguas costumbres donde confluyen juntos el bien y el mal, Oshún y Jehová, y se respira, pero no se vive.






Desde la lejanía de mi balcón, en un oscuro aislamiento, el último rayo de luz del día hizo magia de la composición.

La captura fue hecha durante la peregrinación de los devotos de San Lázaro al Rincón, dentro del contexto de la beca taller internacional WITNESS.
Ese pequeño pueblo recibe cada 17 de diciembre a miles de cubanos que van hasta allí vistiendo alguna prenda morada, sin importar la lejanía, las condiciones económicas o incluso las inclemencias del tiempo, a cumplir con el viejo Lázaro, ese santo milagroso.

Ellos me disparaban con sus pistolas imaginarias. Yo les disparé una fotografía con la máquina de detener el tiempo.














