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Para salir del profundo hueco en que se encuentra la economía cubana, no basta con que se introduzca ahora, con un exagerado retraso, un paquete de reformas como el de las 176 medidas. Y lo digo yo, que no soy economista ni nada que se le parezca.
Es puro sentido común, y lo están diciendo también miles, quizás millones, de cubanos. Necesitamos en Cuba, además, una reforma política profunda que traiga apertura democrática.
El viejo Lenin, como pensador y como líder político, ese del que ya casi nadie se acuerda, dejó dicho en una frase sucinta algo que es muy fácil de comprender y devela el sentido de muchas cosas: “La política es la expresión concentrada de la economía”. Y no al revés.
Lejos de ser ámbitos paralelos y mucho menos inconexos, la esfera política —que incluye las leyes, la conformación y las funciones del aparato estatal/institucional y las políticas públicas— es una especie de destilado de los intereses de clase.
En Cuba, el poder económico y político ha estado acumulado en manos de una clase burocrática, privilegiada, que ha convertido su supuesta misión con tintes mesiánicos de representar los intereses del pueblo en su principal activo durante décadas.
Pero su modus vivendi ha incluido falta de transparencia, escasísima rendición de cuentas, represión del disenso por diversas vías y centralización de los recursos y las decisiones.
Todo ello le debe mucho a la hostilidad de Estados Unidos y a la política de bloqueo que ha ido escalando progresivamente hasta el momento actual, en el que se practica una estrategia de asfixia contra Cuba.
Bajo el “fuego enemigo”, en la trinchera, el sistema político cubano se diseñó y se sostiene en la lógica de la resistencia como premisa. La mejora y profundización democrática se soslaya o se desprecia.
El poder así ejercido, desde un estilo predominantemente autoritario y centralista, ha tenido muchas posibilidades de maniobra y cheques en blanco otorgados en el pasado por el propio pueblo.
Pero hoy tenemos en la isla a ese mismo pueblo hambreado, sin los servicios más básicos para subsistir, viviendo en una disparatada realidad donde nada o casi nada funciona y donde se escurre la vida sin esperanzas a corto o mediano plazo. El contrato social se quiebra día tras día.
Esta situación que describo no empezó a manifestarse en enero de 2026. Los olvidadizos interesados no recuerdan ahora que en septiembre de 2019 ya teníamos “la coyuntura”. Y que desde 2017 se conocían perfectamente cuáles eran los enfoques hostiles de Trump hacia Cuba y cuáles iban a ser los derroteros.
A pesar de eso, todo siguió siendo básicamente “igual”. Las reformas maltrechas y a medias, pendientes desde 2011, siguieron estancadas. Algunas malas decisiones, como la fallida Tarea Ordenamiento, contribuyeron al destrozo actual.
Los mismos olvidadizos pretenden desconocer la sangría de alrededor de 1,5 millones de personas que en los últimos cinco años se han ido de Cuba huyendo de la crisis, frustrados y sin las más absolutas ganas de seguir resistiendo nada más.
La cuota de resistencia per cápita en Cuba es elevadísima. Honor y ruina, al mismo tiempo.
La pérdida de población es una de las mayores heridas de estos años y significa un grave compromiso para el futuro del país con una población envejecida.
El factor Estados Unidos, por supuesto, es sumamente relevante en este panorama. Y está más que claro que las reformas que hace poco más de un mes se presentaron —el paquete de las 176 que están abiertas, por cierto, a seguir renovándose y ampliándose, según Díaz-Canel— son un intento de salvación en el momentum extremum.
Han pasado tantos años y se ha acumulado tanto desgaste para la nación y para la gente, que es difícil para muchos asimilar que las mismas personas y estructuras institucionales que dilapidaron el tiempo ajeno y retardaron la aplicación de esas reformas tengan ahora suficiente convicción y capacidad para llevarlas adelante.
Casi todos los cambios que ahora se evocan como imprescindibles, hace décadas que el pueblo —analistas, expertos, observadores y comunes mortales, incluidos muchos militantes del PCC— los ha estado exigiendo, por obvios.
Llevamos días, meses, escuchando a las autoridades cubanas afirmar que los cambios económicos en Cuba se hacen para “fortalecer el socialismo”, y que no habrá cambios políticos, mucho menos bajo presión de Estados Unidos.
Creo que es hora ya de que las mismas autoridades acepten que la presión para que sí ocurran esos cambios políticos no es exógena, sino que surge del interior de la isla. Y que, si la gente no se ha manifestado de forma violenta todavía, se debe en primer lugar al miedo a la represión y, en segundo, al milagro que constituye la consistente cultura política del pueblo cubano.
Y en esto incluyo a la numerosa diáspora que también, en voz baja y mayoritariamente —no hay que guiarse por lo que pasa en FB y por los influencers chillones— ecualiza sus ideas y opiniones políticas y sabe distinguir la necesidad de la virtud.
En ese escenario, Cuba necesita cambios políticos ya, con la misma celeridad con que demanda los económicos.
Es imprescindible recrear los consensos y hacer viable una reforma donde participen, bajo los principios de credibilidad, confianza, igualdad y justicia, todos los cubanos que quieran, puedan y tengan algo que aportar.
Se ha dicho muchas veces, pero hay que repetirlo, hasta que se convenzan.
Es imperativo, por ejemplo, decretar excarcelaciones y una amnistía mucho más profunda y amplia de las que se han experimentado en los últimos años si se quiere demostrar que todos los cubanos cabemos y somos útiles para el país en esta hora trágica.
Las autoridades deberían demostrar compasión, especialmente con aquellos que el gobierno se niega a aceptar como presos políticos. No importa cuántos sean. Basta con un solo caso para exigir otro tipo de enfoque en la gestión política y la convivencia social.
Muchos esperamos un giro de buena voluntad hacia aquellos que ya han sufrido penas de cárcel —algunos con condenas francamente desproporcionadas— por demostrar disenso político.
Sin confianza en que “pensar distinto” y poder expresarlo no acarreará riesgos ni consecuencias, será muy difícil avanzar en un diálogo nacional. Y esto es indispensable para reconstruir el interés común, la vocación de unidad o de sacrificio colectivo que nos saque, con nuestras propias fuerzas, de la crisis actual. Es elemental.
Las autoridades cubanas insisten, correctamente, en ofrecerle a Washington una mano tendida, una “relación de respeto e igualdad de condiciones”, sin imposiciones. Y ese debe ser el enfoque también frente a los propios ciudadanos cubanos: el mismo respeto, un marco legal que garantice pensar y actuar también desde la oposición, sin perjuicio de ninguna persona, sin el riesgo de ser detenido, interrogado o procesado.
Ni los inversionistas, ni la diáspora, ni los cubanos en la isla confiarán sus esfuerzos ni creerán en una “nueva etapa” mientras la represión opere, de forma arbitraria, y sin que se renueve el contrato social. El capital es asustadizo, nervioso y no está anclado a nada.
En Centro Habana, San Miguel del Padrón, Santiago de Cuba, Artemisa, los cacerolazos nocturnos o diurnos ya no se centran en pedir solo electricidad y agua.
Con más frecuencia cada semana, se exigen cambios políticos, sustitución o dimisión de funcionarios, nuevas elecciones, y la respuesta no puede ser simplemente escuchar en silencio o subvalorar esas expresiones porque emergen en una coyuntura de desesperación y agobio.
Serenamente, desde la cultura política de la gente, como más arriba reconocí, también se expresan, de forma creciente, esas demandas.
Hacer oídos sordos no resultará y complicará en gran medida la posibilidad de que las reformas económicas anunciadas y las que deberán continuar consigan la transformación urgente que Cuba necesita. Sean 176 o 458 medidas nuevas, tendrán que entrañar una apertura democrática y una mayor conquista de la participación popular efectiva.














Así es…, se debe comenzar por eliminar toda medida discrecional.., deben ser las leyes y solo las leyes las que definan lo que es correcto o no es correcto.., tanto desde la perspectiva económica como humana, social o política.
No puede ser que a dedo la fiscalía condene – como escarmiento – sin derecho a defensa., o la policía o la temida seguridad del estado.
No puede ser que aún se exilie a capricho, o que se vete la entrada al pais a un nacional por el peligro político que representa.
No puede se que a dedo alguien decida cual es el derrotero económico o cuales son las reglas que aplican o no en la sociedad.
Y se requiere debate.. mucho debate.. de los unos y los otros, de unas ideas y de otras, sin trabas, sin condenas.., cambio político.., por supuesto., destronar a los reyes para hacer una sociedad un poco más justa. (y reyes.. porque son reyes.., que se perpetúan en la soberanía, en el pueblo, y otros etc.)
s2
Milena, ya que mencionas el modus vivendi , es bueno decir que el de poder en Cuba no se corresponde con lo que predican en los discursos, esa incoherencia la sabe el pueblo , por lo tanto no tienen moral para pedir sacrificios , resistencia, etc cuando gran parte de ellos y sus familiaries viven como burgueses, aclaro no tengo nada en contra de los burgueses y la obtencion de riqueza de forma licita. En estos tiempo muchas cosas son publicas y es dificil ocultarlas.
Excelente artículo, Milena, lo suscribo 100 porciento. Es hora ya de la definitiva democratización de nuestro querido país. Han sido 67 años de un gobierno supuestamente democrático, que se atornilló en el poder, y lo tomó un grupo de personas que se ha escudado en el diferendo con EEUU para coartar todas las libertades democráticas, de las que goza la inmensa mayoría de las naciones en el mundo.
Y eso es tan cruel y negativo como haber hundido a la gente en la miseria más absoluta, y lo peor, nuestra gente ha perdido la esperanza de una vida mejor en el futuro cercano. Estos señores que han hundido al país deberían dar un paso al lado, antes de que sea demasiado tarde para ellos. Ya no engañan a nadie. Su tiempo para manipular y reprimir a las personas está terminando.
Yo solo deseo lo mejor para nuestra patria (estoy seguro que es lo que desea la mayoría de nosotros), sin violencia y muertes cuando cambie este gobierno, que tendrá que cambiar sí o sí.
¿Perdón para ellos? ya esa es otra historia, porque lo que han hecho con todos nosotros, dentro y fuera del país, no tiene perdón de Dios. Váyanse ya con todo lo que se han robado. Aún están a tiempo…
Las preguntas que siempre me hago son: Los que estan en el circulo de poder facilitaran (de buena gana) esos cambios politicos que mencionas? O seguiran caminando sobre una cuerda floja, cada vez mas delgada, calculando a quienes sueltan y que “concesion” pueden hacerle al pueblo cubano que no les quite cuota de poder? Me parece que cada dia que pasa sin que nada “pase” desde la orilla nuestra, implica un dia mas de frustracion, desgaste e ira no tan callada ya para los que quedan en la isla. Entre eso y cada nueva vuelta a la tuerca desde el otro lado, se les esta acabando el tiempo. Parece que no se han dado cuenta….
A esta altura del juego, los cambios políticos tienen que ir al frente, nada comenzará a fluir hacia posibles soluciones si no salimos PRIMERAMENTE del TOTALITARISMO DEL PCC Y EL PARTIDO UNICO Y PLENIPOTENCIARIO, los que hoy mas en riesgo ponen la soberania e independencia de Cuba son los que siguen anclados en el poder totalitario que han de ser arrancados de raíces.
Milena, debemos recordar que la historia de Cuba no comenzó el 1 de enero de 1959, ya vivimos casi 60 años con capitalismo y un sistema político liberal burgués que género dos tiranías asesinas, dominio total de nuestra economía, política y sociedad por EE.UU, y graves diferencias sociales, analfabetismo y pobreza. Vale recordar, por cierto, que no existía bloqueo ni sanciones contra Cuba del Gobierno estadounidense en esa época. Lo que erradicó toda esa basura fue la Revolución Cubana que trajo progreso y justicia social. Irónicamente se le castigo y nos sancionaron a todos. De modo que sí, necesitamos reformas, pero deben ser para profundizar y consolidar lo ocurrido después de 1959, no para regresar al orden de cosas del 31 de diciembre de 1958.
Recuerdo que ya tenemos una Constitución elaborada con participación popular, y aprobada mediante referendo, que establece el sistema político, económico y social imperante. Por cierto, solo dos constituciones en nuestro país se han redactado con la participación popular y aprobadas en referendo en la historia constitucional: en 1976 y 2019 (período de la Revolución). Muestra de democracia. En el mundo prevalece el capitalismo y la democracia liberal burguesa responsables de las decenas de millones de pobres, el analfabetismo, las diferencias sociales, injusticia social y promotores de guerras. En contraste, China, bajo el liderazgo del Partido Comunista, se ha convertido en la segunda potencia económica en apenas 50 años. Lidera, además,en tecnología e innovación, y sacó a cientos de millones de seres humanos de la pobreza.