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Al centro de la isla de Cuba vive y trabaja Faife, segundo apellido de Yudit Vidal que, al mismo tiempo, es su nombre artístico. Ella, modelo de 1979, es una artista independiente todoterreno, que igual pinta, dibuja o esculpe piezas blandas, conformadas con tejidos que remiten a las prácticas ancestrales de las artesanas de Trinidad.
Tan importante como su obra personal es la irradiación de Yudit en su entorno inmediato, pues lleva a la par varios proyectos volcados a la exaltación y rescate de ciertas tradiciones trinitarias, algunos de los cuales integran a niños con condiciones especiales. De modo que la actividad docente es otra de las aristas de su poliédrica personalidad.
Vamos a darle la posibilidad de que se presente a nuestros lectores.

¿Quién eres, muchacha?
Soy Yudit Vidal Faife, artista visual contemporánea. Vivo en Trinidad de Cuba, ciudad donde mis ancestros paternos llegaron de la lejana Galicia, España, construyeron su patrimonio y dejaron su legado.
Estudié artes plásticas en la academia de nivel medio superior Oscar Fernández Morera, de mi ciudad, y continué estudios en la Universidad de las Artes de Cuba, ISA, de La Habana, graduación de 2008. Me desempeño actualmente como artista independiente. Mi arte está expuesto permanentemente en Cuban Art Studio Yudit Vidal, situado en la calle Desengaño #294 de Trinidad.
Lidero dos proyectos en la ciudad: “Entre hilos, alas y pinceles” y “Seres de la diminuta inmensidad”.
“Entre hilos…” agrupa a 17 artesanas maestras bordadoras de las técnicas del hilo y la aguja, y en el cual se legitiman saberes tradicionales al llevarlos a obras de arte contemporáneas; además, se empoderan mujeres de la comunidad con influencia social; mediante la enseñanza artística y otras manualidades atendemos a niños con necesidades educativas especiales.
“Seres de la diminuta inmensidad”, por su parte, trabaja sobre el desarrollo cognitivo de infantes en edad preescolar a través de la implementación de talleres de enseñanza artística con herramientas psicopedagógicas.

En algún lugar has declarado: “Desde muy niña comprendí que mi camino era transformar la cotidianidad en un universo paralelo de ensueños y belleza para inspiración y deleite de todos.” ¿Cómo se ha dado ese proceso?
Siempre tuve inclinaciones artísticas, y la creación de objetos y otros elementos visuales comenzó desde los 4 años. Según contaban mis abuelos, garabateaba cada cosa que se me ponía delante, especialmente los libros de colorear, en los cuales hacía desaparecer el diseño original para pintar encima uno totalmente nuevo. Lo cotidiano es motivo de inspiración, y cada elemento que nos rodea puede convertirse en una pieza estéticamente diferente al ser intervenida.

Y eso hice con mis juguetes, armando y desarmando alguno de ellos para combinar sus partes e inventar una pieza totalmente distinta. Disfruto mover de contexto elementos de uso diario. Bolsos, sombreros, zapatos, abanicos, entre otros atributos que, a su vez, forman parte de la filosofía de vida femenina. Son, a mi modo de ver, esculturas en potencia, las cuales recreo y transformo artísticamente. Surgen así universos paralelos que son perfectamente disfrutables en otros espacios ajenos a su concepto inicial.
Te reconoces como una artista surrealista que bebe, además, de otras fuentes. Compártenos sucintamente tu trayectoria hasta hoy, desde el punto de vista estético.
Me considero una artista surrealista que se expresa combinando diversas técnicas pictóricas donde conviven realismo mágico y fusión de tradiciones textiles cubanas. La fuente principal de mis obras son los sueños; y una vez despierta, entremezclo lo irreal y lo cotidiano para crear figuraciones y seres llenos de misticismo que dialogan en varios universos, y que desarrollan un lenguaje propio cargado de identidad y de la maravilla del realismo mágico que nos rodea.

La primera etapa comienza en el año 1998, una vez graduada de la academia de nivel medio de artes plásticas, influenciada por los grandes maestros del gótico medieval, los primitivos flamencos y el Renacimiento. Me inspiraba en la maternidad, pues en el mismo año había dado a luz a mi precioso Marcos Miguel. Comencé a dibujar y a pintar al óleo la serie Dicotomía atemporal, que consiste en retratos imaginarios de madonas y vírgenes con niño, donde el tema central es la mujer en sus diversos roles, a partir de experiencias personales, y representándome muchas veces en otros contextos con técnicas tradicionales de la pintura de caballete.


A continuación surge Entidades míticas, serie en la que predomina la representación de criaturas irreales que muestran la naturaleza animal del ser humano. Las obras, realizadas en técnica mixta, van desde el dibujo a plumilla y al carboncillo hasta acuarela, acrílico, óleo y collage. Es mi visión personal del yo interno, una crítica social a las floraciones más oscuras del hombre y sus bajas pasiones.
Posteriormente, comienzo estudios universitarios, y la influencia de la arquitectura, la espiritualidad mística de la ciudad, el compromiso con la preservación y la salvaguarda del patrimonio, dan lugar a Detalle colonial. Es una etapa plagada de leyendas históricas, que consiste en dibujos a pincel, en técnica de acrílico sobre lienzo, de personajes, a líneas blancas y transparencias, que cuidan la ciudad, la protegen, la restauran, pues son en sí los espíritus de todos aquellos que vivieron una época de esplendor trinitario y que hoy conviven junto a nosotros. Seres de luz sobre el paisaje colorido y nocturno.



Aquí nace el proyecto Seres de la diminuta inmensidad, con el principal objetivo de influir sobre el desarrollo cognitivo de niños de 5.º y 6.º año de círculo infantil, lo que propicia el despertar de la sensibilidad artística y el incentivo de la curiosidad hacia el desarrollo de habilidades manuales para la producción manufacturera como herramientas claves para la subsistencia en el entorno local. Entre otras actividades, como la implementación de talleres a niños, surge la colección del mismo nombre, en la cual retrato a varios de los estudiantes con la técnica de acrílico sobre lienzo con estilo realista sobre fondos recreados a partir de los propios dibujos y pinturas de los infantes retratados. El proyecto surge en 2009 y está aún vigente.
Llega luego Esparcimiento anímico con la necesidad de la expresión pura y el estallido de color sobre lienzo o cartulina, generalmente en fondo de pintura acrílica. Son manchas gestuales realizadas con libertad plena que, luego de un tiempo, se retoman, se contemplan y sobre ellas dibujo, ya sea al carboncillo, plumilla o a pincel con tinta, las formas que nacen de la sugerencia del color y la forma de la mancha. Surgen una suerte de figuras surrealistas y fantásticas que se retocan con algunas luces si se requiere, pero todo el proceso ocurre de manera espontánea y natural, sin previo esbozo.
Entre hilos, alas y pinceles es un proyecto sociocultural integrado por 17 artesanas locales que colaboran en las obras que ya forman parte de las variadas colecciones que atesora el proyecto. Las piezas en su primera colección se caracterizan por el predominio de técnicas de acrílico, dibujo al carboncillo y pastel seco sobre un soporte de lienzo sin imprimar, trabajado con variadas técnicas del deshilado, tejido y bordado a mano, las cuales evolucionan y se convierten en figuraciones contemporáneas con texturas 3D realizadas con elementos textiles varios.

Otra de las colecciones es la de fotografías intervenidas, y en ella se llevan a escala patrones de la lencería trinitaria trabajados digitalmente hasta llegar a diseños prácticamente abstractos que magnifican el diminuto entramado de nudos y tejidos hasta llevarlos a otros universos e interviniendo cada pieza con dibujo, pintura, iluminaciones y otras técnicas pictóricas una vez impresas las fotos. Tenemos, además, la colección de esculturas blandas con soporte de metal, forradas y decoradas con diversas aplicaciones textiles, de mediano y gran formato. La colección más reciente incluye tapices realizados en soporte de yute reciclado, y expone diseños de puntos ancestrales llevados a gran escala que mantienen el color natural, tanto del yute como del hilo de algodón grueso empleado.
¿Existe un surrealismo cubano? Si es así, ¿a cuáles artistas citarías dentro de ese movimiento?
Existe en nuestro país la influencia del movimiento surrealista europeo, que dio lugar al “surrealismo cubano”, el cual, a mi modo de ver, influyó sobre la figuración de varios artistas de nuestro país a través de los años, hasta la actualidad. Wifredo Lam asumió de modo muy particular el surrealismo y el cubismo, con un fuerte sentido de identidad al representar nuestro entorno cubano enriquecido con la transculturación de religiones dentro del paisaje endémico y místico.
Ángel Acosta León, quien utilizó el dolor y el sufrimiento como fuerza de expresión, creó fusiones de formas humanas, mecánicas y animales; René Portocarrero, a su vez, recreó la figura humana en un entorno erótico con trazos sueltos y fuertes al mismo tiempo, enfatizando el cuerpo al desnudo en coloridos brochazos de color y transparencias; mientras que Alfredo Sosabravo, a pesar de transitar entre varios estilos como el Pop Art y la neofiguración, entre otros, tiene una fuerte influencia surrealista en sus figuraciones oníricas. Roberto Fabelo lleva al extremo las deformidades humanas, algunas veces más o menos grotescas, que realzan la belleza dentro de un mundo popular e imaginario, con magistral uso de las técnicas del dibujo en todas sus expresiones artísticas. Y me atrevería a citar, a su vez, a Alicia Leal y a Alicia de la Campa, entre otros grandes maestros y maestras del arte cubano.

¿Es el dibujo tu principal vehículo de expresión?
El dibujo es la técnica que me caracteriza. Es el sello que distingue mi estilo personal, el hilo conductor entre todas las etapas por las cuales he transitado y experimentado a lo largo de mi carrera. Cada trazo expresa libremente el lenguaje del alma y es el pilar fundamental de todos los medios artísticos que desarrollo. Diseño, pinto, hago escultura partiendo de un dibujo previo. Cada obra nace a partir de un dibujo imaginario que cobra vida y se transforma a medida que avanza el proceso creativo.

Tu obra tiene un fuerte componente feminista. Más allá del hecho artístico, ¿te consideras feminista?
Más allá del contenido y la figuración de mi obra, me considero una artista que expresa su mundo interior a partir de experiencias personales propias, con marcada influencia simbólica y sentido profundo de transformación en favor de la reivindicación de la mujer, sin pertenecer en realidad a ningún movimiento feminista reconocido, sino simplemente identificada como la persona humanista que trabaja, crea y convive en conjunción con ideas de igualdad de género, inclusión social y mejoramiento humano en sentido general, sin ataduras ni etiquetas fijas.

¿Te has sentido discriminada alguna vez por ser mujer?
Aunque vivo en una isla del Caribe y las poblaciones de origen latinoamericano suelen ser machistas en sentido general, la sociedad ha ido evolucionando hacia el respeto y la aceptación con respecto a todos los géneros. No obstante, en diversos medios la tendencia suele favorecer a los hombres. Igualmente, creo que cada ser humano debe hacerse valer y distinguirse no solo por su educación, sino por la defensa de sus ideas y el respeto al prójimo. El hecho de ser mujer no me ha impedido desarrollar mi trabajo, ni frenar mis creaciones, sino que me ha impuesto retos en cuanto a la necesaria fracción en espacio y tiempo por el hecho de asumir a la vez diversos proyectos como el estudio, las tareas domésticas, el deber de madre, esposa y artista que no se detiene en el plano creativo.
Háblanos un poco más de los proyectos “Seres de la diminuta intensidad” y “Entre hilos, alas y pinceles”.
“Seres de la diminuta inmensidad” es, como ya dije, un proyecto que suma a niños y niñas de la etapa preescolar para dotarlos de rudimentos de apreciación artística, desarrollar en ellos habilidades psicomotoras, medios de expresión, lenguaje y sensibilidad artística. Impartimos diversos talleres de creación plástica en diferentes técnicas: modelado, acuarela, collage, monotipia, dibujo y pintura.
La idea parte de un proyecto de creación con características similares que impartí por un mes en una guardería de la Villa de Luxemburgo en 2008. Al regreso, comencé a implementar el proyecto para niños del círculo infantil Clodomira Acosta de Trinidad.
Los niños reciben un curso completo, y como resultado de lo aprendido se elaboran piezas que luego se exponen en la galería de arte local y, posteriormente, en otros espacios alrededor del país. Además, se realiza un minitaller, donde los pequeños, acompañados de sus padres, participan en la creación de objetos tridimensionales de papel maché y otros materiales de uso doméstico. En la muestra también hay un libro, Niños traviesos; en él está recogido todo el proceso de desarrollo de los pequeños hasta la confección de las piezas finales. Es como el mundo infantil llevado al mundo real; es adentrarse en un cuento de hadas en el que solo ellos pueden entrar. Es invadir la realidad que nos rodea con la fantasía llevada a un plano gigantesco.

“Entre hilos, alas y pinceles” tiene su propia historia. En el año 2014, y con motivo de las celebraciones por el aniversario 500 de Trinidad, la galería local Benito Ortiz Borrell convocó a una exposición colectiva con el objetivo de que cada artista presentara una pieza que de algún modo representara la identidad de nuestro entorno. La muestra se llamó El tiempo, y en ella participé con una pieza titulada “Bordando tu paisaje”, el dibujo de una vista general de la ciudad, y sobre el paisaje, una mano a escala sobrehumana sobresale entre los techos coloniales que sostiene una aguja real de metal, ensartada con un hilo que nace de una de las ventanas de la torre del convento San Francisco de Asís, inmueble icónico que nos distingue internacionalmente.

La pieza, enmarcada en un gran aro de bordar de 150 cm de diámetro, cuenta, además, con la técnica ancestral del deshilado a mano, específicamente el patrón “la trinitaria” de origen local. El deshilado se repite geométricamente alrededor del paisaje dibujado con la técnica de lápiz y carboncillo sobre lienzo crudo de color natural. La obra fue elegida para la 2.ª Bienal Internacional de Arte de Argentina, y expuesta en el Palacio Borges de Buenos Aires, y fue la inspiración para crear en el mismo año el proyecto “Entre hilos, alas y pinceles”, que justamente legitima las labores del hilo y la aguja en Trinidad a través de las artes visuales contemporáneas.
El proyecto, vigente en la actualidad, agrupa a 17 artesanas locales y cuenta en su haber con varias colecciones como “Retratos de esplendor”, que agrupan, desde obras bidimensionales con texturas textiles en 3D que representan damas de época colonial, sus ajuares más llamativos; hasta mujeres de la era moderna en medio de sus quehaceres cotidianos, pintados con aguadas de acrílico y dibujos al carboncillo y pastel seco.
Esculturas blandas de mediano y gran formato en soportes de metal y alambre, forradas con elementos textiles y decoradas con aplicaciones de patrones del bordado, el tejido y el deshilado a mano, forman la colección “Esculpiendo los hilos del tiempo”. Por su parte, “Hilos de identidad” se compone de fotografías intervenidas y lienzografías de gran formato que formaron parte de intervenciones públicas en bienales internacionales; son obras que recrean patrones del deshilado y el bordado trabajados digitalmente, llevados a escala e intervenidos con diversas técnicas del dibujo y la pintura, una vez impresos.
Otra de las colecciones es “Tejidos paralelos”, y está integrada por tapices realizados en soporte de yute reciclado. Se caracteriza por diversos patrones de las técnicas del bordado, tejido y deshilado con el hilo grueso del algodón que se utiliza en la industria de la pesca. La realización de cada tapiz fue un reto para las maestras artesanas que deshilaron lo inimaginable, pues la fibra del yute es muy frágil y la trama y urdimbre del soporte se quebraba con facilidad. Cada diseño dibujado sobre el grueso textil fue realizado con pastel al óleo, preservando en todos los casos los colores naturales siena y ocre del soporte, en contraste con el blanco del hilo.
La colección en sí es un canto de perseverancia, supervivencia y creatividad. Una de las piezas de esta serie fue diseñada expresamente para la 15 Bienal Internacional de La Habana. Esta se confeccionó en colectivo por las integrantes del proyecto “Entre hilos” y alumnas de la escuela taller de la Oficina del Conservador de Trinidad, entrenadas por las maestras artesanas, y es el primer tapiz inclusivo, pues incorpora a niños con necesidades educativas especiales. Expuesto en la capital, representa a gran escala dos emblemas arquitectónicos de ciudades coloniales cubanas: el faro del Morro, de La Habana, y la torre del Convento San Francisco, de Trinidad. Trabajado en diversas técnicas textiles, como el deshilado, el bordado, el tejido a crochet, el parche, y recreados artísticamente con figuraciones que evocan los dibujos infantiles de nuestros maravillosos niños. El tapiz, titulado “Abrazo textil de Trinidad a La Habana”, fue donado posteriormente a la Casa Museo de la Obra Pía de La Habana.
El proyecto “Entre hilos, alas y pinceles” formó parte del expediente analizado por el Consejo Mundial de Artesanías y la Unesco, para que a Trinidad le fueran otorgados en 2018 y 2019 los títulos de Ciudad Artesanal del Mundo por las labores del hilo y la aguja y Ciudad Creativa en las artes populares, respectivamente.

En 2010, el Círculo de los embajadores de la Paz de Suiza/Francia te nombra embajadora universal de la Paz. ¿Qué institución es esa? ¿A qué se debió que te otorgaran el reconocimiento?
El Círculo Universal de Embajadores de la Paz es una organización no gubernamental sin fines de lucro con sede en Suiza y en Francia, dedicada a promover una cultura de paz. Sus embajadores no son diplomáticos, sino un grupo de personas designadas de manera honorífica por su compromiso ético, social, humanitario y cultural. Ellos conocieron acerca de mi trabajo con niños desde que incursioné en la implementación de talleres de teatro infantil mediante la creación, manejo de títeres y puesta en escena de obras artísticas con el proyecto “Teatro móvil guiñol”. Luego llega “Seres de la diminuta inmensidad” y me piden que colabore en el acercamiento de niños cubanos, en este caso serían trinitarios, y de otras latitudes mediante el intercambio por correspondencia.
Nuestros infantes escribían una pequeña carta con dibujo de regalo al niño desconocido, y a cambio recibieron cartas de otros niños en otros idiomas, con dibujos incluidos. Mi labor fue, además del punto de contacto, preparar las cartas, timbrar los sobres y enviarlas vía correo postal a la sede de los embajadores; ellos hicieron el resto. Un buen día recibí la noticia del nombramiento; me hicieron llegar posteriormente el diploma que lo acredita en reconocimiento a mi labor social en favor de las infancias.
Tienes un trabajo sostenido con niños. ¿Es la pedagogía del arte una de tus ocupaciones principales? ¿Qué te aporta esa labor?
Deduzco que la pedagogía me viene por naturaleza. Soy hija de maestros de secundaria; mis tíos abuelos fueron maestros fundadores en la primera Academia de Artes y Oficios de Trinidad; además, tengo primos académicos, del mundo de la filología y las letras. Mi niñez transcurrió entre los pasillos, las aulas y las cátedras de las escuelas y los centros educacionales donde trabajaban mis padres.
Aunque de modo profesional he impartido varios cursos de dibujo, pintura y técnicas de la plumilla, actualmente la labor que realizo con niños con necesidades educativas especiales es totalmente voluntaria y la he asumido, hasta el momento, a título personal, con el apoyo de algunas madres, de mi representante y de artesanas del proyecto; además, contamos con la colaboración de la empresa Artex, que nos da gratuitamente el acceso al espacio donde realizamos los talleres.
Es un goce dar y recibir amor de manera voluntaria, sin esperar nada a cambio, solo por el sentido de la utilidad de la virtud en favor del bien común. Siento una fuerza interior que me impulsa a ayudar al prójimo con lo mejor que sé hacer, pues el don de la creación es un regalo divino que me fue otorgado para compartir y ayudar a transformar las dificultades del día a día en sueños esperanzadores en forma de luz y color, para el disfrute de todos.
¿Eres trinitaria de nacimiento? Vives y creas en esa ciudad. ¿Cuál es tu relación afectiva con esta?
La pertenencia a un lugar trasciende a la del sitio donde se vio la luz por vez primera. Y es que mi nacimiento en Santa Clara, pienso, no fue más que uno de esos accidentes de la vida, pues mi madre decidió dar a luz allí donde su familia habitaba. Una vez concluido este proceso, y con pocos años de vida, viajé al seno de mis ancestros paternos, quienes me aguardaban con celo.
Los veranos trinitarios fueron un refugio de goce espiritual. Mi abuelo Miguel Vidal tenía un auto de la marca Lada, y me llevaba a la playa con frecuencia; muchas veces pasábamos semanas enteras en la casa de verano de la familia Casadevall, con la cual también estamos emparentados. Esta casa se encontraba en María Aguilar, un asentamiento de pescadores ya desaparecido; allí nos reuníamos todos los primos, hacíamos fiestas y almuerzos de domingo.

En la playa María Aguilar, y entre tres rocas tipo arrecife que sobresalen sobre las aguas turquesas, aprendí a nadar. Fueron mis maestros mi prima Tere y mi papá, Pedro Vidal. Viajar de Casilda a Trinidad era muy ansiado; lo hacía en tren o en el Lada de mi abuelo, y una vez en la ciudad, íbamos a visitar a las tías y los primos y a jugar con ellos en “el parquecito de los perros”, como le llamábamos todos a La Plaza Mayor, donde cada infante que se diga trinitario debía tener una foto encima de uno de los galgos, preferiblemente realizada por el fotógrafo más popular de la época, Abelito, todo un personaje.

Los sábados eran días de catecismo. Recuerdo a una señora ya entrada en años, que se dedicaba a enseñar el evangelio de modo particular en su casa de madera, al cruzar la línea del tren, en la calle Jovellanos de Casilda. Ella me enseñó a rezar el Credo, el Padre Nuestro, el Ave María, entre otras cosas, y mi abuelo me llevaba a Trinidad cada vez que debía asistir en la Iglesia a las catequesis junto a otros niños. La religiosidad del trinitario es natural y los Viernes Santos de la Villa son extraordinarios.
Conocí al padre dominico Cirilo, natural de España, a quien regalé la Virgen de la Mosca, un dibujo a líneas realizado en tinta sobre cartulina Canson, iluminado con pastel al óleo con estilo gótico, el cual conservó en su oficina de la casa parroquial de Trinidad hasta su muerte. Con motivo de las celebraciones del 400 aniversario de haber sido encontrada la imagen de la Virgen de la Caridad del Cobre en la bahía de Nipe, me pidió Cirilo, junto a Mercedita y Susy, miembros del consejo de la parroquia, que pintara a la imagen para ser expuesta en la Iglesia el día en que la Virgen Mambisa llegara a Trinidad, durante su peregrinación por toda la Isla. Así lo hice; el cuadro se expuso junto a la sagrada imagen y, posteriormente, decidí donarlo a la Iglesia Mayor, donde fue bendecido por el propio Cirilo. Aún permanece en la Santa Sede.
En plena pandemia de COVID-19 le hice un retrato a lápiz al padre, y recuerdo que mientras lo terminaba, estando él ya enfermo, me llega la noticia de su fallecimiento. Fue expuesto en Trinidad y aún lo conservo.
Progresivamente, mi tía abuela trinitaria Gliseria comienza a entrenar mis dones artísticos, siendo mi prima segunda, Silvia Teresita Angelbello Izquierdo, hija de la hermana de mi abuela, y su esposo Victor Echenagusia Peña, quienes me inculcaron el amor al arte, a las técnicas básicas del dibujo, la pintura y el diseño, así como a valorar y defender mis más preciados sueños de convertirme en la artista que soy.
Día a día, entre ambos elaboraban las más complejas pruebas de habilidades. Durante meses debía dibujar con diversas técnicas, dominar la perspectiva, tanto del paisaje como la anatómica, difuminar y recrear las texturas solo a lápiz de los diversos objetos con ayuda del claroscuro y lograr distinguir el vidrio de la porcelana o de la tela, mientras que, en la pintura, debía dominar todas las técnicas, al menos básicamente.
Recuerdo largas horas sentada ante elaborados “bodegones” a lo cubano, creados con las cosas que había en el entorno familiar. Debía hacer estudios rápidos o pintarlos en tiempo récord, ya fuera a la acuarela, al guache, al acrílico o al óleo el modelo, que podría incluir plátanos, mangos, naranjas, jarrón con flores y no debía faltar la tela, que cubría la silla donde reposaba todo lo mencionado. El estudio era metódico, riguroso y, entre tanto, debía leer un libro de arte o de técnicas de la acuarela, entre diversos textos para reforzar la cultura general que debía poseer un artista en potencia.
Así fui desarrollando conocimientos y habilidades imprescindibles para mi vida, los cuales propiciaron el éxito en las pruebas de ingreso para la Academia de Artes Oscar Fernández Morera, de Trinidad y, posteriormente, las del ISA. El librero de Tere era un templo de paz y alentaba cada vez la curiosidad que ella misma inculcaba en mí. También fue ella quien me llevó a conocer a grandes intelectuales locales como Carlos Joaquín Zerquera, Alfredo Rankin, Alicia García Santana, Manuel Lagunilla, entre otros; yo esperaba en los salones de sus hermosas viviendas coloniales mientras ella conversaba sobre temas de investigación histórica.
Fue Tere, además, mi gran mentora, tutora de mis dos tesis de grado, quien me acogió en el Museo de Arqueología Guamuhaya, el cual dirigía en aquel entonces, y me ubicó allí en la plaza de conservación cuando comienzo mi vida laboral. No puedo olvidar a mi profesor de pintura, el instructor de la Casa de Cultura, Pedro Villafuerte, quien iba sistemáticamente al poblado de Casilda, donde vivía con mi familia, para enseñarme varias técnicas artísticas, e insistió a mis padres, desde la escuela primaria, sobre la importancia de mi incursión en eventos de artes plásticas, como los concursos nacionales, a los que me llevaba con él y con otros niños talentosos.
Debo añadir que el legado de las técnicas del bordado, deshilado a mano y tejido a crochet lo heredo de mi abuela Bárbara Izquierdo Valdivia y de mi tía abuela Gliseria Izquierdo Valdivia, ambas maestras de la alta costura trinitaria. Las veía con sus agujetas de crochet enganchar el hilo una y otra vez, dándole vueltas repetidamente, para crear hermosas prendas de vestir. Yo solo logré unas medias para bebé con hilo de estambre de color azul, un gorrito y un par de zapaticos… Era más sencillo pintar estos tres elementos en un papel que tejerlos, hasta que desistieron de las largas tardes de manualidades hogareñas. No obstante, pienso que el espíritu de cada una de ellas me susurró al oído un día la importancia de poner en valor las labores del hilo y la aguja confeccionadas hasta el momento de manera anónima, por tradición familiar y en la intimidad del hogar. Es un sencillo homenaje no solo a ellas, sino a todas las artesanas trinitarias que por más de 500 años han mantenido viva esta labor en la ciudad, que es un símbolo de identidad y patrimonio cultural.
¿En momentos del auge del turismo internacional, sentiste que los visitantes, a pesar de constituir una fuente de ingreso para los negocios locales, entorpecían la vida cotidiana de los pobladores de Trinidad?
El turismo para Trinidad constituye la pieza central de la máquina que mueve y motiva a sus pobladores a la creatividad en cuanto al desarrollo artístico, culinario, hostelero, en todos los aspectos, manifestaciones y sentidos. Esto los ha llevado a idear los modelos de negocio más increíbles y adaptables al entorno que nos rodea.
El turista en Trinidad se siente como en casa, pues es la ciudad y sus pobladores un caudal desbordado de atenciones para el visitante, que repite una y otra vez, y hasta algunos se establecen aquí definitivamente. En la tercera villa todo gira en base al turismo, lo que hace de la vida diaria una sucesión de hechos extraordinarios que no se detienen. En Trinidad se han celebrado eventos internacionales de alto nivel, y constituye, por sus características geográficas, un destino turístico completo, que abarca cultura, historia, tradiciones, arquitectura, playa y montaña, haciéndolo único.
¿El hecho de vivir en Trinidad ha facilitado de algún modo la proyección internacional de tu trabajo?
El hecho de vivir y crear en Trinidad de Cuba, una ciudad que es Patrimonio de la Humanidad, Ciudad Artesanal del Mundo y Ciudad Creativa, reconocida por el Consejo Mundial de Artesanías y la UNESCO, me ha proporcionado adquirir el sello identitario que me distingue del resto de los creadores visuales a mi alrededor. La riqueza arquitectónica, el ambiente cultural, las tradiciones de los textiles, la memoria intergeneracional heredada, han nutrido cada etapa de mi creación.
Si bien vivir alejada del circuito curatorial, de coleccionistas y galerías que se concentran en La Habana a veces impone retos, creo que estos han impulsado mi deseo de alzar la voz desde el lugar que me brinda la inspiración que nutre mi obra, para hacerme sentir en otras latitudes, sorteando dificultades de conectividad, hacia ferias y mercados globales, exigiendo de mí mayor determinación para insertarme en ámbitos internacionales del arte contemporáneo.
No obstante, la limitación se ha convertido en ventaja, pues me siento como la creadora que trabaja desde el centro sur de Cuba, lejos del abarrotamiento habanero, reforzando la idea de lo auténtico, el arraigo y la coherencia conceptual con el entorno. No existiría en mi obra la incorporación del textil ni hubiera podido, a través de ella, legitimar las técnicas del hilo y la aguja tanto conceptualmente como en el empeño de otorgar visibilidad a las colaboradoras que me acompañan, homenajear a las que ya no están, pero que lo merecen, darle sentido e inspiración a la vida de quienes me rodean; nada de ello hubiera sido posible si no viviera en una ciudad tan maravillosa como Trinidad.

Has expuesto en varios países, algunos tan “exóticos” como Nepal. ¿Cuáles han sido tus experiencias internacionales más entrañables? ¿Entre tantos lugares visitados, encontraste algún sitio en que te hubiera gustado vivir?
A lo largo de 25 años de carrera artística, he vivido y disfrutado de extraordinarias experiencias nacionales e internacionales, visitado museos y expuesto mi arte en importantes eventos y ferias, pero el hecho de que varias de mis obras hayan sido incluidas en exposiciones y formen parte de los fondos y colecciones del Museo de Arte Cubano en Viena, Austria, es un privilegio y un reconocimiento dentro de mi trayectoria internacional, ya que se trata de una de las pocas instituciones europeas dedicadas específicamente al arte cubano, lo cual ha reforzado no solo mi proyección internacional, sino que además me ha insertado en un circuito especializado fuera de Cuba.
Otro de los grandes momentos en mi carrera ha sido el poder representar en varias ocasiones a mi país en la Sede de las Naciones Unidas de Nueva York, así como la participación en la subasta del pabellón de las Naciones en la misma ciudad. Por otro lado, ser parte del proyecto “Imago mundi” con dos piezas que se insertaron en la expo y aparecen registradas en el catálogo de obras de artistas cubanos que hoy integran la Colección de Luciano Benetton, participar en las exposiciones colectivas Ciudad de sueños en Muggiano y L’arte incontra le donne, en Sarzana, me permitieron girar alrededor de las ciudades más importantes del centro y norte de Italia, entre ellas Roma, para quedar impresionada ante los frescos de Miguel Ángel en la Capilla Sixtina o las obras de Botticelli y Leonardo, entre otras, en la Galería Uffizi, en Florencia.


No debo dejar de mencionar las exposiciones en Kunst in het Volkspark y la galería Smelik & Stokking, que me permitieron conocer gran parte de los Países Bajos y visitar lugares maravillosos como la casa de Rembrandt y de Anna Frank, el Rijksmuseum, el Van Gogh Museum, The Mauritshuis…; así como el haber tenido la posibilidad de exponer en la galería Polad Hardouin me abrió las puertas de París y, con ello, la exquisita experiencia de visitar el Museo del Louvre, el Museo de Orsay, el Palacio de Versalles, Notre Dame de París. Exponer en una muestra colectiva realizada en el Museo Reina Sofía de Madrid me ha facilitado visitar varias veces el Museo del Prado.
Fue, en cambio, la ciudad de Quebec, en Canadá, la que me brindó la oportunidad de participar en el Symposium Plaines de Couleurs y, a su vez, resultar artista finalista del Concurso Internacional Art Challenger, patrocinado por M Gallery de Montreal-Quebec.

Podría decir que cada experiencia internacional ha sido única e impresionante, pero siempre vuelvo a casa, a mi raíz, a mi hermosa Villa de Trinidad, donde el pequeño conjunto colonial arquitectónico que se conserva cerca del mar y el imponente macizo del Guamuhaya me brindan la paz que no encuentro en ningún otro sitio, y me inspiran cada día y alimentan el espíritu que necesita respirar libre en la tierra que me vio nacer.













