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La compañía Estudio Teatral La Chinche, con sede en La Habana, lanzó una campaña para financiar los pasajes de avión que permitirían a cinco de sus integrantes participar en el Festival Internacional de Escuelas Superiores de Arte Dramático (FIESAD 2026), a realizarse entre octubre y noviembre en Rabat, Marruecos.
El festival cubre alojamiento, manutención, desplazamientos internos y solo les faltan los pasajes a Rabat, adonde llevarían la obra Charlotte Corday. Poema dramático, de la narradora y dramaturga cubana residente en Argentina Nara Mansur.
Nara me advirtió de esta campaña de recaudación de fondos lanzada por los de La Chinche, cuyos integrantes y directora mantienen esperanza de no perder la oportunidad.
“Nosotros estamos sumamente interesados en poder participar. Como maestra, me sería vital poder ver el trabajo de estudiantes que cursan lo mismo que mis alumnos, y que mis alumnos, también actores, puedan ver trabajo de otros estudiantes. Es conocimiento que uno quiere, y además, bueno, por supuesto, queremos participar, conocer Marruecos. Tenemos que seguir luchando con fe hasta el final, a ver si lo logramos”, me dice Lizette Silverio Valdés.
El crowdfunding fue iniciativa de una de las alumnas de Silverio Valdés, quien por años ha impartido clases en la Escuela Nacional de Teatro y ha dirigido esta compañía, unidad docente del Instituto Superior de Arte (ISA) y parte del Consejo de las Artes Escénicas. Cuenta con puestas como Galápagos, de Salvador Lemis; Maferefúm Akeké, de Miguel Barnet; Con la ropa de mi madre. Obra para ser dicha por el perro hembra, de Taimi Diéguez Mallo, o Jardín de héroes, de Yerandy Fleites.
“Había que luchar hasta el último momento, intentar llegar al festival… Nunca habíamos hecho este tipo de campañas. El año pasado ni sabía que esto existía. Realmente tampoco nos daba tiempo…”, me dice por WhatsApp Silverio Valdés, a quien pregunté: ¿No hubo manera de que contaran con respaldo institucional, siendo la primera escuela cubana seleccionada por el FIESAD?
“La obra ha sido seleccionada en dos ocasiones. El año pasado no había dinero. También fue un poco tarde, porque la respuesta de Marruecos —no de la selección— fue un poco pegada. En fin, no se pudo. El decano prometió que para el próximo curso se iba a tener en cuenta. Ahora la situación está en peores condiciones. Nos aceptan la posibilidad de ir; o sea, no hay ningún tipo de problema con eso, pero no hay dinero ni en el Consejo de las Artes Escénicas ni en el ISA”.
Sobre cuánto ha cambiado Estudio Teatral La Chinche desde su creación, dijo:
“Creo que se ha transformado bastante. He sido maestra durante muchos años y casi siempre he tenido actores jóvenes. Fundé el grupo con recién graduados de la Escuela Nacional de Teatro que eran mis alumnos, con la obra Romanza del lirio, de Norge Espinosa. La idea fue continuar y profundizar en la formación del actor. Hemos trabajado dando clases de canto, de voz, de danza, de expresión corporal, de acrobacia… Entre montaje y montaje imparto talleres a los actores y eso ha ido progresando en el tiempo hasta este momento”.
“El grupo ha madurado y se ha convertido prácticamente en un grupo escuela. Muchas personas que han pasado por él ahora son actores relevantes en el país. También ha aportado el haber estado trabajando sobre una dramaturgia nacional contemporánea, con autores como Norge [Espinosa], Yerandy Fleites y Nara Mansur. Hemos estado trabajando mucho con una dramaturgia contemporánea, con los autores en vivo, presentes; poderlos tener en el proceso es una maravilla”.

¿De qué manera eligieron la obra Charlotte Corday. Poema dramático, de Nara Mansur?
“Era el último estreno. Estuvimos una temporada en el Brecht, un mes. Después estuvimos en La Nave, Oficio de isla. En ambas temporadas, con muchísimo público, aceptación de público y de la crítica. Después fuimos seleccionadas al Festival Internacional de La Habana, en el que participamos y tuvimos una temporada; las funciones que nos tocaron por el festival en la sala Hubert de Blanck.
“La obra tuvo muy buena aceptación del público. La crítica fue bastante, a pesar de la situación complicada en el país, donde ir al teatro es superfácil. La vio mucha gente, muchos jóvenes. El grupo tiene un recorrido con este texto. A mí me interesa mucho. Fue trabajado por el grupo en 2016. Lo empezamos con una lectura dramatizada en el ISA, donde todos los estudiantes lo pudieron ver. Fue el punto de partida y después empecé a trabajar el montaje. Que la gente joven se haya acercado es muy bueno. Ese texto me parece supervalioso”.
¿Qué puede contarnos del teatro y la dramaturgia cubana que se hace hoy?
“La situación es bien difícil. Es muy difícil hacer teatro, muy complejo para los artistas, para los actores, para todo el equipo de realización; primero te pasas meses en tu proyecto, en tu creación, y después, como me pasó a mí con mi último estreno, De qué hablan las mujeres en el baño, una puesta en escena a partir de una novela de una dramaturga japonesa que vive en Estados Unidos, después enfrentas que no hay electricidad, que si haces una función con apagón o con algunas luces de lámpara recargable, estás renunciando a tu creación, al diseño de luces con el cuarto te imaginas la atmósfera de la obra”.
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“Yo creo que es un momento muy difícil; si se está haciendo lo que se está haciendo, es por pura voluntad, por puro amor. Muchos grupos no están haciendo nada, porque es prácticamente imposible llegar a los teatros. No hay economía que aguante. Eso afecta al movimiento teatral, sobre todo a la hora de la realización; o sea, de lo que son los procesos de montaje, de los estrenos, de poder sostener una temporada. Y eso, por supuesto, afecta la dramaturgia. Ni siquiera textos clásicos se pueden llevar a escena. Yo creo que la situación es bien crítica”.
“Sé que hay grupos que están haciendo las obras en el lobby de los teatros, que a mí, particularmente, me parece una locura. No es el producto que uno sueña… Si estás haciendo teatro callejero o estás haciendo teatro comunitario, es diferente. Pero la obra de teatro pensada para una sala, para un vestuario, un diseño, no la puedes hacer. Es renunciar a la creación o no, y no todos estamos dispuestos a eso. Uno no puede decir que el teatro cubano está bien porque prácticamente no hay teatro”.












