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El presidente Donald Trump anunció este viernes la muerte de Héctor Rusthenford Guerrero Flores, alias Niño Guerrero, máximo líder del Tren de Aragua, tras un ataque militar ejecutado por el Comando Sur y coordinado de manera inédita con el gobierno venezolano, refirieron agencias internacionales de prensa.
Trump calificó la operación como un “ataque cinético rápido y letal” contra el cabecilla de la organización criminal que Washington había designado como organización terrorista extranjera al inicio de su actual mandato.
El mandatario difundió un video en Truth Social donde se observa un edificio con techo verde desaparecer bajo una nube de humo tras una explosión. “Fue coordinado estrechamente con nuestros amigos en Venezuela, con quienes estamos trabajando muy bien”, aseguró en términos elogiosos.
La versión de Caracas
Horas después, el gobierno venezolano emitió un comunicado confirmando la operación conjunta en el estado Bolívar, al sureste del país. Según el texto oficial, se desarticularon estructuras criminales del Tren de Aragua mediante “cooperación e intercambio de información de inteligencia” con Estados Unidos.
“La República Bolivariana de Venezuela reafirma su compromiso con la lucha contra la delincuencia organizada y continuará adoptando las medidas necesarias para garantizar la paz y la protección de nuestro pueblo”, señaló el comunicado.
El legado del Tren de Aragua
Entre los años 2009 y 2010, bajo el liderazgo de Héctor “Niño” Guerrero Flores, el Tren de Aragua nació en la prisión de Tocorón, Venezuela, y se expandió hacia Colombia, Perú, Chile y más recientemente Estados Unidos. Sus actividades incluyen narcotráfico, extorsión, tráfico de personas y homicidios.
Según relata el diario El País, el “Niño” Guerrero “en Tocorón había construido su propio parque temático carcelario. Había piscina, una discoteca llamada Tokio, un zoológico con un exótico pavo real albino, el restaurante La Sazón del Hampa, un estadio de béisbol que llamó Tren de Aragua y terminales bancarias para el pago de “la causa”, una cuota obligatoria semanal que debían hacer los presos a cambio de seguridad. Todo este imperio, que por años funcionó sin que las autoridades intervinieran, fue demolido en 2023 durante un operativo militar del que Guerrero pudo escapar”.

El fiscal federal Jay Clayton describió a Guerrero Flores como “el cerebro de la evolución del Tren de Aragua, de una banda carcelaria venezolana a una organización terrorista transnacional”. Washington ofrecía una recompensa de 5 millones de dólares por información que condujera a su captura.
Tres días antes del anuncio de Trump, helicópteros venezolanos realizaron una incursión en el enclave minero de Las Claritas, zona estratégica en la frontera con Brasil. Inicialmente, se especuló que Caracas buscaba retomar el control de las minas por intereses económicos.
La revelación de Trump sobre la cooperación bilateral dio un giro al relato: la operación habría sido parte de la pinza militar para acorralar a Niño Guerrero.
Tensiones migratorias y política interna
Trump vinculó la acción militar con su promesa electoral de combatir el crimen transnacional y criticó la gestión migratoria de su predecesor, Joe Biden.
El mandatario estadounidense vinculó el suceso, sin aclarar dónde había sido “ejecutado”, con las políticas migratorias y cargó contra su predecesor, Joe Biden, al considerar que este había abierto las fronteras del sur “a millones de criminales ilegales y permitió que este ejército extranjero violara, mutilara y asesinara a ciudadanos estadounidenses con total impunidad”, hizo notar un despacho de la agencia española EFE.
El presidente mencionó los casos de Jocelyn Nungaray (12 años) y Laken Riley (22 años), asesinatos que conmocionaron a la opinión pública y se convirtieron en ejes del debate sobre seguridad fronteriza.
El ataque contra Guerrero Flores se inscribe en una estrategia más amplia. Desde septiembre pasado, el Departamento de Defensa ha atacado embarcaciones presuntamente vinculadas al narcotráfico en el Caribe y el Pacífico oriental, con más de 200 muertos en esas operaciones, a la que sus críticos, incluso dentro del Congreso, catalogan como ejecuciones extrajudiciales.
Aunque Washington no ha presentado pruebas públicas de narcóticos en las embarcaciones y ha sido fuertemente cuestionado por expertos en legalidad internacional, la Casa Blanca insiste en que se trata de golpes contra carteles y organizaciones criminales.
Trump, desafiante, vuelve a su retórica de amenazas: “Bajo mi liderazgo, encontraremos a estos crueles asesinos y señores de la droga en cualquier momento y en cualquier lugar, y los enviaremos a las profundidades del infierno a donde pertenecen”.
La eliminación de Niño Guerrero marca un hito en la cooperación inédita entre Washington y Caracas, y abre un nuevo capítulo en la guerra contra las bandas transnacionales que han extendido su influencia por América Latina y Estados Unidos.













