Una sensible pérdida ha enlutado nuevamente la cultura cubana. El reconocido escritor y profesor Luis Álvarez Álvarez falleció este 31 de mayo en Brasil, donde residía. Tenía 75 años.
Su muerte trascendió en las redes sociales a través de publicaciones de allegados, colegas y alumnos, que han lamentado su deceso y han recordado y homenajeado su amplia y reconocida obra que le mereció, entre otros lauros y distinciones, el Premio Nacional de Literatura y el Premio Nacional de Investigación Cultural.
Dichas publicaciones no precisan la causa de su fallecimiento.
Poeta, ensayista, crítico e investigador, Luis Álvarez había nacido en Camagüey en 1950, o 1951 según otras fuentes. Dueño de una sólida formación académica, se licenció en Lenguas y Literaturas Clásicas en la Universidad de La Habana, y luego se doctoró en dos ocasiones: primero en Ciencias Filológicas y luego en Ciencias, también por el alma mater habanero.
En él se combinaban como en pocos la fina sensibilidad del poeta con la agudeza y certera interpretación del ensayista, el profundo rigor del investigador con el vasto conocimiento y exigencia del académico. Era un intelectual de médula, un humanista, uno de los pensadores más lúcidos de la cultura cubana contemporánea. Un maestro.
Obra poliédrica
Estudioso raigal de José Martí —a quien dedicó una parte importante de su obra—, la amplísima creación ensayística e investigativa de Luis Álvarez abarcó desde la literatura hasta el cine, desde Nicolás Guillén hasta la cultura caribeña, desde el neobarroco hasta la metodología de la investigación cultural.
Entre sus premios y reconocimientos resaltan, junto a los ya mencionados, la Distinción por la Cultura Nacional, el Premio Extraordinario en Ensayo sobre José Martí de Casa de las Américas, el Premio Maestro de Juventudes de la Asociación Hermanos Saíz, y varios Premios de la Crítica a libros de su autoría.
No pocos de sus numerosos libros y artículos nacieron de su estrecha colaboración con su esposa, la también escritora y profesora Olga García Yero. Junto a ella labró una fecunda obra en Camagüey, en el Centro Nicolás Guillén y la filial de la Universidad de las Artes (ISA), de cuya maestría en Cultura Latinoamericana fueron sus pilares durante años.

En 2023 salió de Cuba y se radicó en Brasil con su familia. Rompió públicamente con la institucionalidad cultural y las autoridades de la isla, pero se mantuvo escribiendo y defendiendo la idea de una sola cultura cubana, por encima de segmentaciones marcadas por ideologías y diferencias políticas. “No hay más que una cultura nuestra”, sentenció entonces.













