La apertura de la primera casa de cambio privada en Cuba, ADT 64, en Santa Clara, introduce un nuevo actor en el mercado de divisas, pero también deja abiertas preguntas sobre las condiciones para que otros negocios puedan acceder a una licencia similar.
“Se legaliza un operador, pero no se explica cómo puede entrar el siguiente”, señaló este jueves el economista Pedro Monreal al llamar la atención sobre esa contradicción en un análisis publicado en X, donde resume el problema.
— Pedro Monreal (@pmmonreal) September 17, 2026
ADT 64 comenzó a operar como parte de un proyecto piloto autorizado por el Banco Central de Cuba (BCC). Las autoridades han explicado que sus operaciones servirán para obtener información basada en transacciones efectivamente realizadas y contribuir a fundamentar la tasa de cambio del llamado segmento III, correspondiente a personas naturales y actores no estatales.
El BCC ha subrayado que los datos utilizados no deben proceder de referencias informales o anuncios en redes, sino de operaciones “reales, liquidadas y confirmadas”. La apertura ocurre, además, en un momento en que la tasa oficial del segmento III se mantiene muy por debajo de las referencias del mercado informal.
Una licencia sin reglas públicas detalladas
Monreal sostiene que Cuba dispone de normas generales para el funcionamiento del mercado cambiario. Entre ellas están las resoluciones 127 y 128 de 2025 del BCC, publicadas en la Gaceta Oficial, que establecen las bases de la política cambiaria y el reglamento general del mercado.
También la Resolución 127 define el segmento III como el correspondiente a personas naturales y determinados actores no estatales, mientras la 128 establece las reglas para las operaciones de cambio a través de intermediarios autorizados.
Sin embargo, el economista señala que no aparece publicada una regulación específica que permita conocer con detalle cómo se concede una licencia a una casa de cambio privada.
A su juicio, deberían estar definidos de manera pública elementos como el concepto de “interés socioeconómico”, el capital mínimo, la idoneidad de los solicitantes, el origen de los fondos, la documentación necesaria, los plazos de respuesta, las monedas autorizadas, las obligaciones de reporte, los límites de efectivo, las condiciones de seguridad y las causas para conceder, denegar o cancelar una licencia.
“Para una política económica que busca sacar el mercado cambiario de la informalidad, la opacidad del acceso formal resulta contradictoria”, escribió.
Monreal admite que el BCC tiene facultades para autorizar operaciones y poner en marcha un experimento controlado; pero, considera que la ausencia de reglas públicas hace que la autorización parezca más “un acto administrativo interno que parte de un régimen general y previsible”.
El planteamiento adquiere relevancia porque el propio BCC ha señalado que existen otras solicitudes para crear casas de cambio privadas, aunque no ha divulgado públicamente un procedimiento detallado para esos aspirantes.
¿Qué se pretende?
Para Monreal, otra cuestión es determinar qué significa exactamente que ADT 64 forme parte de un proyecto piloto.
Si se trata de comprobar aspectos operativos como manejo de efectivo, seguridad, registros, reportes o funcionamiento de las operaciones, una cantidad reducida de establecimientos podría proporcionar información útil.
Pero si el propósito es utilizar las operaciones privadas para construir una referencia cambiaria para todo el segmento III, el economista considera que el problema es diferente.
“Un piloto operativo puede comenzar con una sola casa, o con pocas. En cambio, un piloto estadístico destinado a construir una tasa de referencia para el segmento III exige una escala mayor”, sostiene.
En ese escenario, Monreal plantea la necesidad de contar con operaciones en diferentes territorios y con varios operadores, además de incluir tanto compras como ventas de divisas y diferentes perfiles de clientes.
El análisis llega incluso a proponer una escala hipotética: al menos diez casas de cambio distribuidas en cinco provincias, incluida La Habana, para una primera muestra; y entre 20 y 25 establecimientos para una referencia más robusta, con presencia en la capital, ciudades del interior, un aeropuerto y una zona turística.
También considera necesario observar durante varias semanas el número de operaciones, los montos movilizados y la estabilidad de las cotizaciones.
Un precio más cercano al mercado informal
La primera señal de ADT 64 también es relevante por las cotizaciones divulgadas tras su apertura.
El establecimiento llegó a mostrar el dólar a 710 pesos cubanos para la compra y 730 para la venta, mientras el euro aparecía a 815 CUP para la compra y 839 para la venta. Esas referencias quedaron por encima de las cotizaciones informales reportadas para esos días.
Para Monreal, este comportamiento resulta significativo porque la casa privada no comenzó intentando reducir el precio de la divisa, sino ofreciendo una cotización que le permita conservar disponibilidad de dólares.
Ese punto lo lleva a plantear otra interrogante sobre el experimento: si las transacciones reales de las casas privadas terminan situándose cerca de las cotizaciones informales, ¿qué efecto tendrán sobre la tasa del segmento III?
El BCC ha explicado que precisamente busca alejar la formación de esa tasa de referencias basadas en anuncios o intenciones de compra y venta, para apoyarla en operaciones efectivamente ejecutadas.
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Monreal advierte que, si los datos del piloto apuntan sistemáticamente hacia una tasa más depreciada del peso, las autoridades tendrán que decidir cómo incorporar esa información al mecanismo cambiario.
El economista considera que todavía es demasiado pronto para determinar qué está probando exactamente el BCC. “No solo se desconoce la escala del experimento; también quién puede participar y cómo se usará cada operación”, señala.
De ahí que el experto plantee como posibles lecturas del actual escenario que “se está probando si el negocio puede funcionar, o se pretende tomar la temperatura del sistema con un puñado de mostradores estadísticamente insuficiente”.











