El arquitecto, investigador y profesor Daniel M. Taboada Espiniella, una de las figuras fundamentales de la restauración patrimonial en Cuba y artífice de la recuperación de numerosos inmuebles históricos del país, falleció este martes en La Habana a los 95 años de edad.
Reconocido con el Premio Nacional de Arquitectura y el Premio Nacional de Patrimonio Cultural por la Obra de la Vida, Taboada dedicó más de seis décadas al estudio, protección y rehabilitación del patrimonio construido, una labor que contribuyó decisivamente a preservar parte esencial de la identidad histórica y cultural de la nación.
Una vocación nacida desde la arquitectura
Graduado de Arquitectura en 1955 por la Universidad de La Habana, inició su trayectoria profesional en la prestigiosa firma Moenck y Quintana, donde participó en proyectos de relevancia para la arquitectura cubana de la época. Entre estos se cuentan la Fábrica de Helados San Bernardo, residencias particulares y diversas instalaciones turísticas en Varadero.
Sin embargo, el rumbo que marcaría definitivamente su vida profesional comenzó en 1964, cuando se incorporó a las labores de conservación y rehabilitación patrimonial. Desde entonces, desarrolló una intensa actividad vinculada a la Comisión Nacional de Monumentos y, posteriormente, al Ministerio de Cultura, instituciones desde las cuales impulsó proyectos esenciales para la protección del legado arquitectónico del país.
Su sólida preparación técnica, unida a una profunda sensibilidad cultural y a un extraordinario rigor científico, lo convirtieron en una autoridad indiscutible en materia de restauración.
El rescatador de edificios emblemáticos
La impronta de Daniel Taboada puede encontrarse en algunas de las edificaciones más significativas del patrimonio cubano.
En La Habana participó en la restauración del Convento de Santa Clara, el Convento de San Francisco de Asís, la Casa de la Condesa de la Reunión, la Casa de los Condes de Jaruco, el Palacio Aldama, el Palacio Balboa y el Teatro Martí, entre muchas otras construcciones de alto valor histórico.
Su labor trascendió la capital. En Matanzas dirigió proyectos vinculados al Teatro Sauto, el Palacio de Junco y el Fuerte El Morrillo. En Cienfuegos sobresalen las intervenciones en el Castillo de Jagua y el Mausoleo a los Mártires del 5 de Septiembre. También dejó su huella en el Monumento Nacional de La Demajagua, en Granma.
Como proyectista general, intervino en más de cuarenta obras patrimoniales restauradas dentro y fuera de La Habana, consolidándose como una de las principales figuras de la conservación arquitectónica en Cuba durante la segunda mitad del siglo XX y las primeras décadas del XXI.
Maestro de generaciones
Además de su quehacer profesional, Taboada desarrolló una extensa carrera docente y académica.
Fue profesor titular adjunto del Departamento de Historia de la Arquitectura de la Universidad de La Habana, asesor permanente de la Facultad de Arquitectura de la CUJAE y Profesor Emérito de la Cátedra Regional de la UNESCO para la Conservación Integral del Patrimonio.
En 1980 integró el equipo fundador del Centro Nacional de Conservación, Restauración y Museología (CENCREM), institución clave para la formación de especialistas cubanos en estas disciplinas. Allí conjugó la actividad práctica con la enseñanza, transmitiendo conocimientos que influyeron en varias promociones de arquitectos, restauradores e investigadores.
Desde 2003 estuvo al frente de la Cátedra Gonzalo de Cárdenas de Arquitectura Vernácula de la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana, desde donde promovió el estudio y la valoración de las expresiones más modestas de la arquitectura nacional, tanto rural como urbana.
Reconocimientos para una vida ejemplar. Voces elogiosas
La magnitud de su obra fue reconocida con numerosas distinciones. Recibió la Distinción por la Cultura Nacional en 1983, la Medalla Fernando Ortiz, el Premio Nacional de Arquitectura en 1998, el Premio CICOP en 2005 y el Premio Nacional de Patrimonio Cultural por la Obra de la Vida en 2015.
En 2019 fue nombrado Doctor Honoris Causa por la Universidad de Alicante, en España, reconocimiento que se sumó a una extensa lista de homenajes nacionales e internacionales.
Pero quienes lo conocieron coinciden en que, por encima de los premios, destacó por su humildad, generosidad y permanente disposición a compartir conocimientos.
Diversas voces del ámbito cultural y arquitectónico lamentaron el fallecimiento de Daniel Taboada. El pintor y crítico Manuel López Oliva destacó no solo su invaluable aporte a la preservación del patrimonio cubano, sino también su generosidad, humildad y disposición permanente a compartir conocimientos, al tiempo que calificó su partida, en plena Jornada de la Cultura Cubana, como un hecho de especial significación.
Por su parte, el arquitecto Abel Tablada lo definió como “un maestro en todo el sentido de la palabra” y uno de los mayores exponentes de la arquitectura cubana. Antiguo alumno y colega, resaltó su vasta sabiduría, su calidad humana y su ejemplar labor en la restauración de edificaciones emblemáticas del país.
Entretanto, el arquitecto Nilson Acosta, vicepresidente del Consejo Nacional de Patrimonio Cultural, escribió en el obituario de la institución que el legado de Taboada “no solo perdurará por su huella indeleble en edificios y plazas, también vive en la memoria de generaciones que conocieron a su lado los secretos de la profesión y de su infinita nobleza como ser humano”.
Un criterio autorizado en defensa del patrimonio
Taboada también fue una figura destacada en organismos especializados nacionales e internacionales.
Participó activamente en ICOMOS Cuba, organización de la cual llegó a ser presidente de honor, y formó parte de diversos comités científicos vinculados a la arquitectura vernácula y la conservación patrimonial.
Su pensamiento quedó reflejado en numerosos artículos, conferencias y libros como El oficio de rescatar, Otras portadas de La Habana y El barroco colonial cubano. Su expresión en la arquitectura religiosa de La Habana.
En una entrevista concedida en 2016 a la periodista Estrella Díaz para la revista La Jiribilla, defendió la necesidad de que los arquitectos posean una amplia formación cultural y alertó sobre los riesgos de intervenciones que despojen a las ciudades de su autenticidad. Para él, restaurar significaba enriquecer el entorno y respetar la diversidad histórica que caracteriza a urbes como La Habana.
Ante la pregunta sobre lo más íntimo que significa San Cristóbal de La Habana para él, Taboada respondió:
“Es un sentimiento que tengo desde pequeño: La Habana es un regalo. Disfrutar la ciudad desde Regla es todo un espectáculo que me acompaña desde mi infancia. A veces las personas que están inmersas en la ciudad, no tienen una mirada tan cercana”.












