El Gobierno de Cuba confirmó este martes que los tribunales de la isla identificaron un total de 49 mujeres mayores de 15 años asesinadas el pasado año por razones de género por sus parejas, exparejas u otras personas.
La cifra se desprende de juicios realizados en 2025 y representa una tasa de 1,19 por cada 100 mil mujeres.
La misma supone un descenso respecto a los 76 casos conocidos en procesos judiciales de 2024 y los 60 de 2023, según datos del Observatorio estatal sobre Igualdad de Género, difundidos por la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (Onei), refiere un despacho de la agencia EFE.
Tendencia a la baja, pero persistente
El informe oficial subraya que, aunque la cifra descendió en comparación con años anteriores, la violencia machista sigue siendo un problema estructural en la isla.
La Habana, con 12 casos, y las provincias de Mayabeque, Camagüey y Holguín, con seis cada una, encabezaron la lista de territorios con mayor número de feminicidios juzgados en 2025. El mayor número se registró en zonas urbanas, con 33 víctimas, de acuerdo con las citas oficiales.
El 46,9 % de las mujeres fallecieron a manos de su expareja, lo que refleja la persistencia de vínculos violentos incluso después de la ruptura de la relación, subraya el medio español.
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Perfil de las víctimas
Las mujeres entre 20 y 44 años fueron las más afectadas, con 38 casos. El 75,5 % no tenía vínculo laboral, lo que evidencia la vulnerabilidad de quienes dependen económicamente de sus parejas o familiares. La mayoría de las víctimas eran blancas, según la estadística oficial.
En el 89,7 % de los casos, el crimen ocurrió en el hogar, confirmando que la violencia doméstica sigue siendo el escenario más frecuente.
Por su parte, 32 de las víctimas tenían hijos menores, lo que dejó a un total de 54 niños y niñas sin el amparo materno.
Cifras de las ONGs feministas
De acuerdo con datos elaborados por EFE a partir de registros de organizaciones feministas, en 2025 ocurrieron en Cuba al menos 46 asesinatos machistas. Esa cifra es mayor según el conteo de las propias activistas independientes.
La plataforma Alas Tensas contabilizó unos 350 feminicidios desde 2019 hasta junio de 2026, en conjunto con la iniciativa YoSíTeCreo en Cuba.
Ambas ONG han expresado su preocupación por el aumento de los feminicidios durante la primera mitad de 2026, alertando que la crisis económica y energética agrava la desprotección de mujeres y niñas.
Según el registro de Alas Tensas, son ya 46 los casos confirmados hasta la fecha, por lo que la cifra al cierre del año apunta a ser significativamente superior a los años precedentes, de mantenerse la actual tendencia.
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Posición oficial
Cuba no tiene tipificado el feminicidio como delito específico en su Código Penal. Los casos se juzgan bajo figuras como homicidio o asesinato, lo que, según las activistas independientes, invisibiliza la dimensión de género en estos crímenes.
Además, los medios estatales rara vez reportan estos sucesos, lo que limita la visibilidad pública del problema, si bien en los últimos tiempos han aumentado reportes oficiales, en particular referidos a la resolución de casos y enjuiciamiento de implicados.
El Gobierno ha declarado una política de “tolerancia cero” contra la violencia machista, pero las organizaciones feministas han cuestionado la insuficiencia de las acciones concretas tomadas por las autoridades para la prevención, atención y apoyo a las víctimas.
Contexto regional y desafíos
El fenómeno no es exclusivo de Cuba. En América Latina, países como México, Honduras y República Dominicana registran tasas más altas de feminicidios, pero la ausencia de tipificación en la isla coloca a las víctimas en una situación de mayor vulnerabilidad institucional, según expertos y activistas.
Especialistas señalan que la crisis económica, el déficit energético y la precariedad social han intensificado los riesgos para las mujeres, al tiempo que la falta de refugios y protocolos de protección limita las posibilidades de escapar de entornos violentos.
Aunque el descenso de casos en 2025 podría interpretarse como un avance, las cifras muestran que la violencia machista sigue cobrando decenas de vidas cada año. La combinación de factores estructurales —desigualdad económica, ausencia de refugios, invisibilidad mediática y falta de tipificación legal— mantiene a las mujeres en una situación de riesgo.
Las ONGs insisten en que la solución pasa por reconocer el feminicidio como delito específico, garantizar estadísticas transparentes y crear mecanismos efectivos de protección.
En el contexto regional, Brasil, México y Argentina cuentan con marcos legales más avanzados, pero los índices de violencia siguen siendo elevados. Analistas insisten en que, además de leyes, es necesario desmontar estereotipos culturales y cerrar brechas económicas, laborales y sociales que afectan tanto a mujeres como a personas LGBTIQ+.

Revelaciones de hace una década
La Encuesta Nacional de Género de 2016 reveló que casi cuatro de cada diez mujeres cubanas entre 15 y 74 años habían sufrido algún tipo de violencia a lo largo de su vida, aunque solo un pequeño porcentaje acudió a instituciones en busca de ayuda.
El estudio también mostró que en ese momento apenas un 10,5 % de las personas encuestadas identificó la violencia como un problema para las mujeres, con mayor percepción en las provincias orientales del país. Estos datos reflejan la persistencia de patrones culturales que invisibilizan la magnitud del fenómeno.
En respuesta, el Estado cubano ha implementado diversas políticas en los últimos años. La Constitución de 2019 incluyó la protección frente a la violencia de género, mientras que en 2021 se aprobaron el Programa Nacional para el Adelanto de las Mujeres y la Estrategia integral de prevención y atención a la violencia de género y familiar.
Posteriormente, el Código de las Familias y el nuevo Código Penal reforzaron las acciones contra la violencia machista, aunque persiste el reclamo de tipificar el feminicidio como delito específico.
Expertas como la abogada Alina Herrera subrayan que las violencias basadas en género y sexualidad son un problema multidimensional y multicausal, que requiere respuestas igualmente transversales.













