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Comento brevemente las críticas de mi amigo Rafael Hernández sobre Cuba Transformación. Más que el mito de Pandora, resulta pertinente el de Ícaro, que embriagado por el vuelo y la sensación de poder, ignora las advertencias sobre el invento defectuoso con el que pretende salir del laberinto.
¿La caja de Pandora? Seguridad, instituciones, credibilidad y transformación en Cuba
El invento largamente cavilado y aprobado por el Partido Comunista de Cuba (PCC) se denominó “ordenamiento”. Su estrepitoso fracaso metió de lleno el modelo económico cubano en un laberinto del que no se sale con una reforma parcial. Si a ello se suma la modificación brusca del entorno geopolítico de Cuba en 2026 —que no se limita a lo que hace el gobierno de Estados Unidos—, no queda claro por qué mi amigo Rafael considera ilegítimo que economistas cubanos no vinculados al PCC puedan pensar con cabeza propia alternativas de transformación económica y política.
Comienzo con tres aclaraciones importantes:
Primero. Resulta incomprensible que la crítica honesta de un intelectual que supongo que leyó la propuesta de Cuba Transformación afirme que compartimos “lógica y objetivos” con una política “antidemocrática, americanocéntrica y supremacista”. El texto de Cuba Transformación dice textualmente que “la transformación propuesta no implica aceptar condiciones que comprometan la soberanía nacional a cambio del levantamiento de esas sanciones. Cuba deberá defender sus intereses legítimos en cualquier proceso de negociación, siempre dentro del marco del derecho internacional, con transparencia y plena rendición de cuentas ante la ciudadanía… La independencia nacional no se define por el aislamiento económico ni por el control estatal de la actividad productiva, sino por la capacidad efectiva de una nación para decidir libremente su destino, proteger sus intereses estratégicos y garantizar el bienestar de su población”.
¿De dónde pudo haber salido eso de asociarnos “sin ton ni son” con políticas de gobiernos extranjeros?
Agrego algo que he dicho antes, por si no ha quedado suficientemente claro: La crítica de que proponer una economía social de mercado y un Estado democrático de derecho, bajo el supuesto de una solución pacífica del diferendo con EE.UU. implica perder soberanía merece una respuesta clara, porque confunde soberanía con aislamiento y autoritarismo.
Reducir la soberanía cubana a la interpretación del PCC confunde la defensa de un sistema político monopolizado por un partido con la soberanía plena del pueblo para decidir libremente su sistema político y económico. ¿Puede llamarse soberano un pueblo al que se le impide cambiar pacíficamente su sistema político? La soberanía real se afirma liberando el talento, la iniciativa y las libertades de los ciudadanos.
Segundo. En ninguna parte el texto de Cuba Transformación sostiene que sea “la única opción realista para Cuba”. Eso es un invento. Por el contrario, el documento aclara expresamente que “no pretende constituir un programa cerrado ni ofrecer respuestas definitivas a todos los desafíos que enfrentará la transformación de Cuba… aspira también a contribuir a una discusión más amplia sobre las alternativas y decisiones que deberá afrontar el país”.
Tercero. Cuba Transformación no es la propuesta “de” ninguna institución. Es el resultado del trabajo de cinco economistas con nombres y apellidos. En orden alfabético del primer apellido: Mauricio De Miranda Parrondo, Pedro Monreal González, Omar Everleny Pérez Villanueva, Ricardo Torres Pérez y Pavel Vidal Alejandro.
Paso ahora a reafirmar aspectos que se enuncian en la crítica:
1. La transformación que proponemos abarca tanto el modelo político como el económico: convertir un Estado de partido único en un Estado democrático de derecho y un modelo de economía centralmente planificada en una economía social de mercado.
2. La propuesta de un Estado democrático de derecho no se reduce a la mención de una “democracia liberal”, como sugiere Rafael. Hemos sido precisos en los componentes esenciales de la visión que presentamos: libertad de expresión, libertad de asociación, libertad de prensa, celebración de elecciones libres, competitivas, pluripartidistas, inclusivas, periódicas y transparentes, así como el sometimiento de los gobernantes y de los poderes públicos a la Constitución y al ordenamiento jurídico.
3. En modo alguno Cuba Transformación favorece “la disminución del papel del Estado al nivel de proveedor de servicios básicos, y dejarle todo lo demás al sector privado”, como afirma Rafael. Lo que el texto postula de manera explícita es que “el Estado debe disponer de la capacidad institucional necesaria para actuar de manera coherente, autónoma y estratégica, promoviendo el desarrollo económico, corrigiendo las fallas del mercado y garantizando el funcionamiento de un sistema competitivo. Ello implica regular los mercados de factores productivos, preservar la competencia, aplicar políticas antimonopolio, desarrollar la infraestructura, formular estrategias nacionales de desarrollo y promover políticas sociales orientadas, en particular, a la erradicación de la pobreza y al desarrollo humano”.
4. La propuesta de un modelo de “economía social de mercado” se sustenta en aspectos esenciales, entre ellos que “la actividad económica se orienta hacia el bienestar de la sociedad como objetivo superior, utilizando la eficiencia de los mercados libres como uno de los principales instrumentos, pero no como fin exclusivo”. No empleamos el concepto de manera limitada a su origen histórico. No se trata, como sostiene Rafael, de “copiar el diseño político de Alemania, Austria, Países Bajos, Finlandia, Suecia, Dinamarca, Suiza”. Eso no aparece en ninguna parte del texto.
5. Cuba Transformación es clara respecto a otras experiencias: “Las transformaciones económicas exitosas de Polonia, Estonia, Vietnam y China ocurrieron bajo condiciones históricas, geopolíticas y de capital humano parcialmente distintas a las de Cuba en 2026. Cualquier extrapolación debe tomarse con cautela”. No proponemos una transformación de tipo chino o vietnamita porque “la ausencia de mecanismos efectivos de control ciudadano y de alternancia en el poder implica que las reformas permanezcan sujetas a decisiones discrecionales y puedan ser modificadas o revertidas por las propias élites gobernantes”.
6. Cuba Transformación descarta “cualquier justificación exclusivamente utilitarista de regímenes autoritarios basada en sus resultados económicos”. Esa posición está expresada de forma contundente en nuestra propuesta.
7. La propuesta de Cuba Transformación no muestra “desprecio” ni “invisibilización” respecto a las 176 medidas del gobierno cubano. Se mencionan en el texto, aunque no nos detuvimos en ellas porque nuestra propuesta estaba esencialmente escrita cuando se anunciaron (todavía pocas han sido realmente implementadas). Por esa razón, la prioridad fue publicar el documento según nuestro calendario de trabajo, sin revisar extensivamente hechos nuevos. En cualquier caso, después de su publicación hemos comentado críticamente las 176 medidas. No ha habido intención de “ningunearlas”. Existe la posibilidad de que estén “perdidas en el llano”, pero esa valoración general tendría que respaldarse con evidencia. Habrá que esperar los resultados.
Reitero que es bienvenida la crítica y la identificación de alternativas a lo que propone Cuba Transformación, pero no vale todo.
Finalmente, resulta interesante que Rafael se refiera a Cuba Transformación como parte de “esas propuestas intelectuales modernizadoras”. En cualquier caso, contra lo que habría que estar en guardia es contra las propuestas políticas de la “continuidad”, con su récord verificable de incumplimientos, fracasos y falta de autocrítica razonada, a pesar de lo cual insisten en inventar nuevas alas de Ícaro.
*Este texto fue publicado originalmente en el perfil de Facebook de su autor. Se reproduce con su expreso consentimiento.
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Rafael Hernandez me parece un excelente politologo y siempre leo con interes sus opiniones, las cuales aprecio mucho, tambien aprecio mucho a Pedro Monreal y en este caso su respuesta a Rafael me parece excelente. No soy una gente brillante como ellos dos, ni pertenezco a una academia de pensamiento , soy una persona común con muchas preocupaciones por el futuro del pais, que lee mucho , sobre todo lo que se publica sobre Cuba y su futuro, Si me gustaria decir a Rafael y Pedro, que un pais no se puede dirigir como hasta ahora, con feudos personales, consignas, doble moral, voluntarismo, mentiras , incompetencia, falsa unanimidad, falsos parlamento , dinosaurios dirigiendo y con todo los etc que todos o casi todos sabemos . Gustele o no , el PCC no es la vanguardia , ni la fuerza superior de la sociedad, como se dice . El bloqueo sigue ahi como el dinosaurio, el interno tambien y nosotros la gente común atrapados. Reto a Rafael que haga un ejerciocio y escriba un articulo sobre que va a pasar en Cuba despues que fallezca Raul Castro, seria atrevido, pero puede ser muy interesante esa proyección. La Cuba que nos espera no es la falsa continuidad que nos dicen en los discursos, es otra y que dependara de que sea mejor o peor de los que la vivimos Mientras apoyo con las dos manos a Pedro y sus colegas con sus propùestas
Me satisface ver que OnCuba ha publicado también este excelente artículo
Para mi criterio, Rafael Hernández es un fiel defensor de la ideología y de la política del PCC y del Gobierno cubano. Se permite algunas desavenencias o desacuerdos superficiales, pero siempre fiel a la línea central. Es su derecho como profesional, como persona, como revolucionario. Pero me molesta que últimamente se ha convertido en un objetor vertical de aquellos que osan cuestionar el sistema, el modelo, o el gobierno de Cuba. Me causó profunda oena leer sus opiniones publicadas en esta revista sobre la carta de Ana Ferrer al Presidente Díaz Canel. Con mucha sutileza y riqueza de vocabulario, descalificó la idea central de la carta de Ana, que no es más que un llamado a aliviar las penurias del pueblo cubano y reinterpretar los conceptos de “soberanía”, “principios”, “justicia social”, “trincheras de ideas”, etc. Ahora la emprendió, más frontalmente, con los 5 economistas cubanos, que han presentado una propuesta alternativa que básicamente lo es porque incluye los cambios en el modelo y en la política del país. Creo que en Cuba hoy necesitamos de intelectuales capacitados, economistas, politólogos como él, que puedan promover mesas de diálogo, donde se logren conciliar las corrientes de opinión que hoy proliferan sobre el rumbo de nuestra nación, tanto dentro de las fronteras como fuera de ellas. Su capacidad sería más provechosa si se dedicara a consensuar, conciliar, articular y armonizar criterios y conceptos, que alineándose contra todo aquel que asome discrepancias con el discurso oficial del gobierno y el poder efectivo en Cuba. Y lo veo alejándose de ese rol.
Hay que ser demasiado ingenuo, por muy académico que parezca quién defiende la tesis, para creer que la soberanía e independencia de Cuba, como la conocemos los cubanos desde 1959, puede ser posible con un sistema multipartidista que facilitará las cosas al enemigo histórico de la nación cubana: las élites que controlan el poder en los Estados Unidos de América. Basta leer la Ley Helms-Burtom. Esa teoría puede que sirva en Asia a miles de kilómetros del Caribe, pero a 90 millas del “Monstruo” es una ingenuidad mayúscula. Que Dios nos libre de repetir el error acontecido entre 1902 y 1958.