El Parque de las Madres es uno de los espacios públicos más entrañables de Regla. Aunque quizá menos célebre que otros sitios de valor histórico y cultural de esa localidad habanera, sigue siendo hoy un lugar relevante para la comunidad, en particular para la zona cercana al litoral y la bahía.
Su origen se vincula a la asociación femenina Hijas de la Acacia, que entre las décadas de 1940 y 1950 impulsaron en Cuba la creación de obras y espacios dedicados a las madres. El de Regla cuenta con su propio monumento de homenaje a la figura materna y también con otro dedicado a Antonio Maceo, lo que refuerza su significado como lugar de tributo y memoria.


En el entramado citadino, el Parque de las Madres resulta uno de esos sitios fuertemente ligado a la cotidianidad y la rutina barrial. Es un espacio de descanso, de conversación, de juego para los niños y de paso obligado para quienes viven o transitan por esta zona del municipio habanero.
Su mezcla de uso cotidiano y carga simbólica explica por qué, a pesar del paso del tiempo y los golpes de la crisis, sigue conservando su relevancia no solo en su entorno sino en el poblado en general. En una localidad marcada por su cercanía al mar, su carga histórica y su vida comunitaria, el parque funciona como una pausa dentro del movimiento, como una especie de remanso.


El parque se inserta en un entorno muy reconocible y en las cercanías del litoral. Próximo al Santuario de la Virgen de Regla, al muelle de la icónica lanchita que surca la bahía rumbo a La Habana y al Monumento a los Mártires de la localidad, está, además, flanqueado por las calles Maceo y Martí, dos de las más importantes y extensas de ese poblado ultramarino.
También en sus alrededores se hallan otros sitios conocidos, como el Museo Municipal, la casa natal del tipógrafo y patriota cubano Eduardo Facciolo —cuyo apellido da nombre a otra de sus calles circundantes— y la antigua termoeléctrica, desactivada a principios del actual siglo y cuya chimenea aún se levanta como una marca visible del paisaje.


Aunque urbanísticamente quizá no lo esté, en términos de simbolismo y humanidad el Parque de las Madres bien podría estar en el corazón de Regla. Puede no ser un sitio patrimonial en el sentido clásico, pero aún así se erige como uno de esos lugares donde se condensa la identidad de un barrio y donde conviven en armonía memoria, tránsito y vida cotidiana.
Así nos lo muestra, junto a su entorno, el fotorreportero Otmaro Rodríguez, quien con sus imágenes nos acerca a lugar que resume en cierto sentido la localidad que lo acoge: su escala humana, su vínculo con la memoria cívica, su relación estrecha con el litoral y su manera de mezclar espacios modestos con símbolos que han sobrevivido al paso del tiempo.



















