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En el centro de la mayoría de sus obras, una mujer nos mira, desafiante. A las claras se nota que no se trata de un ser cercano a nuestro mundo. O sí, pero visto desde un ángulo donde sueño y realidad se amalgaman en una pieza homogénea, sin fisuras. Es un universo cerrado, ante el cual uno no puede pasar de largo sin experimentar cierta sacudida, expresiones de temor o placer. Depende de cada cual.
Alicia de la Campa Pak (La Habana, 1966) trabaja con la surrealidad. Quiero decir que su obra, aunque esté estructurada de una manera racional, trasiega con el inconsciente, aspira —eso percibo— a una realidad otra, que supere la cotidianidad, la mediocridad, lo insulso de dejarse existir. Pone diques al conformismo, a la marginación, a la naturalización de lo forzado, al discurso repetitivo y lamentable con que muchas veces intentamos explicarnos. Ella se sumerge en el yo profundo, y como no encuentra respuestas satisfactorias para sus numerosas interrogantes, sigue pintando, para dicha de quienes admiramos su arte.
Temprano ha concluido que el mejor vivir consiste en hacerse buenas preguntas, y no pararse a escuchar las formulaciones de los otros.

Para llegar a licenciarse en Educación Plástica en el Instituto Superior Pedagógico “Enrique José Varona” (1990), antes pasó por la enseñanza elemental de arte (1977) y por la Academia de Bellas Artes “San Alejandro” (1985). Aunque en los últimos años se ha visibilizado más su obra pictórica, también dibuja, ilustra y hace grabados en diferentes técnicas.
Entre 1986 y 2013 realizó casi treinta exposiciones personales en Cuba, Estados Unidos, Corea del Sur y México. Como parte de muestras colectivas, su obra ha sido apreciada también en España, Italia, Santo Domingo, Canadá, Japón, Santa Lucía, Puerto Rico, Panamá, Australia, Francia, Venezuela y Brasil.
Establecemos un puente virtual entre el Caribe y el océano Pacífico para esta entrevista. Es mayo, lo que quiere decir calor, flores reventando; y en Cuba, además, apagones, conectividad tendiente a cero, carestía de la vida, litigios con los vecinos jactanciosos del Norte, inconformidades sociales crecientes.
Pero aun así, lo logramos.

Tu apellido materno es Pak, el tercero más frecuente en Corea. ¿Conoces la genealogía de tu familia? ¿Sabes cuándo llegaron a Cuba tus ascendientes, dónde se asentaron?
He investigado algo sobre mi ascendencia materna. Mis abuelos eran de Gyeongseong, actual Seúl. Mi abuelo fue funcionario del gobierno coreano; y mi abuela, hija de terratenientes. Como consecuencia de la ocupación japonesa, emigraron a México, para asentarse en Yucatán; luego, en 1921, decidieron viajar a Cuba. Se establecieron en Matanzas. Finalmente, vinieron a vivir a La Habana.
Según he leído, pak, en coreano, puede significar “calabaza o brillar intensamente”. El primer rey de Shilla, Pak Hyeokgeose, según la leyenda, nació de un huevo en forma de calabaza. Ese origen mítico de tu apellido tiene que ver con la vertiente fantástica de tu obra?
Es posible que su origen mítico me haya influenciado. En muchas culturas, el huevo es símbolo de vida. En mi obra lo he utilizado en muchas ocasiones.

En 2009 expusiste tu obra en Seúl. ¿Cómo viviste el contacto directo con la cultura de una parte de tus ancestros?
En 2009 hice un largo viaje a Seúl. El contacto con la cultura coreana fue impactante. Tuve la oportunidad de conocer muchos lugares históricos como el palacio de la última emperatriz, el Jardín Secreto que, justo ese año, después de mucho tiempo cerrado, reabrió sus puertas, el Museo Nacional de Arte Contemporáneo. Visité numerosas galerías.
Seúl tiene una extraordinaria vida cultural, caminé por sus calles, estuve en sus enormes mercados, donde confluyen armoniosamente tradición y contemporaneidad.



¿Cómo fue acogida tu obra allí?
A pesar de que mi obra, estructurada desde los parámetros de la cultura “occidental”, era desconocida en ese ámbito, fue muy bien acogida en los medios culturales surcoreanos. Tuvo una amplia cobertura en prensa, revistas especializadas y medios digitales. Fue adquirida por el Museo de Arte Contemporáneo de Busán, y por coleccionistas y personalidades de la sociedad coreana.

¿Es Seúl un lugar donde te gustaría vivir?
La conexión con mi parte coreana fue profunda y coherente. En algún momento de ese viaje pensé que Seúl sería un buen lugar para hacer arte.
También en 2009 fuiste incluida en Alemania en una enciclopedia internacional de artistas fantásticos, surrealistas, simbolistas y visionarios. ¿Te sientes cómoda bajo alguno de esos calificativos?
Y en 2018 fui incluida en el Lexicón de los artistas fantásticos (Lexikón der Phantastischen Künstler). Si fuese absolutamente necesario escoger una etiqueta o categoría para lo que hago, pues no tendría otra opción que aceptar algunas de ellas. No me incomodan esos calificativos, me resultan curiosos e interesantes, y no los desestimo.



¿Sientes afinidad con el surrealismo?
Constituyó un movimiento de vanguardia que abrió una brecha necesaria en el contexto del arte europeo de los años 20. En varias ocasiones han catalogado mi obra como “surrealista”, quizá porque hasta cierto punto se aproxima a determinadas premisas que definen ese ismo, como la exploración en el subconsciente y el mundo onírico, la liberación mental de represiones a nivel personal y social. Sin dudas, estos preceptos me son afines.


¿Podrías citar algunos artistas, de cualquier país, de cualquier época, que hayan contribuido a la sedimentación de tu poética?
Puedo citar muchos, pero sería una lista demasiado larga y heterogénea. Nombraré al azar: Da Vinci, Durero, Grunemberg, El Bosco, Brueghel, Rembrandt, Goya, Tolouse Lautrec, Francis Bacon, Munch, James Ensor, Daumier, Antonia Eiriz, Picasso, Wifredo Lam, Leonora Carrington, Remedios Varo, Cuevas, Magritte, David Hockney… Soy deudora de todos ellos.

La primera exposición personal que registra tu hoja de vida es de 1986: La cumbre que me acerca al sol (Galería Wifredo Lam, La Habana); y la más reciente es de 2019: Constructos imaginarios (XII Bienal de la Habana, Running Fish Art Studio). ¿Qué ha mutado en ti en ese tiempo? ¿Qué se ha mantenido inalterable?
Han mutado el enfoque temático, el proceso creativo y los procedimientos técnicos. Se han mantenido inalterables mi gusto por la fabulación, mi interés por el ser humano y sus circunstancias; creo que ha sido una mutación orgánica.
Llevas seis años sin exponer en solitario en La Habana. ¿A qué se debe esa ausencia de nuestras galerías?
Este período ha sido particularmente duro y difícil en todo sentido, e inevitablemente ha propiciado esta ausencia. Por otra parte, en este tiempo he recibido más invitaciones a exposiciones y proyectos de galerías fuera de Cuba que de las propias galerías e instituciones culturales de mi país.


¿Reconoces etapas o períodos en tu trabajo artístico? ¿Puedes nombrarlos y comentarlos someramente?
En los años 90 realicé obras mayormente gráficas, dibujos, grabados e ilustraciones insertadas en la sátira social y política, y series de marcado erotismo, con un fuerte carácter expresionista. A inicios del 2000, fui atemperando el expresionismo y la temática erótica para enfocar mi obra hacia la intimidad del universo femenino, incorporando el mundo onírico y un componente de profunda raíz lírica.
Actualmente, continúo desarrollando este cuerpo temático, sumando nuevas búsquedas conceptuales, como la relación y el conflicto entre naturaleza y tecnología.


¿Alguna vez te has sentido excluida de un proyecto artístico por ser mujer?
Sí. Es algo que toda mujer artista ha sufrido en algún momento.
¿Te consideras feminista? ¿Ese vínculo se refleja en tu obra?
Ante todo, me considero una artista que construye un universo creativo donde el sujeto femenino es eje central, protagonista y principal objeto de mis indagaciones.
También suscribo el principio de que todas las personas, independientemente de su género, deben tener los mismos derechos y posibilidades.

¿Hay sororidad entre las artistas cubanas?
Debería practicarse más.
Has contribuido a crear una familia de artistas. Tu esposo y tu hijo también lo son. ¿Cómo se relacionan los profesionales entre ustedes? ¿Colaboran? ¿Compiten entre sí?
Nos apoyamos desde siempre en nuestro trabajo, ya sea en propuestas individuales o en proyectos conjuntos. Colaboramos, intercambiamos ideas y, en general, funcionamos muy bien como equipo.


Histórico de La Habana, 2023.
Estudiaste pedagogía de arte. ¿Has sido profesora? ¿Cómo ha sido esa experiencia?
Durante diez años impartí clases de Dibujo y Pintura en la Academia “San Alejandro”. Fue una gran experiencia en la medida en que brindé conocimientos y recibí crecimiento profesional, y también un invaluable enriquecimiento personal y espiritual.
¿Puedes vivir exclusivamente de tu obra?
Eso hago. Reconozco que es un privilegio. Igual sé del costo mental, físico y emocional que esto implica viviendo y trabajando en Cuba.

Si te fuera dado coleccionar arte cubano de cualquier género, temática, época y autor, ¿cuales serían las diez piezas que no podrían faltar en tus salones?
La niña de las cañas (Romañach), Gitana tropical (Víctor Manuel), Niños (Fidelio Ponce), Cafetera #1 (Acosta León), The column of memory (Agustín Cárdenas), Still life in red (Amelia Peláez), Tribuna para la paz democrática (Antonia Eiriz), Habana (Mirtha Cerra), José Martí (Jorge Arche) y El tercer mundo (Wifredo Lam).

Histórico de la Habana. 2023.
Naciste y has desarrollado tu obra en La Habana. ¿Tienes algún vínculo emocional con la ciudad?
Es un amor difícil.
















