Por: Elena Varisca.
Mientras Trinidad y Tobago evalúa si seguir contratando profesionales de la salud cubanos debido a las presiones de Estados Unidos, la brigada médica trabaja en el país con algunos de sus doctores ayudando también ahora a los migrantes venezolanos.
Los médicos y enfermeros cubanos han sido durante décadas una parte esencial del sistema público de salud de Trinidad y Tobago, cubriendo discretamente las carencias en comunidades rurales desatendidas como Princes Town y Siparia, así como en centros sanitarios sobrecargados como el Hospital General de San Fernando.
Su papel se hizo especialmente visible durante la pandemia de la Covid-19, cuando los médicos cubanos ayudaron a reforzar los servicios de primera línea en medio de una presión sin precedentes.
Esa contribución sigue siendo significativa hoy en día, pese a que la renovación de 58 contratos de trabajadores médicos cubanos, en su mayoría enfermeros, sigue bajo evaluación, según confirmó recientemente el ministro trinitense de Salud, Lackram Bodoe.
Lic. Milayda Oria Sánchez, graduada en el año 1994, máster en urgencias médicas, Trabajadora del Hospital Provincial de Sancti Spiritus Camilo Cienfuegos. Ha cumplido 3 misiones internacionalistas, excelente enfermera. Hoy en la BMC de Trinidad Y Tobago . pic.twitter.com/ZPz7MC65LS
— Brigada Médica Trinidad (@BMCTrinidad) April 30, 2026
Pese a la incertidumbre de si sus contratos, que vencen el próximo junio, serán renovados, algunos profesionales continúan brindando atención médica de forma voluntaria, extendiendo su labor más allá de sus asignaciones formales para servir a comunidades vulnerables.
Atención médica gratuita a los migrantes venezolanos
En los pueblos costeros del sur de Trinidad, Cedros e Icacos, ese compromiso se hace evidente en la labor de la doctora cubana Cristina Benítez, quien brinda atención médica gratuita a migrantes venezolanos.
Muchos de sus pacientes, según contó a EFE, evitan los hospitales públicos por temor a su estatus migratorio, lo que los hace dependientes de iniciativas como la suya.
“Dios me dio este propósito: ser doctora. Dondequiera que vaya, sea rico o pobre, estaré allí ayudando a quienes me necesiten”, afirmó.
Su trayectoria con la brigada médica cubana abarca décadas y varios países, incluyendo Guatemala y Bolivia, donde trabajó en regiones remotas, pero su dedicación profesional ha tenido un costo personal.
Ahora, a sus 62 años, Benítez se emociona al hablar de su familia en Cuba, donde las sanciones de Estados Unidos, sumadas a la escasez de combustible y los frecuentes cortes de energía, han dificultado cada vez más el acceso a las necesidades básicas.
La Administración del presidente estadounidense, Donald Trump, también ha contribuido a socavar la brigada médica cubana, fuente vital de ingresos para La Habana.
Las presiones de Washington, que considera estas misiones “trabajo forzado”, han obligado a muchos países caribeños a cancelar el programa o a realizar cambios en el método de contratación.
Una labor fundamental pero poco reconocida
Dentro del sistema sanitario de Trinidad y Tobago, los profesionales cubanos afirman que sus contribuciones son sustanciales, con largas jornadas y mayores responsabilidades, pero a menudo no se reconocen lo suficiente.
“Agradecemos la oportunidad de trabajar aquí, pero nos enfrentamos a muchos desafíos y a menudo asumimos más trabajo que otros, sin que se nos reconozca”, dijo a EFE bajo condición de anonimato un médico cubano.
En la misma línea, una enfermera cubana explicó que a las profesionales migrantes, incluidas las de Cuba y Filipinas, se les asignan con frecuencia tareas adicionales en entornos hospitalarios ya sobrecargados.
El historiador Jerome Teelucksingh, de la Universidad de las Indias Occidentales, comentó a EFE que el programa médico cubano sigue desempeñando un papel fundamental, especialmente en áreas de atención especializada.
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“Estos profesionales cubren áreas críticas como pediatría, oncología y cardiología. Su presencia ha sido importante, sobre todo donde hay escasez de personal”, aseguró.
Al mismo tiempo, destacó la necesidad de un equilibrio, abogando por una mayor inversión en la formación de médicos locales sin descuidar los beneficios de la cooperación internacional.
El apoyo a la brigada médica cubana también llega desde la diáspora. Yordanka La Rosa, maestra cubana residente en Trinidad desde hace dos años, elogió la dedicación y el alcance global del personal sanitario cubano.
La Rosa insistió en que los profesionales cubanos “trabajan incansablemente y no siempre se les reconoce”: “Muchos países del Caribe se benefician de su servicio y eso no debe olvidarse”.











