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Hay vocaciones que llegan temprano y otras que aparecen cuando la vida parece haber tomado ya otro rumbo. La historia de Nora Elena Rodríguez pertenece a las segundas. Antes de descubrir en la actuación un espacio de realización personal y artística, estudió magisterio, ejerció como secretaria ejecutiva y transitó por distintos oficios. Fue casi por azar —o, como ella misma cuenta, de manera involuntaria— que terminó acercándose al arte escénico.
Aquel encuentro terminó revelándole una vocación que, hasta entonces, permanecía “oculta”. Desde entonces, el teatro se convirtió en el centro de su formación como actriz y en la escuela desde la que ha construido una trayectoria también vinculada a la televisión y al cine.
Rodríguez ha interpretado personajes en telenovelas como Amores de verano, La otra esquina y Regreso al corazón, además de participar en películas como La vida es silbar e Inocencia. Pero más allá de los títulos y personajes, su concepción del oficio está atravesada por la disciplina, el estudio, la observación y una idea de la actuación como ejercicio permanente de transformación.
En esta conversación habla de sus comienzos, de lo que el teatro le enseñó, de los desafíos de interpretar a Lucía en Regreso al corazón, de su experiencia en el cine y de los sacrificios que exige una profesión que, para ella, implica entregarse por completo.

Antes de dedicarte a la actuación, estudiaste otras disciplinas. ¿Cómo llegaste a descubrir que ese era tu camino?
Primero estudié Magisterio en la escuela Salvador Allende. Después, involuntariamente, tuve que renunciar a la pedagogía con toda la pasión intacta por ella.
Más tarde estudié varios oficios hasta que realicé mi superación en taquigrafía y mecanografía y comencé a trabajar como secretaria ejecutiva; labor que, por mis servicios en función del arte escénico, me llevó al Instituto Superior de Arte (ISA), a través de la recomendación del maestro Rine Leal.
Es en ese momento en el que descubro ese profundo amor que tenía “oculto” por la interpretación, esa necesidad de crear un espacio de realización pensando en el desarrollo de mi personalidad, sensibilidad e intereses medulares de expresión y libertad como mujer.

El teatro ha sido una presencia fundamental en tu carrera. ¿Fue allí donde construiste tu identidad como actriz?
Sí, indudablemente. Mi carrera tiene en el teatro la fuente, la causa, de todas las bondades y el aprendizaje conseguido para mi formación integral como actriz y proyección social en general. Todo lo que soy se lo debo a la praxis teatral y al estudio permanente de este oficio tan complejo.
Y cuando se produce esa confrontación en vivo entre actores y público, los del escenario lo celebran celosamente por la robusta lección que eso implica. El teatro exige estudio, investigación, entrega y profunda obstinación, entre otras cosas ejemplarizantes.

¿Qué aprendizajes del teatro llevaste a la televisión?
Todo lo anterior. “Un código de expresión no está divorciado de ningún otro”. Era algo que siempre nos decía el maestro Mario Balmaseda. El actor tiene que ser capaz de entender que entre ellos se nutren y se comunican. Todo está enlazado en términos interpretativos.
Pero también cada código de expresión merece el estudio de su naturaleza, de sus características y de cómo debe operar en la práctica. A todo eso hay que agregarle que en todos los medios de expresión escénica la disciplina no es una opción. La disciplina es sagrada.
En un oficio que exige tanta disciplina, ¿qué lugar ocupa la renovación personal?
El actor necesita renovarse constantemente y también conocerse antes, durante y después de su proyección escénica.

El público te recuerda por tus participaciones en Amores de verano y La otra esquina. ¿Qué lugar ocupan esas producciones en tu recorrido profesional?
No fue hasta Regreso al corazón que mi participación en la televisión es notable, pese a que antes de esta telenovela había interpretado varios personajes significativos en otras producciones de forma itinerante, en espacios como teleplays, Tras la huella o en las telenovelas Amores de verano y La otra esquina. Materiales que sin duda me sirvieron de preparación profesional y a los cuales les estaré siempre agradecida.
En Regreso al corazón asumiste a Lucía, un personaje de gran complejidad dramática. ¿Cuándo sentiste que habías encontrado “al personaje”?
Lucía fue un desafío tremendo. Un personaje de los llamados egoístas, de los que no aceptan espacios de confort, de los que te obligan a un estudio permanente en el proceso de su construcción. Inclinó la balanza a su favor durante todo el tiempo de preparación y diseño del personaje. Fue muy compleja la investigación, muy delicada, repleta de entrevistas y observación de casos con esa trágica enfermedad, además de la consulta de un sinnúmero de materiales literarios y audiovisuales sobre el tema.
Pero algo clave fue mantener una actitud de respeto permanente hacia ella. De honestidad en la entrega, la limpieza en su conflicto, en las relaciones con los personajes más cercanos a su entorno. Compartir con el espectador zonas muy delicadas de un entramado psicológico de altísimos niveles de dificultad.

¿Qué implicó esa experiencia en el plano personal?
Lucía demandó de todos mis esfuerzos, hasta puso en peligro mi vida porque durante ese agónico proceso de creación, rodaje incluido, comencé a padecer de una estenosis aórtica que, finalmente, tuve que resolver en el quirófano del hospital cardiovascular.
Fue, en todos los sentidos, una experiencia extraordinaria y desgarradora, una acción de trance hacia otro estado de apreciación de la vida y su fragilidad.
Los dramatizados suelen exigir ritmos intensos de trabajo. ¿Cómo viviste esa presión durante el rodaje?
Pese a que la realización de un material audiovisual siempre implica una velocidad vertiginosa, uno disfruta ese proceso. Esa experiencia de tanta energía te marca para siempre.
La televisión, en ese sentido, exige durante el rodaje doce horas de trabajo diarias, sábados incluidos, y eso también provoca un desgaste severo que tienes que observar cuidadosamente para poder economizar tu energía y estabilidad psicológica, emocional y física.

También has trabajado en el cine, en películas como La vida es silbar e Inocencia. ¿Qué te aportó ese medio desde el punto de vista creativo?
El cine quizás, desde mi poca experiencia, es un poco más cuidadoso con la actividad del actor, lo cual no quita responsabilidad en el set o fuera de él; tampoco hace concesiones.
Trabajar bajo las indicaciones de Fernando Pérez, Gloria Rolando y Alejandro Gil fue un regalo en términos de enseñanza. La verdad es que no puedo quejarme de esas experiencias transgresoras.
¿Cuánto hay de preparación y cuánto de personalidad innata en la formación de un actor?
La preparación del actor no solo es una necesidad, también es una recia obligación. La persona que se dedique a este oficio tendrá que convertirse en un monje en el respeto y devoción a sus hábitos. Esa es una máxima que hay que cumplir diariamente.

Has definido la actuación como un oficio altruista. ¿Qué significa esa idea?
La actuación es, definitivamente, un oficio altruista. Se trata de entregar un máximo de energía en función de conseguir un resultado mínimo. Se trata de asimilar e introducir el proceso de creación en todos los aspectos de tu vida. De colocar en el centro de gravedad de tu existencia todas las categorías que acompañan este oficio.
¿Qué experiencias necesita vivir una persona que decide dedicarse a esta profesión?
Este no es solo un oficio de talento, es también de osadía, sacrificios múltiples, estudios diversos, de máxima concentración, un oficio bastante “egoísta” que no termina sino con la muerte, advertía Stanislavski.
¿Y qué lugar ocupa la motivación dentro de ese proceso creativo?
Claro, yo creo mucho en la motivación como catalizador de los procesos creativos. De hecho, considero que la motivación es una categoría profundamente inexplorada dentro del terreno de la docencia teatral.
Habría que dedicarle más tiempo al análisis de esa condición de estar motivado y sus porqués, a las circunstancias que pudieran hacerte encontrar la capacidad de motivarte aun cuando las fuerzas del entorno son negativas, aun cuando la realidad te niega, discrimina e intenta someterte a la apatía y el desconcierto.
La motivación es un arma eficaz contra la exclusión. Es una herramienta que también se entrena voluntariamente para alcanzar un pensamiento moderno, sobre todo en la actuación como disciplina.
El hecho de estar motivado a realizar una acción positiva no solo depende del azar o la espontaneidad o de las respuestas servidas sobre el escenario, cualquiera que sea; es preciso crear la voluntad de desarrollarla, de cultivarla.

Después de tantos años de carrera, ¿en qué ha cambiado Nora Elena Rodríguez respecto a aquella actriz que empezaba?
Respecto a mis inicios como actriz, el cambio ha sido robusto. Obviamente, ya una no es la de antes. Esta es una profesión que va de la mano con la vida y sus acontecimientos. Que te obliga al ejercicio de la observación y la apropiación permanente.
También te conduce a buscar la libertad, a entender que esta es una necesidad y que nada ni nadie puede arrebatártela. Y en ese sentido tienes que transgredir y “saltar” a nuevos horizontes del pensamiento y la acción. Entender que la ambición por ser mejor persona es algo extraordinario y ejemplar, pero que implica un gran sacrificio conseguir sus frutos y bondades.
Este es un oficio colectivo por demás, y lo practicamos en aras de una microsociedad en la que tenemos el deber y la obligación de trabajar. Son reglas naturales de su comportamiento en las que hay que entender y asumir la responsabilidad de aprender a discutir y polemizar con madurez sociocultural, plena y poderosa. Es capaz de derribar tabúes y prejuicios que anclaron en la memoria del espectador y hasta de uno mismo como intérprete y ser social.
Y sí, ya no soy la misma de antes, pero siempre regreso a mis orígenes para recordar de dónde vengo y cómo he llegado hasta aquí con mi amor intacto por la vida. Respetando la capacidad de amar de mis semejantes y el valor y el coraje de ellos cuando me invitan a denunciar y luchar contra lo mal hecho, el abuso y la manipulación en función de marcados intereses creados para reprimir. Ya no soy la de antes, pero siempre seré la misma en mis principios.












