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Los mercados de barrio son una de las alternativas que el Gobierno cubano impulsa para facilitar el acceso de la población a productos de primera necesidad. La fórmula incorpora al sector privado y otras formas de gestión a establecimientos de la red estatal, en un intento por recuperar locales y ampliar la oferta de alimentos y artículos de aseo.
El modelo forma parte de las disposiciones asociadas con las 176 medidas de transformación económica anunciadas por las autoridades en junio e implementadas en los últimos meses.
Su funcionamiento está regulado por la Resolución 160/2026 del Ministerio de Comercio Interior y contempla que los operadores asuman la gestión y comercialización mediante contratos con las empresas estatales propietarias de los inmuebles. No supone, por tanto, la transferencia de la propiedad de los locales.
La iniciativa busca aprovechar bodegas, mercados y carnicerías, especialmente aquellos establecimientos cerrados, subutilizados o con bajos niveles de actividad. Para seleccionarlos, se consideran su ubicación, las condiciones del inmueble, la densidad poblacional y las necesidades del territorio.
Están constituidos ya 48 mercados en diez provincias del país. Quienes participan en la gestión de estos mercados reciben varios incentivos, como la exoneración de impuestos para los suministradores mayoristas estatales y del arrendamiento del inmueble durante los primeros dos años.
Incentivos para reducir costos y precios
La fórmula está pensada para que una selección de productos alimenticios y de aseo pueda venderse a precios entre un 10 % y un 15 % inferiores a los de otros establecimientos que comercialicen mercancías similares. Esa reducción constituye uno de los objetivos del modelo, aunque su cumplimiento depende también de los costos de adquisición y de la capacidad de los operadores para mantener las ofertas.

Para favorecerlo, se establecieron incentivos fiscales y facilidades en el uso de los inmuebles. Entre ellos figuran la exención del impuesto sobre las ventas mayoristas para los actores no estatales que suministren los productos previstos a estos establecimientos y una bonificación tributaria para su comercialización minorista. La Resolución 161/2026 del Ministerio de Finanzas y Precios define esta última como la aplicación de un tipo impositivo del 5% sobre las ventas de los productos incluidos en su anexo.
También se contempla la exoneración del pago del arrendamiento durante los primeros dos años, con posibilidades de extensión cuando el operador realice inversiones en el establecimiento. Los trabajadores que ya laboraban en los locales tienen prioridad para ser contratados por los nuevos gestores.
Arroz, azúcar, granos, aceite, pastas alimenticias, sopas instantáneas, café, conservas de tomate, productos cárnicos, pescado, huevos y lácteos forman parte de la oferta priorizada. A ellos se suman detergente, jabones de tocador y de lavar, crema dental, desodorante y papel sanitario. Los gestores pueden incorporar otras mercancías, pero estas quedan fuera de los incentivos previstos para la nomenclatura seleccionada.
Más barato no significa asequible
La principal limitación para los consumidores no desaparece con una rebaja: un precio inferior al de otros comercios puede continuar fuera del alcance de quienes dependen de salarios y pensiones insuficientes. Esa diferencia entre productos menos caros y productos asequibles atraviesa las primeras experiencias del modelo.
El contexto inflacionario añade presión. En septiembre de 2026, la inflación interanual oficial alcanzó el 28,44 %, mientras que el incremento mensual de los precios fue del 3,37 % y el acumulado entre enero y septiembre llegó al 24,85 %, de acuerdo con los datos de la Oficina Nacional de Estadística e Información.

El indicador oficial no refleja íntegramente la evolución de los precios en el mercado informal, una limitación relevante para valorar el costo real del abastecimiento de los hogares.
Una alternativa todavía en construcción
Nuestra exploración en el municipio Plaza nos mostró incluso alguno de ellos cerrado por inspecciones poco después de su apertura.
La claridad en las disposiciones y su aplicación, junto al correcto trabajo de los actores económicos que participan, necesitan ser afinados en muchos casos.

Persisten dificultades de abastecimiento, problemas operativos y una capacidad de compra deteriorada. La reducción de costos mediante incentivos puede ofrecer cierto alivio, pero no elimina las condiciones que encarecen las mercancías ni asegura una oferta estable.
Los Mercados de Barrio siguen siendo una experiencia en fase de prueba y corrección. Su alcance no podrá medirse únicamente por el número de establecimientos abiertos, sino por la continuidad de sus ofertas y por cuánto representen las rebajas en el presupuesto de las familias, especialmente de aquellas con menores ingresos.
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En su perfil de Facebook, el Bufete Colectivo Santa Clara 3 publicó un post donde advierte sobre algunos de los retos que supone la expansión de estos Mercados de Barrio.

Lo que el “Manual de la Experiencia” nos advierte sobre los Mercados de Barrio.
Julio: El problema no es la norma, es la práctica. Y te aseguro que el guion será el siguiente. Toma nota, porque a tí como abogada y a mí como futuro inversor, esto nos afecta directamente:
. La tarifa móvil: Al octavo mes, nos dirán que la tarifa por metro cuadrado que pagamos es “muy baja” (a criterio de un superior) y que hay que modificarla. Esto se repetirá varias veces. El contrato será un documento vivo que solo se mueve en nuestra contra.
Elena: Es un escenario de inseguridad jurídica total. ¿Y los consumidores? ¿La calidad del servicio?Julio: ¡Ah, mi querida Elena! En todo ese tiempo, nadie, absolutamente nadie, habrá pedido la opinión de los consumidores. La bodega del barrio es un actor social, no solo un punto de venta. Pero en este proceso, parecen olvidarlo.










