El canciller Bruno Rodríguez Parrilla denunció este martes en el Consejo de Seguridad de la ONU que el Gobierno de EE.UU. prepara una eventual acción militar contra Cuba, al tiempo que lleva a cabo un “acto de genocidio” con el bloqueo petrolero a la isla.
Al intervenir en una sesión de ese órgano en la ciudad de Nueva York, el titular cubano de Exteriores argumentó igualmente que la acusación contra el expresidente Raúl Castro, por el derribo de aeronaves de Hermanos al Rescate en 1996, busca justificar una intervención armada.
“La instrucción de cargos penales contra el líder de la Revolución cubana es un acto moralmente infame y legalmente arbitrario, dirigido a engañar a los ciudadanos para apoyar una aventura militar contra Cuba”, afirmó.
Preparativos de guerra y cerco energético
Rodríguez alertó que Washington ha intensificado maniobras militares en el Caribe y endurecido el bloqueo energético, lo que calificó como “equivalente a un bloqueo naval, un acto de guerra y de genocidio”.
Según el canciller, este “cruel e indiscriminado castigo colectivo” han provocado un aumento de la mortalidad infantil, así como de niños enfermos de cáncer, cuya expectativa de vida en Cuba la isla se ha reducido de un 85 % a un 65 %.
Para justificar su creciente presión, Washington ha usado el “absurdo argumento” de presentar a Cuba “como una supuesta amenaza a la seguridad nacional de la superpotencia nuclear, idea que desafía la lógica y el sentido común, además de descansar en afirmaciones e insinuaciones totalmente mendaces”, aseveró.
A la par, el ministro cubano advirtió que una agresión militar de EE.UU. “provocaría un baño de sangre”, con miles de cubanos defendiendo la isla y jóvenes estadounidenses arrastrados a una violencia “sin causa ni ideal que defender”.
Acciones militares en el Caribe: portaaviones y vuelos espía
De acuerdo con diversas fuentes, en las últimas semanas se han detectado movimientos militares de EE.UU. en zonas cercanas a Cuba, lo que incluye la presencia del portaaviones USS Nimitz en aguas del Caribe, acompañado de buques de apoyo y aeronaves de patrulla marítima.
Para La Habana, esta presencia constituye un gesto de intimidación y un claro mensaje de presión militar contra la isla, si bien Trump negó que se tratara de una maniobra intimidatoria.
Además, se han reportado vuelos de reconocimiento realizados por drones MQ-9 Reaper, capaces de operar a gran altitud y con sistemas avanzados de vigilancia.
El gobierno cubano denunció que estas incursiones aéreas representan una violación de la soberanía nacional y forman parte de una estrategia de hostigamiento destinada a recopilar información militar y psicológica para justificar una eventual agresión.
Imputación a Raúl Castro y voluntad negociadora de La Habana
La Habana considera que la imputación judicial contra Raúl Castro Ruz, a punto de cumplir 95 años, es parte de un montaje político. Rodríguez sostuvo que se trata de una decisión “fraudulenta y dirigida a engañar”, con el propósito de legitimar un cambio de régimen.
Para analistas y fuentes diplomáticas que esa acusación resulta un paso más en la escalada hacia un escenario de guerra, toda vez que sirve de marco jurídico para una acción punitiva.
A pesar de ello, el titular cubano de Exteriores reiteró la voluntad dialogante del Gobierno cubano, pese a “la falta de seriedad y coherencia de la parte estadounidense”. No obstante, como en ocasiones anteriores, trazó las líneas rojas de cualquier negociación con Washington.
Estas serían “tratar los problemas bilaterales, sin injerencia en nuestros asuntos internos, ni en nuestro sistema político, ni en nuestras elecciones”.
A la par, abogó por “buscar formas de comportamiento civilizado y cooperación multifacética, en particular en materia de terrorismo, narcotráfico, crimen trasnacional organizado, migración regular y segura, trata de personas, compensaciones económicas mutuas y otras”.
Rodríguez se dirigió directamente a la población de EE.UU., en especial a los jóvenes, para pedirles que no se dejen manipular por “una camarilla elitista, corrompida y poderosa de Miami”. Según dijo, la mayoría de los cubanos residentes en ese país se oponen a una posible guerra.
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Advertencia y llamado a la comunidad internacional
El canciller advirtió que, de producirse una agresión, “el pueblo de Cuba combatirá hasta las últimas consecuencias”. Señaló que el presidente estadounidense que ordene el ataque, junto con sus secretarios de Estado y de Guerra, “pasarían a la historia como criminales de guerra”.
Asimismo, Rodríguez pidió a la comunidad internacional movilizarse para impedir una catástrofe humanitaria, y exhortó a América Latina y el Caribe a preservar su condición de Zona de Paz.
“Es hora de la solidaridad con Cuba, que siempre lo ha sido con todos”, expresó.
El ministro cubano insistió en que el Consejo de Seguridad debe cumplir su mandato respecto a la amenaza militar y al bloqueo energético contra la isla, y presionar a Washington para que desista de su aplicación.

Reunión bilateral con Antonio Guterres
También este martes Rodríguez Parrilla se reunió con el secretario general de la ONU, António Guterres, para denunciar lo que calificó como una inminente amenaza militar contra la isla.
“Solicité la contribución de la ONU para detener una agresión militar de EE.UU. contra Cuba, que provocaría un baño de sangre, y para que cesen las amenazas de uso de la fuerza”, declaró.
Según dijo, también explicó Guterres el “rechazo a la infame, fraudulenta e ilegal instrucción de cargos” por parte de EE.UU. contra Raúl Castro, y le informó sobre el impacto de la presión de Washington, que ha profundizado “la grave situación humanitaria que enfrenta el pueblo cubano”.
Ello, dijo, es “consecuencia directa del recrudecimiento extremo del bloqueo por el gobierno de EE.UU., con medidas adicionales, sanciones secundarias y un cerco energético brutal”.
A pesar de las tensiones, el canciller ratificó la necesidad de abrir la puerta diplomática con Washington: “Reiteré, pese a ello y a la incoherencia de la contraparte, la disposición de Cuba a continuar conversaciones bilaterales con EE.UU. sin injerencia en nuestros asuntos internos, sistema político ni elecciones”.













