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China tuvo un Nobel de Literatura 111 años después de creado este premio. Su literatura contaba con un acervo milenario, pero el merecido reconocimiento debe bastante a la literatura latinoamericana.
La persona que pasó a la historia como el primer Nobel chino se llama Mo Yan (1955) y nació en una familia de granjeros en la provincia de Shangdong, exactamente en el municipio Gaomi Noreste, donde sucedieron los hechos que contó en su novela Sorgo rojo (El Aleph Editores y Océano, 1992).
“Había aprendido a amar con todo mi corazón el municipio de Gaomi Noreste y a odiarlo con furia desenfrenada”, dice el narrador de la novela, escrita en unos pocos días con unos audífonos por los que se reproducía música a todo volumen, como contó Mo Yan en una de sus conversaciones públicas durante la Feria del Libro de Buenos Aires, el pasado mayo.
Explicó entonces que cuando se celebraba el 40 aniversario de la II Guerra Mundial, en China se hizo una convocatoria para evocar historias bélicas. “Se me ocurrió esta y la escribí sin fijarme demasiado en el proceso de la guerra, en el trasfondo. Me detuve en los sentimientos”.
Se ha dicho que Sorgo rojo es una novela sobre “la familia, el mito y la memoria”, pero también le permitió al escritor presentarse con un nuevo estilo definido por la propia academia como “realismo alucinatorio”.
En su discurso de aceptación del Nobel, Mo Yan insistió en la importancia materna para la edificación de su obra, en sus orígenes: “Éramos tan pobres que a menudo no sabíamos de dónde vendría nuestra próxima comida, pero nunca me negó [su madre] que comprara un libro o algo para escribir”.
Sorgo rojo parte de acontecimientos reales remitidos a los tiempos en los que China padeció la invasión japonesa durante los años treinta. Los hechos tuvieron lugar a pocos kilómetros de su pueblo natal y Mo Yan quiso contarlos aplicándole al lenguaje mucho color, valiéndose de un recurso que compara al de los pintores impresionistas.
“Una persona solo puede experimentar hasta cierto punto, y una vez que has agotado tus propias historias, debes contar las de los demás”, dijo también en la ocasión en que agradeció por el premio de la Academia sueca.
Hoy Gaomi Noreste es un punto turístico que debe su atractivo, en parte, a esta historia, llevada a la pantalla por Zhāng Yìmóu en 1987. Mo Yan participó en la adaptación cinematográfica y el resultado también fue premiado con el Oso de Oro del Festival Internacional de Cine de Berlín, en 1988.
Para Mo Yan, la escritura del libro fue un proceso feroz que atravesó influenciado por sus maestros de entonces. Leía mucha literatura soviética, a Tolstói, a los escritores europeos y, especialmente, a los escritores latinoamericanos.
“El boom fue uno de mis grandes temas; García Márquez, Vargas Llosa, Cortázar, Rulfo, Borges”, contó, y subrayaba el poder que esta narrativa ejerció sobre su obra.
16 libros tuvo que escribir Mo Yan para sentirse libre, desintoxicado.
”La escritura del ‘boom’ es adictiva, como el ron o el tabaco. Es difícil liberarse de esa adicción. Cuando terminé el Suplicio del aroma de sándalo, me dije: ya no tengo la influencia de García Márquez”.
La definición que tenía de sí mismo en aquellos años de lectura desaforada era la de un buey que de repente entraba en un huerto. “No sabía qué comer primero y comencé a hojear esos libros con gran fervor”.
“García Márquez tuvo una sensación asombrosa al leer a Kafka, lo mismo me pasó a mí con García Márquez. Tardé muchos años en llegar a mi propio realismo mágico”, dijo.
Mo Ya subrayó la importancia de encontrar la voz propia, a pesar de las influencias: “Si imitas vas a ser un escritor siempre de segunda categoría. Lo más importante es crear un estilo propio, recurrir a tu cultura, historia y vida real de una sociedad y nación”.
También disertó sobre la trascendencia de la literatura latinoamericana, la que se ha escrito en español y que insufló un aire renovador a la literatura contemporánea. Subrayó además la influencia que ha tenido esta corriente literaria para los escritores de su país, cuya obra es parte importante de la literatura contemporánea hoy en día.













